Regenerando el terrorismo

Nouhad Mahmoud

La presión al Estado Islámico se está intensificando a nivel local, regional e internacional. Todos quieren poner fin a este fenómeno

La ola de ataques terroristas proclamada por la organización del Estado Islámico en Líbano, Turquía, Yemen, Irak, Bangladesh y Arabia Saudita cobró la vida de más de 350 personas en las últimas tres semanas. La furia de los extremistas coincide con su pérdida territorial del 45% de tierras en Irak y del 20% en Siria. La disminución de los recursos financieros de la organización fue otro golpe a su capacidad y prestigio. Lo que no se ha afectado hasta ahora es la habilidad del EI de expandir su presencia y actos criminales a nuevos sitios con terribles consecuencias.

La presión al Estado Islámico se está intensificando a nivel local, regional e internacional. Todos quieren poner fin a este fenómeno, después de agotar los objetivos por los cuales fue creado: dar avance a algunas agendas, servir a gobiernos contradictorios y abortar las aspiraciones del pueblo sirio para una sociedad normal, digna y democrática. El “Jilafa” podría desaparecer como entidad antes del fin del presente año, pero sus acciones sobrevivirán a su caída por un largo tiempo por venir. Las condiciones de su nacimiento y crecimiento nunca fueron abordadas, sólo los síntomas, y únicamente por la fuerza.

Faluya fue una enorme derrota para el EI, pero el gobierno iraquí fracasó nuevamente en probar su liderazgo. Miles de familias huyendo de su ciudad, después de su largo asedio, no encontraron el mínimo alivio de su sufrimiento. Tuvieron que esperar por días la llegada de asistencia humanitaria. Cientos de hombres sunitas fueron capturados por milicias chiítas y algunos fueron decapitados.

En la preparación para la batalla con el fin de retomar Mosul, el componente sunita continúa siendo marginalizado, a pesar de la importancia de su participación para el futuro de la unión iraquí. Hace una década, el Estado Islámico de Abu Musab al-Zarkawi fue derrotado por las fuerzas sunitas “Sahwat”, pero la política de sectarismo de Nuri al-Maliki llevó a la resurrección de otro: el Estado Islámico de Abu Bakr al-Bagdadi. Repitiendo ahora las mismas causas generará los mismos resultados.

Ninguna llamada a la reforma del régimen en Irak ha encontrado respuesta. Los iraquíes han quedado bajo el efecto de políticos divisionistas y corruptos afiliados a la República Islámica de Irán, con instituciones constitucionales derrotadas, un ejército marginalizado y empoderadas milicias proiraníes. El ejemplo de la Guardia Revolucionaria ha sido seguido en Irak, Siria, Yemen y Líbano. En esta fórmula, los sunitas, quienes son la mayoría en el Medio Oriente, son marginalizados en sus países, perseguidos y alienados.

En Siria, la paz no parece ser el objetivo de ningún partido. Las batallas se están librando en todos lados, con el régimen envalentonado con 70 mil combatientes provenientes de Irán y sus milicias leales. La constitución prometida en agosto es menos realista, con las complicaciones en el territorio y la confusión de la política internacional.

En su proclamada guerra contra el terrorismo, la administración de Batack Obama está contando con el componente kurdo para combatir al Estado Islámico. Está ofreciendo apoyo militar, logístico y político para una minoría que tiene sus propios agravios históricos y aspiraciones nacionalistas. La oposición siria nunca ha recibido tal apoyo por parte de los estadounidenses en su larga lucha contra Bashar al-Assad. Para los kurdos, la sangre que están derramado en Siria y en Irak no debe ser en vano. El territorio que están conquistando será considerado como parte de su patria, independientemente de sus habitantes. Si liberar Raqqa, la capital del EI, se lleva a cabo a través de fuerzas kurdas, las futuras guerras serán sobre la identidad de los territorios disputados. ¿Acaso ese resultado escapa a los planificadores en Washington, Moscú o cualquier otro lado? ¿O es que el Levante deberá ser siempre la tierra de malos experimentos y dudosas intenciones?

Todos están yendo a la guerra sin un objetivo, incluso después de largos años de crisis en Irak y después en Siria, sin mencionar Palestina. La administración de Obama se está esforzando por lograr una victoria sobre el EI, si es posible, antes de salir de la escena. Rusia no se benefició de su espectáculo de guerra en Siria, o de sus crímenes de guerra en contra de sus civiles, en su negociación en Europa. Las fuerzas de la OTAN están más cerca que nunca de sus fronteras. Los poderes regionales están lejos de lograr cualquier ganancia a raíz de sus intervenciones.

EI podrá ser derrotado en su forma actual tarde o temprano, pero ese no será el fin del terrorismo. Una intención sincera y verdadera para lograr la paz en la torturada región deberá tomar en consideración los derechos inalienables de sus habitantes de decidir su destino y definir sus propios intereses. La imposición de planes externos ha generado miseria y guerras en los últimos 100 años. Ignorar los básicos generará más terrorismo y el mundo no estará a salvo de sus consecuencias.

El autor fue embajador de Líbano en México

entre 1999 y 2011

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