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¿Cuánto vale una disculpa cuando no se ofrece a tiempo? El presidente Enrique Peña Nieto dejó pasar nueve meses para decirle a los mexicanos lo que tanto se le pidió enunciar en noviembre de 2014, cuando la ostentación y la opulencia de una casa millonaria comprada por su esposa, Angélica Rivera, a la constructora Higa, contratista de su gobierno, desató la indignación y la molestia de millones de mexicanos que vieron en ello una actitud de derroche, connivencia y corrupción. Ayer, sólo después de que el secretario de la Función Pública lo exonerara, con argumentos legalistas y justificaciones de tiempos, Peña Nieto pudo finalmente articular las palabras que la soberbia le impidió pronunciar meses atrás: “Estos acontecimientos dieron lugar a interpretaciones que lastimaron e incluso indignaron a muchos mexicanos. A todos ellos, les ofrezco una sincera disculpa”.
Las disculpas tardías del Presidente, igual que la exoneración anunciada de Virgilio Andrade —que se tomó 6 meses para llegar a una conclusión de Perogrullo: que ni Peña ni su secretario de Hacienda incurrieron en conflictos de interés, “según la ley mexicana”, porque “no eran funcionarios federales” al comprar sus casas—, no modifican hasta ahora la percepción que un amplio sector de la población se hizo de esas operaciones, al igual que de la compra de la Casa Blanca de las Lomas por parte de Angélica Rivera, que también fue exonerada por haberla comprado “con los recursos producto de su trabajo”. Pasó demasiado tiempo, demasiado silencio y mucha soberbia del gobierno, para que las tres horas de farragosas argumentaciones jurídicas y citas legales de Andrade cambien el juicio popular que ya sentenció esos actos como “corrupción”.
Aunque el gesto de ofrecer disculpas es algo inédito y difícil de encontrar en el presidencialismo mexicano, más acostumbrado a desplantes como la “mano tendida” de Gustavo Díaz Ordaz después de masacrar estudiantes o el histrionismo y lágrimas de López Portillo jurando defender el peso “como un perro”, en el caso de Peña Nieto la negación reiterada a aceptar ese coraje e indignación de los mexicanos por la compra de esas casas a empresarios contratistas y la profunda crisis de credibilidad e imagen que eso le causó a su gobierno, hacen que un acto de contrición como el de ayer pierda el efecto que pudo tener en su momento.
Desde el 10 de diciembre de 2014, en lo más intenso de la crisis que la Casa Blanca y la casa de Malinalco de Videgaray, el historiador Enrique Krauze sugirió al Presidente que “compareciera ante la nación y ofrezca disculpas al pueblo de México”, luego de que el tema había rebasado el ámbito nacional y era motivo de escarnio y duros cuestionamientos en la prensa extranjera. Pero entonces la reacción en la casa presidencial fue de sordera. “El Presidente no va a disculparse, porque eso sería aceptar una culpa y él no hizo nada ilegal”, decían entonces sus voceros. ¿Por qué entonces nueve meses después el Presidente acepta ofrecer esa disculpa por las “interpretaciones que lastimaron e indignaron a muchos mexicanos”? ¿No hubiera sido más inteligente y valioso que lo hiciera cuando esa indignación era tan grande, dentro y fuera del país, que muchas voces se lo pedían y muchos también lo esperaban? ¿Cuánto del desgaste que sufrió el gobierno de Peña Nieto e incluso la imagen del país en el exterior se pudo haber evitado si no hubiera pesado más la soberbia?
El mismo Presidente reconoció ayer que todos esos escándalos le costaron no sólo la confianza de los mexicanos, que ayer convocó a recuperar, sino también “meses difíciles” para su familia y para su esposa, que fue duramente cuestionada también dentro y fuera del país. La pregunta ahora es si esa confianza se recuperará con una “sincera disculpa” que parece tardía y si el daño causado por tantos meses de silencio, negación y soberbia, se diluirá porque un también cuestionado Virgilio Andrade diga, seis meses después, lo que siempre se esperó que dijera: que las conductas no fueron ilegales y que no hubo conflictos de interés ni se favoreció a las empresas contratistas del gobierno que vendieron esas mansiones en condiciones por demás ventajosas. O lo que es lo mismo, ¿aceptarán los mexicanos las disculpas del Presidente?
