Y sigue la mata dando

Heriberto Murrieta

“En Chivas debemos salir campeones para demostrarles a todos que el camino es tener más mexicanos y menos extranjeros”, ha dicho Jorge Vergara, a pocas horas del primer partido del Guadalajara en el Torneo Apertura 2015, mañana contra el Veracruz en el puerto jarocho. Vergara piensa que los naturalizados deben ser considerados como foráneos en el balompié nacional.

“Los naturalizados no afectan a las Chivas, sino a la Selección”, agregó horas después el técnico rojiblanco, José Manuel de la Torre.

Los comentarios de Vergara y de De la Torre llegan justo cuando el número de naturalizados sigue en aumento en el futbol mexicano. En agosto de 2014, el número de naturalizados que se disponían a comenzar la campaña era de 32. Un año después, la cantidad se ha elevado a 50, según informaron ayer Daniel Blumrosen y Héctor Alfonso Morales aquí en EL UNIVERSAL, en espera de que otros cuatro, entre ellos, Darío Benedetto, reciban en cualquier momento su carta de naturalización.

En efecto, la Selección Mexicana ya se está viendo afectada por la preferencia de los dueños de contratar jugadores no nacidos en México, especialmente en posiciones de ataque. La prueba es que Miguel Herrera tuvo que recurrir a un naturalizado de 33 años como Vicente Matías Vuoso para integrar la delantera del equipo nacional en la Copa América celebrada en Chile. Y esa será la problemática de aquí en adelante: el entrenador de la Selección, con pocos delanteros nativos elegibles. Benedetto, que al paso que vamos podría convertirse pronto en jugador del Tri, tiene 9 años menos que Vuoso y considerables posibilidades de enfundarse la verde dentro de poco tiempo.

Es muy válido que los dueños de los clubes quieran en sus filas a los mejores jugadores, sea cual sea su nacionalidad (y más en los torneos nuestros, cuya cortedad exige resultados inmediatos). Lo penoso es que muchos directivos prefieren hacer negocios con promotores trayendo ‘bultos’ que luego ni debutan en todo un torneo, antes que anhelar convertirse en surtidores de futbolistas para la Selección.

El orden de prioridades ha cambiado y hoy por hoy, primero importan los extranjeros, luego los naturalizados, enseguida los mexicanos experimentados y al final, los jóvenes provenientes de las fuerzas básicas.

Tarde o temprano tendrá que establecerse un tope, en aras de impulsar el surgimiento de jugadores nativos. De lo contrario, generaciones enteras de canteranos se perderán, sin haber tenido la oportunidad de tocar un balón en la Primera División.

Una opción para impedir semejante desperdicio histórico sería retomar la regla 20/11, establecida en 2005 y derogada en 2011, que obligaba a los clubes a programar a jugadores nativos menores de 21 años en sus cuadros titulares, impulsando de esa manera su desarrollo en el máximo circuito.

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