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Yunes Linares: un guerrero en batalla mansa

09/12/2016
02:28
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El melodrama en que ha devenido la crisis de Veracruz cobró ya un inconfundible aroma de acuerdo político entre personajes de aquel estado e integrantes de la administración Peña Nieto.

De acuerdo con datos disponibles, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, tuvo la encomienda de vigilar la tragedia política y financiera de esa entidad desde que el ahora gobernador aliancista, Miguel Ángel Yunes Linares, fue postulado como aspirante opositor a la gubernatura de un estado que por casi nueve décadas sólo conoció el mando del PRI.

Osorio y Yunes han nutrido por años una relación que se forjó en 2003, cuando ambos fueron diputados federales bajo el ala protectora de la ex lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, que en aquel entonces cayó en desgracia tras ser removida como coordinadora de la bancada tricolor por un golpe instrumentado desde el PRI por Roberto Madrazo y Emilio Chuayffet.

La protección de la maestra bastó todavía a Osorio para ser impulsado en 2005 a la gubernatura de Hidalgo, y a Yunes para tener cargos en los gobiernos de Fox y Calderón, con el primero en temas de seguridad y con el segundo en la dirección del ISSSTE. Desde ese cargo rompió en 2011 con su madrina política e inició, de la mano de Felipe Calderón, su ruta al interior del PAN.

Otra historia complementa este escenario.

La tarde del pasado 11 de octubre, Javier Duarte, hoy ex gobernador veracruzano prófugo de la justicia, había estado en la Ciudad de México y regresó a Veracruz para un discreto encuentro con amigos cercanos y con su esposa. La noche de ese mismo día volvió a la capital del país, donde muy temprano el miércoles 12 anunció en el noticiero de Carlos Loret, en Televisa, que se separaría del puesto “para defenderse de ataques”.

Voló de inmediato a Veracruz, y citó en el propio hangar del gobierno del estado a dos personajes clave: al entonces presidente del Congreso local, el priísta Juan Nicolás Callejas, y a su secretario de Gobierno, Flavino Ríos. Según testigos del encuentro, a ambos informó haber acordado su separación con el secretario Osorio Chong, la tarde anterior. Entregó a Callejas el texto de su solicitud de licencia, que ya llevaba elaborada y firmada. Y le indicó a Ríos Alvarado: “Ellos (en Gobernación) quieren que te quedes tú”.

Fuentes consultadas dijeron que Osorio había efectuado una consulta con varios actores para esa definición, entre ellos el ex gobernador Miguel Alemán, con quien Ríos tiene una clara cercanía. Otro habría sido el entonces mandatario electo Yunes Linares, distanciado de Ríos, pero con quien comparte padre político: el también ex gobernador Rafael Hernández Ochoa (1974-1980).

En ese “acuerdo de hangar”, Duarte pidió autorización a Flavino Ríos para usar en las horas siguientes la oficina ubicada en esas instalaciones, a lo que el inminente gobernador interino respondió que se le darían las facilidades para ello. A la mañana siguiente Duarte fue a jugar golf, con un aspecto relajado según quienes lo vieron. Se trasladó de nuevo al aeropuerto, donde pidió un helicóptero del gobierno estatal, con un plan de vuelo hacia Tabasco, donde desapareció.

Ni en el gobierno federal ni en el estatal se puede responder hoy por qué la PGR o el Cisen no dispusieron una vigilancia sobre ese hombre que ya cargaba con órdenes de aprehensión en contra. Cuando en privado se le pregunta a Ríos Alvarado si conoce el paradero de su antecesor, responde entre bromas y veras: “De saberlo se lo diría a la PGR, para cobrar la recompensa…”.

En tal contexto inició Yunes Linares su breve mandato de 24 meses. Una labor en la que heredó una deuda superior a los 40 mil millones de pesos y fondos que se agotarán este mismo mes. El próximo año están programadas las siempre aguerridas elecciones en los 217 municipios del estado.

El arranque del Congreso local trajo una alianza entre PRD y PAN, hoy gobierno. Pero se les ha sumado el PRI, e incluso surgió un bloque “independiente” de diputados conectados con el ex gobernador Duarte. Esta correlación marginó a Morena de puestos importantes en la cámara, pese a ser la tercera fuerza política en el estado.

El gabinete del nuevo gobernador empezó a sufrir sobresaltos desde el día en que fue constituido, con riñas entre los partidos aliados y un magro grupo de leales. El mandatario optó por un discurso que un día lo hace caminar en el filo de la navaja entre las atribuciones de un gobernante, un agente del Ministerio Público o un juez. Y otro lo presenta como un guerrero librando una batalla mansa ante el gobierno federal.

Por si hiciera falta algo, corre por Veracruz, lo mismo entre políticos de todo signo que entre empresarios y periodistas, la especie de que Yunes, con largas credenciales como experto en seguridad, puede escuchar conversaciones, acceder a agendas, incluso adivinar pensamientos. Por lo que el miedo, pésimo consejero, empieza a crecer.

 

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Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.

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