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La impostura de Ramírez Marín

Una densa sombra acompaña a Ramírez Marín por donde avanza. Una larga historia de corrupción que, según testimonios, fue lo que provocó su abrupta salida de la Sedatu
25/11/2016
02:07
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En los hechos, Jorge Carlos Ramírez Marín encarna el poder del PRI en la Cámara de Diputados: pacta acuerdos con la oposición, acuerda prebendas y canonjías para sus correligionarios, supervisa todo gasto relevante en San Lázaro, se desempeña como vocero de la Cámara toda… Además, acumula ya 18 meses como la voz de su partido en el espacio clave del Instituto Nacional Electoral.

El político yucateco ha explicado a sus amigos que no es sólo el operador central de César Camacho, coordinador de la bancada oficial en Diputados, pues tiene el aval del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y aun del presidente Peña Nieto. Presume que sabe construir puentes y conciliar grupos, no en balde dos de sus promotores son Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes.

Dotado de carisma y convincente oratoria —aunque se le atribuyen escasas luces intelectuales—, Ramírez Marín (Mérida, 1961) vive el mejor momento de su vida pública, construida durante tres décadas. Apuesta a que ahora sí tiene al alcance de la mano su sueño de ser gobernador de Yucatán, en 2018, luego de que hace cuatro años lo intentó, sin éxito.

Un fantasma, una densa sombra acompaña sin embargo a Ramírez Marín por donde avanza. Una larga historia de corrupción que, según testimonios múltiples, fue lo que provocó en febrero de 2015 su abrupta salida como titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), desde entonces a cargo de Rosario Robles, pero donde extrañamente él conserva una red de intereses a los que se liga con expedientes cada vez más explosivos.

Fuentes consultadas por este espacio aseguraron que seis meses antes de dejar la Sedatu, Ramírez Marín era ya investigado por la Secretaría de Hacienda, a cuyo frente se hallaba Luis Videgaray. El motivo eran evidencias múltiples de que funcionarios de aquella dependencia y despachos de abogados privados conectados con Ramírez Marín se dedicaban —y dedican aun ahora— a la extorsión sobre propietarios de terrenos agrícolas, urbanos o turísticos, especialmente en la península de Yucatán.

Videgaray había ordenado las indagaciones por indicios de que estas extorsiones se habían practicado en varios casos con el argumento de que se estaban recabando “apoyos” para una eventual campaña presidencial del titular de Hacienda. La verosimilitud del argumento se basaba en una presunta cercanía con Ramírez Marín desde que ambos coincidieron, en 2009, como diputados federales en la LXI legislatura. Pero los reportes obtenidos revelan que Videgaray solicitó en Los Pinos el cese e incluso el procesamiento penal de Ramírez Marín. Este cayó, sí, pero a una nueva curul.

Ya en este 2016 Ramírez Marín se vio involucrado en señalamientos por la construcción irregular de cientos de casas en Guerrero durante su gestión en Sedatu, para albergar a damnificados de huracanes, muchas de las cuales han debido ser derrumbadas por su mal estado.

El ahora vicecoordinador del PRI en San Lázaro, con estudios locales en abogacía, relaciones industriales y Derecho Parlamentario, ha sido conocido en Yucatán por décadas como un especulador de terrenos que echaba mano de contactos con el gobierno federal para concretar negocios. Pero la Sedatu lo catapultó a las grandes ligas.

Varios de sus socios, amigos y compadres desde aquellas épocas en que eran simples coyotes judiciales se sumaron a la Sedatu en plan de rapiña. Uno de ellos, Cástulo Ramírez, fue designado delegado de la dependencia en Yucatán, pero dejó el puesto en medio de escándalos. Otro, Omar Conde, arribó a la delegación en Guanajuato. A un incondicional más, su ex asistente Luis Borjas, quien nunca había tenido un cargo público de mediana responsabilidad, logró colocarlo como delegado de Sedesol en el propio Yucatán.

Sobre Borjas hay un episodio singular: fue removido cuando Ramírez Marín dejó Sedatu. Lo relevó Miguel Enríquez López, identificado con Emilio Gamboa, líder del PRI en el Senado, paisano pero rival político del ahora exitoso diputado federal. En sus primeros días en el puesto, Enríquez encaró una manifestación en su contra, que lo acusó de proteger intereses de Pablo Gamboa, hijo del senador priísta. Se aseguró que la movilización tuvo las huellas digitales de Ramírez Marín.

El paso por Sedatu coincidió con un aumento en el patrimonio personal de Ramírez Martín, quien por años vivió en casas de interés social en un fraccionamiento de clase media en Mérida. Ahora ocupa una mansión en el exclusivo fraccionamiento Campestre de esa capital, y se le atribuye la propiedad de un rancho en Motul, una residencia de playa en la costa yucateca y un departamento de lujo en Polanco.

Apenas unos atisbos a la historia negra de Ramírez Marín, hoy destacado representante del “nuevo PRI”, el que se proclama en contra de la corrupción.

APUNTES: El desmentido presidencial sobre el alegado arranque de Luis Videgaray como interlocutor oficioso del equipo de Donald Trump arrojó luz sobre dos definiciones: No habrá una estructura especial para darle cabida al ex secretario de Hacienda, su participación será dentro del gabinete. Y tomará todavía algunas semanas para que la decisión se haga oficial.

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Roberto Rock
Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.

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