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Adam Elliot lleva buena parte de su vida creando personajes que no saben cómo encajar: personas solitarias, excéntricas, con miedos y pequeñas obsesiones que les ayudan a sobrellevar un mundo que no siempre resulta amable con ellas.
Lo hizo con Grace, la mujer que coleccionaba caracoles en Memorias de un caracol, película nominada al Oscar que encontró en México a su público más numeroso, y antes con Mary y Max, sobre dos desconocidos separados por más de 16 mil kilómetros que se hacen compañía a través de cartas.
Ahora ellos también encontrarán compañía en México. A 17 años de su estreno, Mary y Max, ópera prima del director, llegará por primera vez a salas mexicanas.

Y se estrena ante un público mexicano que la adoptó desde su lanzamiento directo en DVD.
“Muchas veces me he preguntado por qué mis películas son tan populares en México. Más que en Francia o Australia. Creo que debería mudarme a México”, dice entre risas a EL UNIVERSAL.
Su cine puede hablar de depresión, muerte y aislamiento, afirma, pero también encuentra humor en personajes golpeados por la vida.
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“Los latinoamericanos tienen una pasión que no encuentras tanto en países como Suecia o Dinamarca. Está el melodrama, las ganas de vivir y esa comprensión de que la vida es corta, así que hay que abrazarlo todo: lo bueno, lo malo, los momentos altos y los bajos. Siento esa especie de sistema de valores compartido, y de eso tratan mis películas”.
Solitarios que se encuentran
Mary y Max sigue a Mary, una niña de ocho años que vive en Melbourne con unos padres poco afectuosos. Un día elige al azar un nombre de una guía telefónica y escribe a Nueva York.

Al otro lado está Max Horowitz, un hombre de 44 años, solitario y con síndrome de Asperger. Pese a sus diferencias, se vuelven amigos por correspondencia.
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“Todas mis películas están basadas en personas reales, en mi familia y amigos. No son documentales, son ficción: exagero y cambio cosas. Pero de los personajes de las siete películas que he hecho, Max probablemente sea el más real”.
Durante 30 años, el ganador del Oscar intercambió cartas con David, un neoyorquino que inspiró a Max y que murió hace años.
“Era muy parecido a Max. Tenía Asperger, era un judío ateo, vivía en Nueva York, leía National Geographic y tuvo muchos trabajos que nunca funcionaron. Hay muchísimo de su vida que puse en la película. Y Mary soy yo. Basé su vida en la mía”.
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El cineasta de 54 años explica que, si escribiera al personaje actualmente, hablaría de autismo y no de Asperger, término que hoy considera anticuado, pero con el que David prefería identificarse.
“Se llamaba a sí mismo un ‘Aspie’ muy orgulloso. Nunca vio su Asperger como una desventaja, sino como un súperpoder. Tenía una memoria increíble y era muy bueno en matemáticas”, recuerda.
El cineasta cuenta que investigó con especialistas y conversó extensamente con su amigo para construir a Max. La película terminó inaugurando el Festival de Sundance, con Philip Seymour Hoffman dando voz al personaje. David quedó satisfecho, aunque no perdió oportunidad de hacer algunas observaciones.
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“Estaba muy orgulloso y feliz. Por supuesto, fiel a su estilo, me mandó una lista de todas las cosas que pensaba que podían estar mejor”, recuerda entre risas.
Una epidemia de soledad
Elliot y David sólo se conocieron personalmente después de terminar Mary y Max, pero durante décadas compartieron por correspondencia cosas que no se atrevían a decir a quienes tenían cerca.
“Le confesaba cosas que nunca les habría contado a mis amigos de Melbourne o a mi familia. Durante esas décadas le confesé gran parte de mi alma y mis pensamientos más profundos”.
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Aunque reconoce que hoy Mary y Max probablemente usarían WhatsApp o Instagram, él todavía escribe cartas.
“Hay algo hermoso, romántico y profundamente personal en una carta escrita a mano. Algo escrito a mano suele sobrevivir”, dice Elliot.
Y aunque las formas de comunicarse cambiaron desde 2009, considera que la necesidad que unió a sus personajes permanece.
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“Seguimos viviendo una enorme epidemia de soledad. Somos animales comunitarios, no lobos solitarios; nos necesitamos. A veces es bueno estar solo, pero demasiada soledad puede convertirse en algo destructivo”.
Mary y Max se estrenará en México el 24 de septiembre, y antes, el día 21, Adam Elliot ofrecerá una proyección y masterclass en la Ciudad de México.
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