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Yago Andreus tenía 9 años cuando tuvo que meterse en la mente de alguien secuestrado, amarrado con cadenas en los pies y alimentándose con comida llena de gusanos.
El pequeño actor ya conocía por las noticias lo que era eso. Sabía lo que era tener miedo, dolor y, aunque fuera poca, algo de esperanza.
“Me decían que me imaginara que estaba en un hoyo, que no tenía a mis papás ni mi comida o ropa favorita. Gracias a Dios, nunca he tenido ningún familiar que haya pasado por eso, pero sí he escuchado de amigos que sí les ha ocurrido. Es algo feo que un país tan bonito esté pasando por eso”, reflexiona Yago, ahora de 11 años.
El que habla forma parte de No tengo miedo, serie que se estrena este miércoles en Netflix, donde los protagonistas son niños que, en 1986, enfrentan un secuestro y sus consecuencias.
En la vida real, Yago no sale solo de casa a jugar. Siempre va acompañado de un adulto para ser cuidado.
Ojos de niño
La producción mexicana viene de un puñado que, en los últimos dos meses, ha llegado a las pantallas con problemáticas sociales, familiares y personales vistas a través de niños.
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Moscas, de Fernando Eimbcke y de reciente estreno, sobre el encuentro de un niño con el dolor de la muerte, así como El diablo fuma, con unos hermanitos padeciendo solos el trauma de la abuela y cierto abandono, coinciden con pocas semanas de diferencia.
“Es una visión difícil la de los niños, por supuesto. Nosotros buscamos inclinarnos más por la luz que tienen en sí mismos y cómo la comparten entre ellos. Ojalá que los adultos, cuando la vean, se pregunten qué estamos haciendo con nuestros niños”, dice Alba Gil, codirectora de No tengo miedo.
El secuestro de niños es algo que pasa en México. Tan sólo en 2025, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, más de 50 pequeños pasaron por eso.
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Nunca, dice Alba, se ocultó a los niños ni a sus padres las temáticas, aunque las pláticas más profundas se dejaban en el ámbito familiar.
Pocas historias
Las infancias son algo tocado con poca frecuencia en el audiovisual mexicano. En cine, durante la última década, de 2016 a 2025, apenas se produjeron 69 largometraje, de acuerdo con datos extraídos del Anuario Estadístico de Cine Mexicano, editado por el Instituto Mexicano de Cinematografía.
La cifra representa 3% de la producción total en ese periodo, es decir, sólo tres cintas de cada 100. Las temáticas se centraron en la búsqueda de identidad, el duelo, la ausencia familiar, el desarraigo, la vulnerabilidad y la violencia.
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En 2025 se concretaron filmes como la animada Mi amigo el sol, con una niña intentando congraciarse con su padre, y Llegaron con el viento, de Rodrigo Plá, donde los pequeños ven de cerca la migración. Ambas esperan fecha de estreno.
En series, los números tampoco son positivos. En los últimos dos años, según un conteo de EL UNIVERSAL y datos del Anuario, se produjeron más de 130 títulos, entre nuevas series y continuaciones.
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