Mujeres al ataque de candidaturas. En el PRI, una vez que tomó posesión Manlio Fabio Beltrones como dirigente nacional, con un discurso en el que llamó a los priístas a la “autocrítica”, algunos ya empiezan a pedir que en la selección de las candidaturas a gobernador del próximo año se eleven los criterios para seleccionar a los candidatos más competitivos y no necesariamente a los que quieran los gobernadores salientes. Uno de esos criterios tiene que ver con impulsar a más mujeres como candidatas en los estados, como una opción para refrescar la imagen del viejo partido y al mismo tiempo ser congruentes con la iniciativa de equidad de género que impulsó el presidente Enrique Peña Nieto.
Así, ya se habla de que al menos cinco mujeres podrían ser designadas candidatas en los 12 estados que elegirán gobernador en 2016. Entre las mencionadas está la procuradora federal del Consumidor, Lorena Martínez Rodríguez, quien sería candidata al gobierno de Aguascalientes, algo que no le debe hacer mucha gracia al gobernador Lozano de la Torre, que ve a Lorena como su enemiga. Sin embargo, las encuestas ubican a la titular de Profeco como la favorita en tierras hidrocálidas.
Otro caso que se menciona es el de la senadora Leticia Herrera Ale, quien buscaría la gubernatura de Durango, aunque tampoco es de las simpatías del gobernador Jorge Herrera Caldera. Leticia ya ha hecho pública su precandidatura y en el CEN priísta y en Los Pinos la ven como una opción viable. En Hidalgo, Carolina Viggiano, actual diputada federal electa, se presenta como la carta más fuerte del PRI en estos momentos después de ganar en los comicios de junio. Su cercanía con el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, también le suma, aunque no necesariamente es bien vista por el gobernador Francisco Olvera.
En Tamaulipas, la también diputada electa por Tampico, Paloma Guillén Vicente, aparece como la carta femenina más fuerte del tricolor para la gubernatura. La ex subsecretaria de Gobernación y hermana del subcomandante Marcos, se posicionó al ganar el distrito VIII federal en los pasados comicios y tiene también el apoyo de su ex jefe en la Segob, aunque en los corrillos tamaulipecos se dice que el gobernador impulsa al ex diputado y ex colaborador de Los Pinos, Alejandro Guevara Cobo.
Por último en Quintana Roo, y ahí sí con todo el apoyo del gobernador Roberto Borge, la secretaria de Turismo, Laura Fernández Piña, sería una de las precandidatas mejor perfiladas. Emparentada con Addy Joaquín Coldwell, la ex diputada local fue impulsada por Félix González Canto y luego desde el CEN del PRI, Pedro Joaquín Coldwell la hizo candidata a diputada federal en 2012 y aunque perdió aquella elección, el gobernador Borge la rescató y la colocó en la posición más codiciada del gabinete quintarroense: Turismo, desde donde se ha reposicionado para la gubernatura.
Veremos cuántas de esas mujeres priístas logran pasar por el filtro no sólo de los gobernadores de sus estados, sino también del machismo que sigue caracterizando al viejo partido.
Notas indiscretas… Con la designación de Alfredo del Mazo Maza como coordinador de la bancada mexiquense en San Lázaro no hay duda de que el llamado Grupo Atlacomulco se está fortaleciendo. Junto con Del Mazo Jr., la elección de Carolina Monroy como secretaria general del PRI y la designación como embajador de México en Estados Unidos de Miguel Basáñez, ex colaborador de Alfredo del Mazo González, confirman que los Atlacomulcos están ganando terreno dentro del grupo gobernante. También se espera que en los cambios que ya se preparan en el gabinete, el Presidente nombre a varios mexiquenses más, lo que habla de la hegemonía del tantas veces negado grupo político. Incluso, se menciona que el nombramiento de Del Mazo Maza en San Lázaro tuvo todo el apoyo de Manlio Fabio Beltrones, pues el junior habría hecho una alianza estratégica con el sonorense, al que respaldó en su llegada al PRI. El futuro coordinador de los diputados mexiquenses incluso se habría ofrecido como “mediador” para que La Triada que forman Luis Videgaray, Aurelio Nuño y Miguel Osorio no obstaculizara la llegada de Manlio al PRI, como finalmente ocurrió. Como resultado de esa alianza se dice que ahora Del Mazo González aprovechará su acercamiento con Beltrones para impulsar a su amigo, el senador Héctor Yunes, como candidato del PRI a la “minigubernatura” de dos años en Veracruz... Los dados cierran con Escalera. Semana de contrastes.
sgarciasoto@hotmail.com
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