Fuego, sollozos y reclamos devoran Central de Abasto

La policía no nos ayudó para nada, ni las luces prendieron: locatarios; incertidumbre en la zona ante la posibilidad de un rebrote de coronavirus

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El sol de las ocho de la mañana descubrió lo que el fuego había consumido de la Central de Abasto oaxaqueña. El siniestro afectó a 150 familias. Fotos: EDWIN HERNÁNDEZ. EL UNIVERSAL
Estados 29/05/2020 00:47 Fernando Miranda y Edwin Hernández / Corresponsales Actualizada 16:26

Oaxaca de Juárez.— Oficialmente, el fuego fue sofocado a la 1:35 de la madrugada, pero entre los escombros de lo que fueron comercios y sustento de 150 familias el humo sigue saliendo persistente. Son las ocho de la mañana y el sol entra por donde alguna vez estuvo un techo hoy colapsado. Adentro, casi en el corazón de la Central de Abasto de esta ciudad, las personas se abrazan y lloran porque un incendio devoró en unas horas el esfuerzo acumulado de años de trabajo.

La zona de artesanías, huaraches y ropa tradicional de este mercado, el más grande del estado, es un nudo de pasillos y pasadizos por momentos diminutos. Fue aquí donde la noche del miércoles una chispa de origen desconocido se convirtió en lenguas de fuego que mantuvieron en vela a toda la ciudad y transformaron el comercio del lugar en un coro de sollozos y reclamos.

Primero fueron los propios locatarios quienes, desesperados, comenzaron a combatir el hambre de la lumbre, que devoró lo mismo canastos de palma y carrizo que ropa y huaraches de piel. Pero su fuerza no bastó y tuvieron que llegar 500 pares de brazos para apaciguar toda esa hambre. Se trataba de los integrantes del Heroico Cuerpo de Bomberos de la ciudad, y de elementos de corporaciones de las policías estatal y municipal. Pronto, el fuego demostró que su fuerza no mermaría tan fácilmente, por lo que se necesitó de los refuerzos de cinco municipios para contenerlo.

“Nos hablaron por teléfono para decirnos que se estaba incendiando la Central, entonces mis padres acudieron inmediatamente, pero el fuego ya estaba descontrolado, y derivado de los productos que se consumen en esta área, obviamente el fuego avanzó muy rápido, no hubo la suficiente infraestructura para poder contrarrestar situaciones de esta naturaleza y varios negocios se vieron afectados”, cuenta una de las locatarias afectadas mientras ve lo que dejó la lumbre a su paso.

De acuerdo con la joven, la desesperación corrió a la par del fuego y los “locatarios comenzaron a sumarse para que ellos mismos empezaran a apagarlo, pero no lograron controlarlo hasta muy de madrugada”, narra.

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Los primeros en combatir el incendio fueron los comerciantes; sin embargo, su esfuerzo no fue suficiente: los bomberos tuvieron que apoyarlos.
 

En realidad pocos saben qué y cómo paso. Los hay quienes reclaman que el apoyo nunca llegó y que sólo ellos se enfrentaron con las lenguas que danzaban y ardían. “La policía no nos ayudó para nada, ni las luces prendieron, nos dejaron a oscuras. Si esto fue provocado, no sabemos”, dice con impotencia otra de comerciante que rasca entre las cenizas y los escombros endurecidos.

Ese es el sentimiento de quienes habitan en estos pasillos laberínticos ahora sin techo y con cortinas y paredes torcidas por las altas temperaturas. Un hombre sentado con las manos en el rostro. Otro pidiendo que lo dejen rescatar algunas piezas de metal de su negocio y otros más teniendo que abandonarlo todo porque los policías advierten que no es seguro estar aquí.

Pirotecnia escondida

Han pasado casi 12 horas desde el inicio del incendio que, de acuerdo con algunas versiones, pudo haber surgido de una chispa minúscula producto de trabajos de soldadura que se realizaban en uno de los locales.

En realidad nada está dicho, pero de lo que están seguros el ayuntamiento de Oaxaca de Juárez y el edil Oswaldo García Jarquín es de que fue la pirotecnia, escondida y que se vende ilegalmente en el mercado, la que desató aún más el hambre de la lumbre y la que sumó a que ayer se iluminara la noche con la voracidad del fuego, una llamarada que se observaba desde varios puntos de la ciudad.

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Algunos locatarios de la Central de Abasto aseguran que ninguna autoridad los respaldó, además de que no saben si el fuego fue provocado.
 

Mientras tanto, será la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) la que determine de dónde surgió la lumbre que devoró este patrimonio. El anuncio lo hace el gobernador Alejandro Murat mientras se reúne con bomberos y algunos comerciantes en el sitio del siniestro, a sólo unos minutos de anunciar que se destinarán 100 millones para reconstruir el mercado más grande de Oaxaca y que los dueños de los 150 locales recibirán apoyos.

Las reacciones son encontradas. Algunos dudan si la ayuda será suficiente para satisfacer el hambre que viene, porque mucho antes de perder su negocio y su empleo, la Central de Abasto ya vivía al límite, desde que se anunció que este mercado era uno de los sitios predilectos del virus que amenaza al mundo y que quien asistiera debía hacerlo bajo la propia responsabilidad. Ahora, la pregunta es si la noche en la que los brazos de héroes anónimos vencieron a la lumbre que saciaba su hambre no se convertirá en el día cero de un nuevo brote.

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