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Reynosa.— Pequeño, desnutrido, sucio y enfermo, el potrillo se desplomó sobre el pavimento que, a esa hora, parecía una brasa encendida. Tenía un año dos meses, pesaba menos de 100 kilos y su dueño lo traía jalando un carretón con basura que superaba los 400 kilos.

“No pudimos hacer nada por él, porque además tenía tétanos”, recuerda Eva Soto, presidenta de la Asociación Cavall, dedicada a rescatar y proteger equinos.

En lo que va del año han muerto 20 caballos en condiciones dramáticas y deplorables como las de ese potrillo; se trata de animales que en esta ciudad son utilizados para la recolección de basura.

“Los caballos se desploman en la vía pública al sufrir deshidratación, mala alimentación y enfermedades; algunos son forzados a arrastrar carretones sumamente pesados, lo que les provoca deformaciones en los huesos.

“Peor aún, presentan úlceras, perforaciones en la piel y hasta profundos hoyos infectados provocados por el uso constante de arneses o al ser golpeados por sus dueños, en un intento desesperado por hacerlos trabajar más allá de lo que su fuerza les permite”, señala la presidenta de la Asociación Cavall.

El calvario para los más de 2 mil equinos que sufren maltrato en esta ciudad finalizará el 1 de octubre, cuando entre en vigor la ley que prohíbe la recolección de basura por medio de carretones. A quien incumpla la norma se le aplicarán multas que van desde cinco hasta 10 días de salario mínimo, y arrestos hasta por 36 horas.

Al rescate. Desde hace seis años, la Asociación Cavall se dedica a alzar la voz para que las autoridades defiendan los derechos de estos animales. A la fecha, se encuentran saturados de reportes hechos por la ciudadanía sobre caballos agonizantes abandonados en la calle.

“Tenemos el apoyo de la Policía Estatal, Protección Civil y el regidor Eduardo Flores. La recolección de basura por carretoneros es una tradición de la cual debemos sentirnos avergonzados”, dice Soto.

Detalla que sólo en julio pasado se registraron ocho decesos de caballos y han rescatado a seis más.

“La atención de los equinos varía porque algunos sólo están deshidratados. Gastamos cerca de 8 mil pesos por cada animal, ya que los alimentamos con grano y forraje dos veces al día. Cuando tienen problemas en las muelas, tenemos que pedir atención especializada para que se las limen”.

A los animales que se rescata con vida se les  aplica suero aminolife y se les da alimento especial.

Soto dice con orgullo que los caballos que han logrado rescatar de la muerte son donados a asociaciones dedicadas a dar equinoterapias a niños con alguna discapacidad.

“Los animales que donamos son monitoreados (...) La satisfacción que nos queda es que ya no veremos en la calle a caballos golpeados”, comenta.

Cheyenne. Uno de los casos que ha dejado huella en el corazón de Soto es el rescate de Cheyenne, una yegua usada para recolección de basura y a la que atropelló un tráiler luego de que la abandonaron a un costado de la carretera Ribereña.

Cheyenne fue llevada a Cavall y a los 20 días del accidente se le realizó una cirugía. “No quedó al 100; sin embargo, está viva. Ella se quedó conmigo porque le tomé especial cariño, ahora galopa en libertad en mi rancho”, dice Soto.

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