Cese por falta de seso

Heriberto Murrieta

Miguel Herrera no supo controlar su belicoso temperamento y eso le costó perder un proyecto importante en la Selección

Tras conocerse la noticia de la agresión de Miguel Herrera a Christian Martinoli, se veía venir la destitución de Herrera como el técnico de la Selección Mexicana de futbol.

No había otra alternativa. Se echó la soga al cuello. La agresión a Martinoli es un acto injustificable. Ni a la Federación Mexicana de Futbol ni a los patrocinadores de la Selección Mexicana les convenía ser consecuentes con un personaje que proyectaba tan deplorable imagen.

Miguel no se puede comportar como un vándalo, sino como el líder y ejemplo de un grupo de futbolistas. Hay maneras más inteligentes, elegantes y hasta estratégicas para dirimir diferencias. Y al decir estratégicas, pienso que el grotesco desenlace se pudo haber evitado con un diálogo a tiempo con Martinoli, no para pedirle que dejara de criticarlo, sino para intercambiar puntos de vista en un marco civilizado.

Las críticas mordaces de Luis García y Christian Martinoli sobre el desempeño de la Selección Nacional se realizan dentro de las transmisiones de TV Azteca, televisora que es socia comercial de la Federación Mexicana de Futbol. Esa circunstancia aumenta la valía de dichas opiniones, para mi gusto valientes, fundamentadas y en ocasiones ciertamente cargadas de ironía. Pedirles a García y a Martinoli que cambien su estilo sería matarlos periodísticamente. ¡Eso no debe suceder!

No nos confundamos. Christian Martinoli no es el culpable de la destitución de Miguel Herrera. El culpable del cese de Miguel Herrera es el propio Miguel Herrera, incapaz de controlar sus impulsos, pleitista empedernido que prefiere mentar madres antes que pensar en un trabajo, un proyecto a largo plazo, un dinero importante y la posibilidad de hacer historia con la Selección Nacional.

Ya venía tropezando el ‘Piojo’ desde que enjaretó propaganda política a sus seguidores en Twitter, aplaudió con sorna al árbitro del partido contra Ecuador en la Copa América (en lugar de anteponer la ineptitud de sus jugadores como la principal causa de la eliminación de ese torneo) y cuando insultó burdamente al propio Martinoli.

Miguel Herrera envió el martes un mensaje de arrepentimiento. “Regresaré siendo el mismo”, promete al final del comunicado. Cuidado. Si regresa siendo el mismo, el incorregible, el bravucón, no podemos descartar nuevas agresiones.

¿Cuál es su futuro? Dentro de un tiempo razonable volverá a la escena. Como entrenador es muy rescatable y no le falta capacidad. Sin embargo, el equipo que lo contrate deberá pedirle que, sin deshacerse de su proverbial intensidad, canalice su agresividad de otra manera.

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