¡No es mucho pedir!

Heriberto Murrieta

Es lamentable que el renglón ganadero se haya descuidado el domingo pasado en la Plaza México.

Para nadie es un secreto que las figuras españolas imponen los encierros que se lidian en las plazas de nuestro país. En Europa enfrentan toros bien presentados pero en México abusan descaradamente de la comodidad y exigen un toro chico a cambio del billete grande. Intentan tomarles el pelo a los aficionados mexicanos, que finalmente sí se dan cuenta de los atropellos, por muy nobles o ingenuos que puedan ser. No nos toman en serio, en gran medida porque nosotros no nos damos a respetar. Ellos son grandes toreros y nadie puede poner en duda su enorme capacidad, pero francamente no se vale lo que hacen.

Que quede claro: nadie quiere un animal como el español, pues el toro mexicano tiene un fenotipo más pequeño. Lo único que se exige es que tenga la edad mínima reglamentaria, presencia y trapío. ¡No es mucho pedir!

Por supuesto que la empresa también es responsable del desaguisado dominical (ella es la presentadora del espectáculo), pero hasta cierto punto está atada de manos porque los toreros son quienes exigen tales o cuáles toros, y si no se los consigue no los puede contratar, y si no los contrata la gente no va a la plaza y no hay negocio. Todo un círculo vicioso.

Asimismo, el juez Jesús Morales es culpable por haber autorizado aquellos toros tan chicos, anovillados y faltos de remate, sin cara, ni pitones, ni morrillo, ni culata. Rechazar el encierro completo hubiera puesto en evidencia la falta de seriedad del ganadero e impedido que ‘El Juli’ llevara adelante su plan de dar al público gato por liebre. ¡De ese ínfimo tamaño no pueden ser los toros de Fernando de la Mora que José Tomás llevará al mano a mano del 31 de enero con Joselito Adame! Apelemos a la ética y la enorme categoría del ‘Monstruo de Galapagar’, y confiemos en que tal fraude no sucederá. El del último día de enero tiene que ser un espectáculo de primera.

¿Qué se puede decir de Fernando de la Mora? Que es un ganadero inescrupuloso, que le importa un pepino enviar novillotes a la Plaza México y que no parece preocuparle poner en riesgo el prestigio de su ganadería. Pero como en estos tiempos la mansedumbre es muy cotizada, vende encierros a precios elevadísimos. Un toro bravo no le hubiera perdonado la vida al torilero que, tapado por el capote de un subalterno, cerró la puerta sin darse cuenta de que el sexto torillo del domingo anterior, devuelto por insignificante, no había entrado a los corrales. Al voltear, se vio sorpresivamente a corta distancia frente a él, sin que éste mostrara la menor intención de embestirle.

Para colmo, varias fuentes confiables aseguran que ‘El Juli’ le endosó los toros más chicos a Octavio García ‘El Payo’, adulterando el resultado del sorteo con la finalidad de que las previsibles broncas le tocaran al diestro queretano, como acabó sucediendo. Fuerte lección para Octavio, que habrá aprendido a no volver a dejarse mangonear de esa manera. ¿Respingar hubiera supuesto no volver a torear al lado de Julián? ¡Qué más da, primero está la dignidad!

Justo ahora que el público está regresando a los tendidos, es obligado cuidar la buena presentación de los encierros. Javier Bernaldo seguramente puso sus barbas a remojar y no querrá ni de chiste una bronca como la del domingo pasado. No puede darse el lujo de fallar en la corrida de esta tarde, donde ese excelente diestro riojano que es Diego Urdiales sustituirá al lesionado Enrique Ponce para alternar con los Fermines, Rivera y Espinosa, en la quinta corrida de la Temporada Grande.

Placa. Hoy a la una de la tarde develaremos una placa afuera del palco 35 de la Plaza México para recordar que el maestro Jacobo Zabludovsky presenció ahí decenas de corridas de toros durante más de 40 años. Estará presente su viuda Sarita Nerubay. La iniciativa fue de nuestro amigo Marcos Guillén, quien contó con el respaldo del empresario Rafael Herrerías.

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