13 | DIC | 2019
Betzy quería ayudar a los niños; las balas lo evitaron
La imagen sonriente de Betzy Ríos Guzmán, maestra de Historia en una secundaria de Acapulco, aparece sobre su Biblia. (BERENICE FREGOSO. EL UNIVERSAL)

A Betzy la mataron tres balas y nadie dijo nada

28/02/2019
02:47
Roger Vela
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La familia decidió no denunciar por temor a las bandas criminales; vecinos creen que murió en medio de un tiroteo entre grupos del crimen organizado

Tres impactos de bala acabaron con la vida de Betzy: uno le rompió un brazo y dos perforaron su pecho.

Segundos antes, había salido de su casa en la colonia Ciudad Renacimiento de Acapulco, Guerrero, rumbo a la estética para delinearse las cejas. Eran las 8:40 de la noche del 10 de octubre de 2018. Apenas había caminado unos metros cuando se desató la balacera. Primero una estruendosa detonación, luego una ráfaga de armas de alto poder, después otra.

Dentro de las casas, sus vecinos se tiraron al piso para protegerse, los negocios bajaron las cortinas. Ella no encontró refugio. Malherida, intentó regresar a su vivienda y alcanzó a pedirle ayuda a su madre, mientras su sangre caía en  la acera y le arrancaba la vida.

Los familiares de Betzy la subieron a una camioneta y la llevaron a la clínica más cercana. Sin embargo, por miedo, el  personal médico ni siquiera les abrió la puerta. Cuando llegaron a un segundo hospital sus signos vitales habían desaparecido. Tenía 29 años

Betzy Ríos Guzmán había terminado la maestría en Ciencias Políticas y daba clases de historia en una secundaria. Además pertenecía a una organización feminista y acudía hasta cuatro veces por semana a su iglesia. Pero más que religiosa, su hermana Anel la describe como una persona de fe.

“Era el punto de unión de la familia, la que mediaba en los conflictos. Era soltera, sociable, risueña. Practicaba crossfit y natación a mar abierto. Le encantaba jugar con sus sobrinos”, cuenta Anel. 

Nadie vio quién la mató, o quizá nadie se atreve a decirlo. La versión de los vecinos es que se escuchó un tiroteo, luego observaron a una persona corriendo y enseguida un auto alejándose a gran velocidad. Creen que Betzy quedó atrapada en medio de un tiroteo entre bandas criminales que operan en la zona. 

Ese tipo de enfrentamientos es común en esa colonia popular, ubicada a 15 minutos de la zona turística de Acapulco.

Después del crimen, nadie acordonó la zona, ni las autoridades iniciaron una investigación. Aunque cerca de Ciudad Renacimiento hay una base del Ejército y  una comandancia de la Policía Municipal, los uniformados aparecieron tres días más tarde en un convoy, pero sólo pasaron por el lugar como si nada hubiera ocurrido.

Los familiares de Betzy no denunciaron el asesinato. “¿Y si levantamos la denuncia y vienen por el resto de mi familia? Nadie iba a hacer nada. A una señora que vendía bolillos la mataron por no pagar la cuota, ¿cómo iba a pagarla si vivía al día?”, pregunta Anel.

De acuerdo con datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Colima fue en 2018 el estado más peligroso para las mujeres en México por asesinatos —feminicidios y homicidios dolosos—, con 22 por cada 100 mil habitantes, seguido por Baja California, Guerrero, Chihuahua, Zacatecas y Guanajuato.

Las seis entidades exhibieron niveles que alcanzan la clasificación de “epidemia de violencia”, de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero no sólo eso, son escenario de disputas a sangre y fuego entre narcotraficantes y huachicoleros.

Cambian la dinámica

Víctor Manuel Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, señala que estos estados tienen las tasas más altas de asesinatos de mujeres por dos razones: algunas son entidades donde los homicidios en general han crecido en los últimos años y en otras, las batallas del narco han carcomido el estado de derecho y modificado la dinámica de las comunidades o ciudades enteras y eso ha permitido que los asesinatos de mujeres sean menos costosos para las organizaciones criminales.

Por ello, explica a EL UNIVERSAL cada una de las disputas en esos territorios. En Colima hay una guerra de tres frentes entre lo que queda de la "Familia Michoacana" o "Los Caballeros Templarios", el "Cártel Jalisco Nueva Generación" (CJNG) que mantiene el control del puerto de Manzanillo —uno de los más importantes de América Latina y destino de precursores químicos asiáticos para la elaboración de drogas sintéticas— y el "Cártel de Sinaloa", que lucha por apoderarse de la plaza y de las rutas que la conectan.

En Baja California se tiene registro de un flujo importante de droga que cruza a Estados Unidos en vehículos privados por la frontera de Tijuana; la violencia aumentó desde hace algunos años, cuando el CJNG apareció para pelearle al "Cártel de Sinaloa" la ciudad.

