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El triunfo de Jaime Rodríguez estaba más cantado que el Himno Nacional. Sólo los ciegos por conveniencia se negaron a verlo. Hubiera bastado una vueltecita al escenario real que pretendieron recrear a la distancia.
Lo notable es que El Bronco ganó no sólo en las urnas, sino que obtuvo a la vez otras victorias clamorosas:
—Sobre dos partidos hegemónicos y arrogantes en Nuevo León: el PRI, que lo desdeñó hace dos años y que, como diría mi querido Enrique Perro Bermúdez, lo tenían, era suyo y lo dejaron ir; y que en cambio postuló a una ex conductora grupera que les garantizaba obediencia en una transición muy complicada por las gravísimas acusaciones de corrupción contra el gobernador Rodrigo Medina y su familia. Derrotó también al PAN, que por sus grillas internas cupulares hizo a un lado a una precandidata natural, con una plataforma formidable como presidenta municipal de Monterrey, y una imagen muy visible, para optar por un candidato invisible como Felipe de Jesús Cantú.
—Derrotó también a los fallidos estrategas del PRI que optaron por denostarlo ferozmente en lugar de exaltar las virtudes —las que hubiera— de su candidata.
—El Bronco se impuso también a los sesudos analistas y columnistas que siempre lo minusvaluaron señalándolo como el invento de un periódico.
—A propósito, otra de sus victorias clamorosas fue sobre los medios de comunicación locales y nacionales que intentaron destruirlo, algo que jamás lograron aun cuando todavía un día después de la elección y a pesar de las evidencias abrumadoras, patéticamente, intentaron escamotearle el resultado.
—También aplastó a los encuestadores tramposos que en pleno junio le dieron a Ivonne 8 puntos de ventaja sobre Jaime. ¿Con qué cara pueden argumentar —sobre todo a quienes les pagaron— que sus encuestas se equivocaron ¡nada más por 30 puntos!
A ver: al contabilizarse el 100% de las actas, Jaime Rodríguez alcanzó el 48.86% de los votos, mientras que Ivonne Álvarez obtuvo el 23.57 y Felipe de Jesús Cantú el 22.52. Lo que quiere decir que aunque se hubieran aliado y sumado sus votos, ambos hubieran sido derrotados por El Bronco quien, además, alcanza la que sin duda alguna es la victoria más contundente de toda la jornada electoral y probablemente en toda la historia de este país, desde que el voto cuenta. Nada más y nada menos.
Pero seguramente la victoria más impactante de Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón El Bronco fue lograr que los nuevoleonenses salieran a votar masivamente este domingo. Debo decir que se me enchinó el pellejo al reportear y testimoniar, como nunca en mi vida, una convocatoria de filas de dos vueltas alrededor de una manzana o de siete cuadras continuas, sólo interrumpidas por el paso de vehículos. Tan rotunda, que tuvo un doble efecto: darle un triunfo contundente y a la vez evitar la tentación autoritaria de robarle la elección.
Así, se configuró el escenario que preveíamos de El Bronco sin Bronca, en el que sus adversarios y el propio presidente Peña Nieto reconocieron r un triunfo indiscutible. A propósito, le pregunté que si al abrir la posibilidad de que un independiente se postulara por la Presidencia de la República, podría ser él mismo. A lo que me respondió que su compromiso con Nuevo León era por seis años. Me faltó preguntarle: ¿Y si la raza manda, Bronco?
Periodista.
ddn_rocha@hotmail.com
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