Manual para vernos la cara de tontos

Luis Cárdenas

Cuando presumían que el Paso Exprés de Cuernavaca, que nos costó cerca de 153 mdp por kilómetro, duraría más de 40 años, creo que muchos, casi todos, sabíamos que nos estaban engañando, que, como siempre, exageraban el discurso y nos pintaban una utopía irrealizable, pero también creo que casi nadie, salvo los muy cercanos a la obra, sabían que el relumbrón era, en realidad, una bomba de tiempo.

Sí, debería renunciar Gerardo Ruiz Esparza y muchos otros funcionarios más que son responsables directos o indirectos, lo deberían de hacer por dignidad propia y del país, lo deberían de hacer por sentido común.

Empero, independientemente de las grandes cabezas que el encono social reclama, deberíamos también exigir cuentas a las empresas, muchas de muchas obras, que nos han visto la cara de idiotas, por cochupo, por suerte, por transas o por vivales.

Para saber, legalmente hablando, qué responsabilidades tienen Aldesa y Epccor, las constructoras, hará falta esperar complicados peritajes que terminarán perdidos en los laberintos jurídicos que ofrece el sistema, aún así, llama la atención que Aldesa, empresa con capital español y consentida del sexenio, levante suspicacias, máxime ahora que el 60% de sus ingresos proviene de obras realizadas en México.

Epccor es otro caso que obliga a la reflexión por sus extraños orígenes, una empresa con raíces desde hace décadas en Gutsa, de Juan Diego Gutiérrez Cortina.

Durante el sexenio de Calderón, Gutsa fue inhabilitada y multada por diversas obras realizadas en la Autopista del Sol, para entonces Gutiérrez Cortina había convencido al regio Alfonso Romo de invertir en la empresa, pero, dadas las nuevas y complicadas circunstancias, hubo la necesidad de crear una nueva: Proyectos y Desarrollos de Infraestructura, PDI, que, junto con la “inhabilitada” Gutsa, participó en el desaseado proyecto de la Estela de Luz.

Por cuestiones legales, en PDI nunca figuró el nombre de Gutiérrez Cortina, sin embargo, señalan diversas fuentes, él era un hombre con el control total sobre la empresa y, mucho más, sobre sus recursos.

Epccor es la nueva imagen del negocio de Juan Diego Gutiérrez Cortina, sus hijos están al frente y aunque su vicepresidente corporativo, Adolfo Gómez, señala que Gutsa y Epccor “son totalmente ajenas”, lo cierto es que él mismo ha trabajado en las áreas de finanzas de Gutsa, PDI y ahora de Epccor.

También, cosa curiosa, solamente por nombrar algunos de sus principales ejecutivos, Fausto León Navarro, directivo en las áreas de construcción, ha participado en las tres empresas y el equipo jurídico de las mismas parece haber estado siempre a cargo de Álvaro Alcántara, una simple búsqueda en internet arroja desde informáticos hasta auxiliares contables que han participado tanto en Gutsa, PDI y ahora en Epccor.

Empresas ajenas, con nombres distintos pero con los mismos equipos técnicos y humanos, así, a cualquiera le importa poco una inhabilitación, el único límite es la cantidad de nuevos nombres para la misma empresa.

DE COLOFÓN.— Sospechan que el video de los justicieros de Santa Julia es un montaje para dañar políticamente al gobierno capitalino. ¿Y si no?

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