Con ustedes: ¡El teatro Borge!

Luis Cárdenas

Pocas personas pueden gastarse setenta mil pesos, más comidas y transporte, por un fin de semana en la Casona Chinchorros, enclavada en una de las zonas más paradisíacas de México, en Mahahual, al sur de Quintana Roo.

En agosto de 2014, Roberto Borge hizo posible el sueño de un concepto “chic caribe” para el empresario José Manuel Caballero, que pagó a través de su empresa, Rancho La Posadita, poco más de 10 millones de pesos por 203 hectáreas en el municipio de Othón P. Blanco.

Para ser más claros, Borge vendió a Caballero a un costo promedio de 5 pesos por metro cuadrado una de las zonas con mayor plusvalía en el país.

Desde septiembre del año pasado, la organización quintanarroense “Somos tus Ojos, Transparencia por QR”, ha denunciado legalmente ante la fiscalía local y la PGR acciones similares que integran un expediente de varios miles de millones en pérdidas para el estado a través de ventas simuladas a precios extremadamente castigados (y ridículos).

Al menos desde que Carlos Joaquín asumió la gubernatura del estado, las autoridades locales y federales tuvieron conocimiento del tema, pero no fue sino hasta los primeros minutos del lunes, cuando, con gran timing, en medio de un claro conflicto político derivado de elecciones sumamente cerradas en el Estado de México y Coahuila, Borge “cayó”.

Apenas la semana pasada, se filtró una orden de aprehensión contra el ex gobernador, la PGR lo busca por operaciones con recursos de procedencia ilícita y la fiscalía local tiene un expediente abierto en su contra, pero de acuerdo con la organización que abrió la cloaca de su administración, los empresarios ligados podrían terminar en total impunidad y Borge acusado con delitos muy difíciles de probar en tribunales.

Con mayor intensidad que en el caso de Javier Duarte, la detención de Roberto Borge deja un marcado sabor acre en la opinión pública, que difícilmente puede tragarse la historia de las “coincidencias” en los tiempos políticos y los tiempos de la justicia, se incrementa el rumor de la conspiración o del pacto y crece la imagen de la caja china como distractor previo al conflicto electoral.

¿Quién sabe?, tal vez todo se trató de una simple coincidencia desafortunada para una administración que no ha tenido mucha suerte.

DE COLOFÓN. Si AMLO estalla en una protesta postelectoral perderá mucho, pero si no convoca a una gran manifestación que implique alguna forma de rebeldía, también decepcionará mucho entre algunos de los suyos que no ven el momento de encender las antorchas. Nadie ganó el domingo, solo el rock.

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