Ana Luisa Peluffo fue una mujer portadora no solo de talento, también de mucha belleza, cualidades que le ayudaron a tener un lugar en el , Ana Luisa de Jesús Quintana Paz Peluffo nació en Querétaro, el 9 de octubre de 1929, tenía 96 años.

Peluffo nunca fue empujada por nadie a despojarse de la ropa frente a la cámara en “La fuerza del deseo”. Cuando aceptó interpretar a Silvia en la película de Miguel M. Delgado, lo hizo por convicción propia, en el filme de 1955 le dio vida a una modelo que, consciente de su belleza, desata la pasión y la rivalidad entre Ricardo (Abel Salazar) y su maestro (Armando Calvo), llevando la historia a un desenlace trágico.

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A Ana Luisa Peluffo, actriz de cabaret, cine, teatro y televisión, se le atribuye el primer desnudo en el cine mexicano. FOTO: Archivo
A Ana Luisa Peluffo, actriz de cabaret, cine, teatro y televisión, se le atribuye el primer desnudo en el cine mexicano. FOTO: Archivo

Mientras el estreno provocó murmullos y escándalo a su alrededor, para ella aquel desnudo tuvo otra dimensión: la de una expresión artística. Formada en el arte, lo asumió como una imagen estática y estética, sin provocación ni morbo, semejante a la modelo que posa para un pintor bajo la luz paciente del estudio.

Las críticas no tardaron en alcanzarla, en la calle le reprochaban con severidad, algunos con indignación abierta, otros con desconcierto. Incluso en su propio hogar hubo sobresalto; su padre no ocultó su impresión, aunque su madre defendió que había sido una decisión libre, ajena a presiones o necesidades económicas.

Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Entre los señalamientos también hubo voces que la llamaron “valiente”. Aquella mezcla de censura y admiración marcó un momento decisivo en su vida y en el cine mexicano.

Lejos de replegarse, Ana Luisa volvió a asumir ese riesgo en títulos como “El seductor” (1955), “La ilegítima” (1956) y “La Diana Cazadora” (1956), cuyo cartel advertía que era una película solo para adultos y proclamaba, con tono desafiante, la osadía de sus protagonistas.

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Foto: Archivo EL UNIVERSAL
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El alboroto fue inmediato. Pero también lo fue la fama: de pronto, casi de la noche a la mañana, se convirtió en una figura magnética que llenaba teatros y despertaba la curiosidad de un público que no podía apartarle la mirada.

Con el tiempo, aquella polémica que la colocó en el centro del huracán abrió otras puertas, llegaron felicitaciones, ofertas y la posibilidad de trabajar en Europa, donde filmó en Italia, España e Inglaterra. Ella misma reconocería que esas películas ayudaron a sacudir al cine nacional, a volverlo más audaz y realista, como si hubieran corrido un velo que durante años lo mantuvo contenido.

Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Ana Luisa Peluffo, símbolo de una época

Ya en la serenidad de la madurez, instalada en la tranquilidad de su hogar y lejos del bullicio que alguna vez la rodeó, Ana Luisa Peluffo contemplaba su historia con la calma de quien sabe que fue parte de una transformación.

Aquella joven que escandalizó a una generación terminó convertida en símbolo de una época: bella, decidida y dueña de su propia leyenda.

Ana Luisa Peluffo con Mauricio Garcés y con "El Santo". 
Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Ana Luisa Peluffo con Mauricio Garcés y con "El Santo". Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Durante su trayectoria artística actuó junto a grandes nombres de la Época de Oro del cine mexicano, entre ellos Germán Valdés, Manuel Valdés, Pedro Infante y María Félix, consolidando así su lugar dentro de una generación irrepetible de estrellas.

En 1977 encabezó la película “Flores de papel”, presentada en la edición 28 del Festival Internacional de Cine de Berlín, una participación que confirmó su proyección más allá de las fronteras nacionales y fortaleció su presencia en el ámbito cinematográfico internacional.

Paralelamente a su amplia carrera en la pantalla grande, incursionó con éxito en la televisión, formó parte de telenovelas como “Lazos de amor” (1995), “El privilegio de amar” (1998) y “Contra viento y marea” (2005), producciones que la acercaron a nuevas generaciones.

en Tepatitlán de Morelos, Jalisco, rodeada de sus seres queridos, entre ellos su único hijo llamado Martín.

Con su fallecimiento, el cine mexicano despide a una de sus figuras más longevas y representativas, una actriz cuya carrera atravesó distintas etapas de la industria, de la Época de Oro a la televisión contemporánea.

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