El TLCAN como instrumento para asegurar la apertura de EU

Luis de la Calle Pardo

Cuando se negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) muchos analistas en Estados Unidos pensaban que uno de sus propósitos principales era asegurar que, en el largo plazo, México permaneciera como una economía abierta. Ahora, irónicamente, la elección de Donald Trump va a representar una prueba para ver si el TLCAN es suficientemente robusto para mantener abierto a Estados Unidos.

No se sabe exactamente qué pretende el presidente electo Trump cuando dice que quiere renegociar el TLCAN o incluso salirse de él si el resultado no es satisfactorio. Por supuesto, es indispensable tomar en serio las declaraciones del próximo presidente del principal socio comercial y de inversión del país y prepararse para un diálogo al respecto.

El nuevo gobierno de Estados Unidos tiene cuatro opciones en esta materia: la primera, como ha sido el caso de otros inquilinos de la Casa Blanca, es no cumplir las promesas de campaña ya que éstas no tienen sentido y no hacer nada. Esto fue exactamente lo que sucedió en el caso de Barack Obama que había denunciado el TLCAN en las primarias de 2008 y terminó su gobierno negociando una ambiciosa iniciativa comercial del mismo corte con los once países del Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés). Esta opción, tiene hoy una probabilidad baja.

La segunda opción es buscar una renegociación del tratado. Para lograrlo necesitaría un proceso complejo de negociación con los gobiernos de Canadá y México y lograr la aprobación de las modificaciones en el Parlamento canadiense, el Senado mexicano y su Congreso. De la misma manera, requeriría definirse qué negociar. En los 20 capítulos que componen el TLCAN, Estados Unidos tiene importantes intereses ofensivos para sus exportaciones de bienes y servicios y para sus inversiones. Además, el tratado está plenamente implementado por lo que no se pueden reducir los aranceles que ya están en cero para todos los productos de las tres economías. Subir estos aranceles sería altamente contraproducente para la competitividad de la región y sólo beneficiaría a otros países en Europa y Asia.

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La tercera opción, la más radical, es que el Ejecutivo de Estados Unidos invoque el artículo 2205 para salir del TLCAN. Esta salida no tendría precedentes en la historia e implicaría un altísimo costo de reputación para Estados Unidos en el mundo entero en todos los ámbitos y no sólo el comercial. Si no es confiable para con sus socios comerciales, sus principales mercados, sus vecinos y aliados, no lo será para ningún otro tema en ningún otro lado. Además, el ‘beneficio’ de salirse no existe: incrementar los aranceles entre México y Estados Unidos es contraproducente amén de que la participación de ambos en la Organización Mundial de Comercio (OMC) limita el incremento. Más aún, al ser México una economía más cerrada, las exportaciones de Estados Unidos enfrentarían aranceles más elevados (7.7% para bienes industriales y 38.4% para agropecuarios) que las de México (1.9% y 6.4% respectivamente) de acuerdo con los cálculos de la OMC. Es decir, no vale la pena, para su propio gobierno y los intereses de su iniciativa privada, transitar a una situación en que perderían acceso preferencial en su segundo mercado del mundo.

Su cuarta opción es enterrar el TPP. Esto, sin embargo, también tiene costos importantes, no sólo geopolítico-estratégicos en Asia, sino como resultado de que el resto de los miembros del TPP decidieren avanzar en la apertura de forma conjunta o bilateral sin Estados Unidos.

Sin duda, el comercio exterior jugó un papel clave en la campaña electoral y, en especial, en los estados del medio oeste de Estados Unidos que definieron en triunfo de Trump. Muchos piensan que la integración con México ha causado la emigración y cierre de plantas en esos estados. A pesar de todo lo que se dice, esta aseveración no es cierta. De hecho, hay una alta correlación entre la expansión de la base industrial en México y el empleo manufacturero en Estados Unidos.

El grado de integración de ambos países es mucho más profundo de lo que se cree y actualmente la producción industrial es conjunta y ya no sólo para vender en América del Norte sino en el mundo. Es imposible producir en el medio oeste sin insumos de México o aquí sin insumos de esos estados.

La gráfica anexa muestra el comportamiento del empleo manufacturero en Estados Unidos y la participación de México en sus importaciones totales. En ella se ve claramente cómo cuando las exportaciones mexicanas ganan participación de mercado el empleo manufacturero en Estados Unidos crece o permanece constante pero no decrece. También puede verse que cuando la participación mexicana decrece, baja el empleo allá. Más aún se aprecia que las caídas en empleo coinciden mucho más con la adhesión de China a la OMC y la gran recesión de origen macroeconómico de 2008-09. Una lectura de esta gráfica debería llevar al nuevo gobierno de Estados Unidos a buscar no una menor integración con México, sino una mayor.

@eledece

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