“Frágil”, es lo único que se puede leer en una caja colocada al centro de lo que parece una galería adornada por la luna en el fondo, varias personas se acercan para abrirla causando el grito de las 16 mil 500 almas que observan.

Caen las cuatro paredes que conformaban el contenedor del que se asoma una bailarina de ballet con top blanco, tutú azul y medias negras a juego con las zapatillas.

Inmóvil y callada, así permaneció unos instantes hasta que el micrófono que escondía en la espalda llegó a su boca para terminar de desatar la euforia de sus fans con “Sexo, Violencia y Llantas” y “Reliquia”.

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Las luces y la música marcaban el ritmo al que se movían figuras negras encargadas de develar de a poco un par de escaleras y retirar el empaque en el que había llegado esta pieza de importación.

De a poco la fragilidad que no le permitía casi moverse por sí solo fue quedando atrás y un lado salvaje emergió en “Divinize”, el rostro reflejaba coraje, intimidante, contrastando con la finura y gracia de sus movimientos.

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Pausa, el personaje cae y se da un momento para saludar a los asistentes a su primera noche en el Palacio de los Deportes agradeciendo el amor y apoyo incondicional que le han dado en su carrera.

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“Buenas noches México, ¿cómo estamos?, la verdad que agustisimo aquí con vosotros, yo vengo desde muy lejos y venir desde Barcelona, Cataluña de donde yo soy y encontrarme siempre con tanto cariño aquí es algo que no voy a dejar de agradecer, me siento tan apapachada aquí, como decís vosotros”, dijo.

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“Desde hace tantos años que me abrís las puertas, que tenéis siempre en gestos conmigo y sois tan generosos, gracias por escucharme, por hacer que mis canciones tengan cabida, sentido aquí, la siguiente es especialmente para todos vosotros, que estáis hoy aquí acompañándome, que en realidad, mirando atrás, nunca me habéis dejado sola”, complementó.

Un velo cubrió su rostro y el traje de ballet desapareció para dar paso al primer rezo de la noche “Mío Cristo Piange Diamanti”, tras la cual la galería cerró sus puertas.

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Al reabrir una mancha negra se veía al centro, de la que un vestido coronado con un par de plumas en la cabeza asemejaban a un cisne negro que llevo a la gente a “Berghaim”, dando espacio para cambiar la estética y entrar a una discoteca para encontrar a la Motomami.

“Mis chilangos y chilangas, esto no es solo para llorar, vamos a mover ese pinche culazo y este es el momento perfecto para hacer eso… ¿Chica que dice?”.

Tras un par de canciones, la galería volvió a cerrar la puerta mientras la orquesta en vivo subía la tensión con una pieza que se sentía casi como una marcha militar en el momento previo a estallar la guerra.

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Una nueva escena se devela, en la cima de una pirámide una sacerdotisa parece iniciar un ritual con su voz, en cuanto termina de hablar de “El redentor” y se sienta en un costado, una pintura es colocada.

En ella se aprecian montañas, pero falta algo, Rosalía vuelve a la escena como parte de esta obra de arte que es admirada por dos decenas de personas mientras entona “Can’t take my eyes of you”

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El confesionario llegó con Kenia Os como protagonista, que llegó decidida a hablar de su pecado capital: Gustar de los cantantes, en especial de “El cacas”.

La mexicana contó cómo una expareja con la que compartía profesión la engañó, dándose cuenta gracias a tener “muchas amigas y gays”, quienes le informaron que había etiquetado a otra mujer en oculto.

Tras esto decidieron darse un tiempo en la relación de diez días, en los que este personaje decidió salir con la tercera persona en cuestión, empezando una relación tres semanas después; Rosi despidió la anécdota con “La Perla”, misma que dijo, está inspirada en una leyenda nacional.

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“Sin Rata de dos patas, La Perla no existe, así que muchas gracias México y muchas gracias gracias Paquita la del Barrio”.

La catalana se dio tiempo de leer algunos carteles del público, en los que le pedían firmar una muñeca (cosa que terminó haciendo).

La galería cerró mientras Rosi ofrecía el intermezzo de esta puesta en escena al caminar hacia un segundo escenario más pequeño en donde interpretó “La Rumba del perdón”.

La galería abrió sus puertas por última vez para el acto final, un cielo lleno de ángeles con Rosalía a la cabeza y temas como “BIZCOCHITO” y “DESPECHÁ”.

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