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Estamos en un pleito de vecindad, tan frívolo como irrisorio. Dice Juan Carlos Rodríguez, colaborador de Javier Duarte y uno de los “priístas” a los que le suspendieron sus derechos partidistas, que él, simple, llana y claramente no es priísta.
¡Qué bonito!, estamos frente a una humillación por partida doble: primero, porque si, efectivamente, el señor Rodríguez no es priísta, la Comisión de Justicia Partidaria del PRI se aventó la puntada de quitarle derechos de militante a quien nunca los tuvo porque nunca fue miembro del partido, o sea que de golpe y porrazo lo hicieron priísta, le dieron derechos y luego se los quitaron, ¿nunca checaron su propio padrón antes de salir a los medios?
El segundo escenario es todavía peor: suponiendo que Rodríguez sí sea un militante del PRI, hoy simplemente los niega como negó Pedro a Jesús tres veces... O más claro, al señor le importa un comino ser, o haber sido, priísta, ¿qué le van a hacer?, ¿lo van a expulsar?, en un acto de prestidigitación jurídica él se las podría revertir: ¡Renuncia al partido!, total, nunca le importó mucho de cualquier forma, ¿y ahora qué harán los priístas que sienten en su partido al mismísimo Cristo Redentor de la Justicia si ya no hay a quién aplicarla?
Sea o no priísta, Rodriguez ha sentado un precedente fundamental en el discurso PRI vs Duarte: lo peor que podría pasarle a los implicados es ser expulsados de un club de Toby llamado Partido Revolucionario Institucional. Para los priístas definitivamente es un tema de la mayor importancia, pero ¿para los que no lo somos?, ¿qué nos importa que Duarte no pueda votar en el CEN del PRI, que no pueda ser postulado por el tricolor para un cargo de elección popular o que le quemen en leña verde su credencial (firmada o no por Colosio)?
Armando Barajas, consejero del PRI, y una de sus poquísimas voces críticas, interpuso la denuncia que hoy tiene a Duarte sin derechos partidistas desde el 21 de junio. Pasaron meses, lo batearon una, dos, tres, muchas veces hasta que se vieron con el agua al cuello y salieron, flamantes, a querer venderle a la opinión pública la imagen de un PRI que aplica la justicia dentro de sus filas con rigor sin igual… Un poco tarde, ¿no?
Como sea, lo interesante vendrá desde la PGR, desde el nuevo gobierno de Miguel Ángel Yunes, desde las posturas que tomen en la Presidencia de la República, lo interesante vendrá en la forma como se aplicará la ley a un gobernador que hoy día encarna la corrupción de este país, la ley de todos, no la del club de Toby.
¿Y Padrés?
DE COLOFÓN.— Niega el CEN del PAN que exista una estrategia de denostación contra Margarita Zavala, pero, me dicen, podría haber “alguien” (interno o externo) que se hace pasar como un cercano al presidente y les anda jugando mal. Dicen que van a investigar y, de encontrarlo, habrá consecuencias.
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