En Guerrero, dice Sánchez Valdés, existen unas 12 organizaciones criminales, como el "Cártel Independiente de Acapulco" que controla ese puerto, pero también "Guerreros Unidos", "Los Rojos", "La Barredora" —ligada al "Cártel de Sinaloa"—, el CJNG y grupos locales como "Los Granados", "Los Ardillos", "Los Tequileros" y parte de la "Familia Michoacana" y de "Los Viagras".

En Zacatecas se vive es la fragmentación de "Los Zetas". A partir del arresto de sus principales líderes, el cártel se dividió. Las escisiones más grandes que actúan ahí son el "Cártel del Noreste", que se mantiene fiel a la familia Treviño, y "Los Zetas Vieja Escuela", que tienen una alianza de facto con el "Cártel del Golfo". Además, la entidad es estratégica por su posición céntrica para mover droga a varios puntos del país.

En Chihuahua, detalla, aún existe una disputa añeja por Ciudad Juárez y la capital estatal entre el "Cártel de Sinaloa", el "Cártel de Juárez" o "La Línea" y células de los Beltrán Leyva y el CJNG.

Por su parte, en Guanajuato, las cosas son distintas: el robo de combustible detonó la violencia. Los enfrentamientos entre organizaciones nacionales como el CJNG y locales como el "Cártel Santa Rosa de Lima" por el control del corredor huachicolero —que va de León hasta Apaseo el Grande y Apaseo el Alto, pasando por Celaya, Irapuato, Silao, Salamanca y Guanajuato capital— ha propiciado una alza general en los homicidios y el asesinato de mujeres.

A su vez, aunque el Estado de México fue la entidad con más asesinatos de mujeres el año pasado (400), se ubica en el lugar 15 de la tasa citada, debido a su número de habitantes, al tiempo que la Ciudad de México ocupa el sitio 26.

Una de las ciudades que más llaman la atención es Tijuana. Ahí se cometieron casi el 80% de los asesinatos de mujeres en todo Baja California. En 2018, reportó 304 mujeres asesinadas, 242 de ellas en esa urbe, lo que ha encendido los focos rojos entre las autoridades.

Jorge Alberto Álvarez Mendoza, subprocurador de zona de la Procuraduría General de Justicia del estado, explicó a este diario que a diferencia de otras ciudades del país, en Tijuana entre 80% y 90% de los asesinatos tanto de hombres como de mujeres están relacionados con disputas por narcomenudeo de grupos vinculados a la delincuencia organizada.

“De las 242 asesinadas en Tijuana, 193 fueron identificadas y más de la mitad de los familiares declararon que la víctima estaba relacionada con abuso de alguna droga, aunque muchos no lo dicen a pesar de que estaban involucradas en el consumo o venta de estupefacientes. Además, encontramos en otro 25% antecedentes penales por robo o narcomenudeo. Sólo cinco tenían nivel licenciatura”, indica el funcionario.

Adicción al cristal

Es común, menciona, que lleguen a balacear a mujeres en los picaderos de la periferia de la ciudad o que meses después de que matan a un narcomenudista asesinen a su esposa. Incluso hay casos de niñas que fueron asesinadas por los disparos contra su padre "dealer". “Todo esto se deriva de un problema de salud pública que tenemos por la adicción al cristal, ha provocado una disputa en la calle por el control de los puntos de venta y ha elevado la cifra de asesinatos”.

—¿Qué porcentaje de los homicidios se resuelve en Tijuana?

—Vamos creciendo. A inicios del año pasado se esclarecía un 10% y a fines de 2018 la cifra subió a 20%. Este año, nuestra meta es superar el 30% de homicidios resueltos.  

Los familiares de Betzy están conscientes de lo difícil que es acceder a la justicia, por eso tratan de hacerla a su modo: contando su historia para que no sea una cifra más y tratando de llevar su ejemplo a otras personas. Por eso Anel a veces carga con su Biblia para recordar las enseñanzas que le dejó. Tras su muerte, le hicieron un pequeño homenaje en su iglesia y decenas exigieron aclarar el caso con una marcha en Acapulco. 

Una de sus amigas publicó en redes sociales: “No hacía falta que alguien le hablara, ella lo hacía siempre, primero con esa gran sonrisa y su escandalosa y contagiosa risa que todo lo podía. Siempre capaz de transformar para bien todo lo que tocaba. Esa mirada fue apagada por alguien al que le faltaba todo lo que a ella le sobraba”. 

Días antes de su muerte, Betzy había planeado con Anel dos proyectos a largo plazo: una institución para atender a mujeres víctimas de violencia y un comedor para los niños de la calle de su ciudad. Tres balas le arrebataron ese sueño.
 

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