25 | FEB | 2020
Migrantes. Fronteras saturadas
La Casa Senda de Vida es una pequeña ciudad dentro de Reynosa, cuenta con tres áreas de dormitorios y ahora alista una nueva área de baños que es construida por los mismos migrantes. Foto: SANDRA TOVAR. EL UNIVERSAL

Albergues para migrantes ya no pueden dar más por saturación

12/05/2019
03:58
Gabriela Martínez y Sandra Tovar
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En el sur, miles de personas buscan cruzar México para llegar al norte, donde los albergues ya no pueden dar más

Tijuana, B.C./Reynosa, Tamps.

A lo largo de la frontera norte el panorama es el mismo: albergues saturados que apenas tienen recursos para ofrecer lo mínimo indispensable a cientos de migrantes.Los albergues en Tijuana trabajan a su máxima capacidad, la llegada de migrantes a la ciudad saturó temporalmente las instalaciones que reciben a quienes se dirigen a Estados Unidos, aunque hoy más de la mitad de la población no son extranjeros, sino mexicanos que, al igual que el resto, escapan de la violencia en sus lugares de origen.

Cifras de la Secretaría General de Gobierno de Baja California indican que en la entidad viven 4 mil 928 centroamericanos, algunos desperdigados en albergues mientras esperan concluir su trámite para cruzar la frontera, y otros, tratando de quedarse en México.

En el caso de Tijuana el gobierno estatal identificó a mil 240 migrantes de El Salvador, Honduras y Guatemala, quienes llegaron en el último semestre a la ciudad, iniciaron su proceso de solicitud de asilo en Estados Unidos y esperan el proceso en tierra mexicana. Sin embargo, los directores de refugios hablan de una cifra negra, porque la realidad es que sus instalaciones están casi a 100% de su capacidad.

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En Tijuana, los albergues están a su máxima capacidad. Mientras las autoridades hablan de unos mil 240 centroamericanos, la realidad es que son muchos más.
 

Con lo mínimo

José María García Lara es director de Juventud 2000, donde hay capacidad para unos 130 migrantes y en la actualidad albergan a unos 110 —de los cuales una cuarta parte son menores de edad—. De ese centenar, 60% son mexicanos de Michoacán, Guerrero y Jalisco. Todos intentan huir del crimen organizado.

Es media semana y tres mujeres con sus hijos se pasean en la cocina; tres ollas con arroz y verduras picadas van a ser la cena de ese día, “carne, ni hablar”, dice una de ellas, “así, sencillito, porque somos muchos y hay poco”.

Adentro, una bodega con techo de lámina y piso de concreto donde decenas de casas de campaña son usadas como habitación por al menos una o hasta cinco personas. No se trata de una estructura cerrada, lo que evita que se concentren los olores, pero también permite que se cuelen el frío o el calor.

Una televisión en la entrada es el centro de reunión. Dos sillitas de madera y metal son colocadas y mientras los más grandes miran las noticias, los niños corretean alrededor.

García Lara explica que desde el año pasado no reciben recursos del gobierno federal ni del estatal. El único apoyo es de los servicios médicos por parte del municipio, que llegan una vez a la semana, además de donativos en especie que ya son insuficientes.

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La vida en casas de campaña es una constante para los extranjeros.
 

Para otros refugios, como Casa YMCA —que recibe a menores migrantes—, el reto es garantizar la seguridad. Uriel Gonzáles es director del albergue y desde que inició el año detectó un aumento en la deportación desde EU de menores mexicanos no acompañados. Explica que la cifra se disparó casi 200% a partir de marzo y abril, tendencia que continúa en mayo. “El gobierno no puede deslindarse de su responsabilidad porque, por un lado, no hay quien garantice el interés superior del menor”, recrimina.

El problema, dice, es que ante la posibilidad de terminar en una casa del DIF, los menores se van a refugios, se esconden y terminan desperdigados en una de las ciudades más peligrosas de México, donde de enero a mayo la cifra de asesinatos rebasó las 700 víctimas.

Aunque ninguna de las organizaciones dice que dejará de prestar ayuda humanitaria, poco a poco empiezan a ver los estragos de la saturación sin el apoyo del gobierno federal.

La pequeña ciudad en Reynosa

La Casa Senda de Vida se ha convertido en una pequeña ciudad dentro de Reynosa. Con una población que fluctúa entre 400 y 800 habitantes, este refugio para migrantes enclavado en la colonia Aquiles Serdán requiere de manera urgente de apoyo para mantenerse.

Lo que era el patio y una zona techada, que hasta hace un mes servía como área común, se ha convertido en “dormitorio”, que en realidad es un hacinamiento de casas de campaña.

Héctor Silva, director de la estancia, dice que cuentan con arroz y frijoles para alimentar a los 351 residentes durante una semana.

“Es urgente, muy urgente que el gobierno federal reconsidere sus políticas, que envíe recursos, porque tenemos un problema grave en las fronteras, no podemos solos, necesitamos que nos manden nuevamente los recursos para sostener las casas de migrantes”, expresa.

Comenta que debido a que los albergues están saturados en otros puntos de la frontera, los migrantes están llegando a Reynosa.

“No podemos negarles la estancia”, indica Silva, quien dice no comprender por qué el gobierno federal ofrece permisos a migrantes y no apoya a los albergues. “Nosotros pagamos las consecuencias”.

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