18 | MAR | 2019
El amor nació entre celdas y juzgados
Diana y Luis se conocieron en la camioneta en la que eran trasladados para acudir a una diligencia sobre su caso. Se casaron en la cárcel municipal de Cárdenas, después de un año y dos meses de noviazgo. Foto: ESPECIAL

El amor nació entre celdas y juzgados

14/02/2019
05:25
Leobardo Pérez Marín / Corresponsal
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Diana y Luis se conocieron cuando estaban presos; Él logró la libertad y ahora la visita en la cárcel

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Villahermosa.— “¿Cómo te llamas? ¿Por qué delito vienes?” Con esas preguntas inició una historia: a Diana y Luis Gustavo el amor los encontró entre celdas y juzgados. Un libro del escritor mexicano César Lozano fue el gancho para que se enamoraran y, después de un año y dos meses de noviazgo, contrajeran matrimonio en el lugar que les arrancó la libertad.

Con 45 años , Diana cuenta su historia de amor, que comenzó en 2017, cuando era trasladada a los juzgados para sus audiencias, junto a otros reclusos. Ahí, en el camino, intercambió por primera vez miradas y saludos con quien hoy es su esposo. Poco a poco ambos se fueron conociendo; de vez en cuando coincidían en la misma camioneta donde eran tras-ladados para alguna diligencia sobre su caso.

Uno de esos días, Diana llevaba en sus manos el libro No te enganches, lo cual llamó la atención de Luis Gustavo, quien decidió hacerle preguntas sobre lo que le gustaba leer.

El amor siempre tiene un pretexto y así inició una nueva historia para Diana, quien ya había tenido un matrimonio y fruto de ello tres hijos.

“Fueron varias coincidencias o diosidencias, empezamos el diálogo: ¿Cómo te llamas? ¿Por qué delito vienes?, entonces ahí empezó todo, con un libro”, relata Diana, una de las 27 mujeres que se encuentran recluidas en la cárcel municipal en Cárdenas.

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Para siempre. Diana y Luis Gustavo pasaron varios meses de novios, sólo coincidiendo en actividades deportivas o juzgados. Tras un convencer a las autoridades de que estaban en verdad enamorados y de realizar los trámites legales, se casaron en el penal el 2 de octubre de 2018.

“No hay manera de tener contacto con ellos. Sólo nos encontrábamos en audiencias y actividades deportivas o de baile; ahí es donde habían miradas o palabritas, nada más”.

El día de su boda, ella lució un vestido rosa, un collar color perla y zapatos café; él, un pantalón café, zapatos del mismo color y camisa beige. El patio fue adornado con globos blancos y rojos, y como testigo estuvieron los familiares de la pareja, así como autoridades del penal.

El festejo fue un pequeño convivio, donde se partió un pastel, toda vez que no se permiten bailes o fiestas dentro de estas instalaciones.

Antes de tomar la decisión de dar el sí definitivo, Diana consultó a sus tres hijos y el más grande, que estudia la licenciatura en Administración Pública, sólo le dijo: “¿Estás segura, mamá? Piénsalo bien, es poco tiempo, y luego a cómo eres tú, pero bueno, si esa es tu felicidad, adelante”.

Afuera y adentro. Pero la boda no fue la única sorpresa, en diciembre de ese mismo año, dos meses después de contraer matrimonio, Luis Gustavo salió libre por el delito de robo con violencia y ahora es quien va a visitarla al penal municipal, porque dice, “gracias a Dios ya tiene trabajo y lo tiene que cuidar”.

“Él salió y ahí viene la realidad; tiene que hacer algo afuera, acá tenemos todo el tiempo del mundo y allá nos absorbe el mundo”.

Sobre su proceso, Diana narra que las cosas no han sido sencillas desde que fue detenida en 2016 por el delito de fraude. Según narra, como la persona que la acusa es muy conocida, no llega a las audiencias y eso le ha impedido que su proceso avance.

Sin embargo, dentro del penal Diana no sólo encontró de nuevo el amor. Antes de ser detenida se dedicaba a sus hijos, a la construcción, y nunca pensó en aprender a pintar en tela o bordar, pero ahora estas actividades las hace con pasión. Incluso su hijo mayor vende algunos de sus bordados en la universidad para tener recursos extras.

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