Un hijo no es negociable, ni vivo ni muerto: Hipólito Mora

Luis Cárdenas

Tres veces insistió José Manuel Mireles, ya en libertad, hablar con Mora sobre la muerte de su hijo, las mismas tres veces que Mora lo mandó al carajo

Hipólito Mora es un hombre que habla derecho, sin enredos ni medias tintas.

Platiqué por primera vez con él hace algunos años, cuando el fenómeno de las autodefensas apenas nacía, entonces la gente de La Ruana, en Michoacán, se hartó de los abusos de Los Templarios y, literalmente, a pedradas los expulsaron de la zona.

Hipólito fue el líder del movimiento, él es el verdadero fundador de las autodefensas, sin importar que otros personajes, como el doctor Mireles, se convirtieron después en símbolos caudillos de batallas ajenas al propósito original.

Y es que, la autodefensa michoacana de La Ruana, la original, nunca buscó un movimiento subversivo, ni derrocar al mal gobierno ni, tampoco, convertirse en patente de corso para grupos criminales; la autodefensa original surgió como un mecanismo natural de desesperación frente al poder fáctico del narco que violentaba todo, desde la economía hasta la dignidad de la región.

Ayer pude platicar de nueva cuenta con Hipólito Mora. Abierto y franco estalló contra José Manuel Mireles y le pidió, al aire, en MVS, que de una vez por todas lo dejara en paz, lo responsabilizó de forma indirecta por la muerte de su hijo, pues Mireles, dice Mora, reclutó a sicarios como El Cenizo o El Americano, los famosos “perdonados”, a las filas de un movimiento que hoy ha costado más sangre inocente de lo que debiera.

Hace unos años, Hipólito me dijo que su mayor anhelo era volver a la huerta de limón, volver a trabajar la tierra y estar en calma. Eso fue mucho antes de la pérdida de su hijo en un enfrentamiento con El Americano, fue antes de Alfredo Castillo y de La Tuta y de las balaceras y de las amenazas y de la cárcel y de las cacerías humanas y de los niños armados para ser soldados de autodefensas y de la sublevación y de los caudillos y de los desaparecidos y de los torturados y de las ovejas que realmente eran lobos… Eso fue antes, mucho antes de la pérdida de su hijo, la misma que lloró en una celda, en la cárcel, tragándose la rabia y la impotencia por saber que la bala que lo privó de lo que más amaba provenía de alguien que, en algún momento, fue apoyado por Mireles.

Salió de prisión y aguantó, con Mireles preso no haría leña del árbol caído, lo respetó hasta donde pudo y fue la insistencia del caudillo lo que terminó por desesperarlo, tres veces insistió Mireles, ya en libertad, hablar con Mora, las mismas tres veces que Mora lo mandó al carajo.

Sabe que los mirelistas le dirán de todo, lo llamarán traidor y no le importa, sabe, me lo dice, que hay gente que piensa que va en bicicleta aunque en realidad va montando un burro.

DE COLOFÓN.— Opciones para Duarte: Almoloya, Jalisco, Tamaulipas, Nayarit, Veracruz, Tabasco, Durango, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Sonora, Guanajuato, Oaxaca, Chiapas o Morelos. No descartan máxima seguridad. No descartan media seguridad. No lo pueden juzgar por algo más sin pedirle permiso a Guatemala.
 

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