Lluvia de naturalizados

Heriberto Murrieta

El 7 de diciembre pasado, el Grupo Pachuca entregó a los dueños de clubes un estudio que demuestra la afectación que está causando el aumento paulatino de naturalizados en el futbol mexicano.

Antes de compartirles el contenido de una parte de ese documento, recordemos que el número de jugadores naturalizados subió en un año de 22 a 54, esto sin contar a los 84 extranjeros y los 16 no nacidos en México que no son elegibles para jugar eventualmente con la Selección Nacional.

El promedio de jugadores canteranos que juegan en la Liga MX es de 25%, a diferencia de Argentina (43%), Brasil (35%) y Alemania (27%).

Por otra parte, el costo de transferencia de un jugador naturalizado es de 1 millón 650 mil dólares aproximadamente, y el de un extranjero, de 2 millones 31 mil dólares, a diferencia del mucho menos oneroso costo de formación de un joven mexicano de fuerzas básicas: 300 mil dólares.

Sin embargo, los dueños prefieren contratar jugadores de fuera, aunque resulten mucho más caros. ¿Por qué? Porque consideran que tienen más capacidad y experiencia que aquéllos (argumento que puede ser válido) y también, no lo olvidemos, porque prefieren hacerse ricos que fomentar el surgimiento de nuevos valores.

En muchos casos, al inflar el valor de los jugadores, queda mucho dinero para quienes hacen las operaciones. Que luego no se quejen si no le va bien a la Selección….

El Grupo Pachuca también aportó esta información: de todos los extremos izquierdos que juegan en los 18 equipos del máximo circuito, sólo 5 son mexicanos. Del universo de enganches, sólo hay 5 de aquí. Y de los centros delanteros, únicamente 6 nacionales. De ahí que casi nunca surja un campeón de goleo nacido en nuestro país. Los 16 goles de Omar Bravo en los dos torneos de 2015 son un garbanzo de a libra.

Al paso que vamos, en el año que está por comenzar llegaremos a contar 200 naturalizados y extranjeros en el futbol mexicano, y en poco tiempo, el seleccionador nacional tendrá cada vez menos talento nativo del cuál echar mano.

Por increíble que parezca, muchos dueños siguen prefiriendo traer jugadores de fuera y no tienen mucha prisa que digamos para tomar como propias las iniciativas de Jesús Martínez.

Corresponde entonces a la Liga poner un límite. ¿Cuándo lo hará?

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