Jacobo y los deportes

Heriberto Murrieta

La última entrevista que realizó Jacobo Zabludovsky en televisión fue a un deportista: Pelé. Era la lluviosa tarde del 2 de junio pasado en el estadio Pedro Marrero de La Habana. Ese día se había producido el anuncio de la dimisión de Joseph Blatter a la presidencia de la FIFA y Jacobo le hizo la pregunta obligada en torno al tema. Se plantó delante del brasileño con arrestos de reportero, intentó identificarse con el moreno para suavizar el encuentro y prácticamente le cerró el paso, impulsado por su intuición periodística. El evasivo de Pelé no respondió la pregunta, pero ese es otro cantar. Exactamente un mes después de realizar su última entrevista, Jacobo falleció.

A lo largo de su dilatado magisterio, Zabludovsky entrevistó a muchos deportistas y toreros. En uno de sus programas logró desenmascarar al famoso luchador Rodolfo Guzmán ‘El Santo’. Sus jocosas conversaciones con Rubén Olivares son verdaderos clásicos de la televisión. Le parecían extraordinarias las parodias que de esas entrevistas hicieron Los Polivoces. Todavía hace un mes en Cuba le mostré algunos videos en la pantalla de mi teléfono de las sensacionales imitaciones de Eduardo Manzano y Enrique Cuenca, donde ‘El Púas’ acaba convenciendo a Jacobo de interrumpir el noticiero para irse con el púgil a echarse unas frías.

Aunque me contaba que de niño jugaba futbol en La Merced y que Antonio Ordóñez, antiguo jugador del Asturias y años después presidente del desaparecido Atlético Español, era el propietario de la panadería cercana a la vecindad donde nació, en realidad Jacobo no era aficionado a los deportes. Pero como le interesaba todo lo que fuera noticia y estaba consciente de que un amplio sector del público televidente gusta de ellos, particularmente el futbol, siempre abrió espacios para la información deportiva en sus programas. Fue así como aparecieron en la conducción de la sección deportiva de 24 Horas José Ramón Garmabella, Cristina Rubiales (hija de Paco Malgesto), Eduardo Andrade y Jorge Berry, antes de la llegada de Fernando Schwartz, quien fue suplente de Berry de 1978 a 1980 y titular del espacio de 1980 a 1986.

Fernando, reportero nato, dueño de una impresionante retentiva, buscador de noticias de tiempo completo, daba las notas rápido y sin mirar el papel que llevaba como referencia. Muchas entrevistas valiosas con las figuras del momento consiguió Schwartz a lo largo de esos seis años en el emblemático noticiero.

Muchas personas piensan que entré a 24 Horas inmediatamente después de Fernando, pero no fue así. Entre 1986 y 1988, Jacobo quiso probar con conductoras, como ya lo había hecho en los setenta con Cristina Rubiales. Así, pasaron por la pantalla Ana Silvia Flamand, reportera de bello rostro que usaba unos gorritos de colores para entrar al aire; la clavadista olímpica Elsa Tenorio y Mara Montero, quien estuvo sólo unos días en la emisión. Si no mal recuerdo, Ana Silvia y Elsa no aparecían en el estudio, sino grabadas en alguna locación, a diferencia de Mara, que sí se sentó en la silla máxima a la que podía aspirar todo periodista deportivo. La mañana del 5 de diciembre de 1988, Jacobo se me acercó mientras aporreaba una máquina de escribir mecánica en el cuarto piso de Televisa Chapultepec y me preguntó si quería conducir la sección deportiva de 24 Horas. Yo llevaba cuatro años trabajando en Televisa y había tenido algunos encuentros fugaces con él. El que más recuerdo, el más duro y formativo, fue cuando Jacobo me rompió el papel en mis narices y me obligó a redactar nuevamente la nota de una entrevista que le hice a ‘Cantinflas’, hasta que la tercera fue la vencida y el alivio al fin llegó con su firma de visto bueno. No puedo negar que sudé tinta, pero aprendí que con Jacobo la información debía ser corta y concisa. Cuando aquella mañana de 1988 Zabludovsky me invitó a colaborar con él, le respondí de inmediato que sí, y el maestro, que en ese momento tenía 60 años, espetó con su clásica ironía: “Pues empiezas hoy, viejito”. Como el torero que entra a un cartel de última hora en sustitución de otro, ni tiempo tuve de ponerme nervioso porque a las pocas horas debutaba en el programa que se convertiría en mi gran plataforma de despegue profesional. A los pocos días le propuse incorporar un mini reportaje taurino semanal dentro de la sección. Esas cápsulas las bautizó como ‘Jueves Taurinos’, en recuerdo de los festejos que se presentaban el cuarto día de la semana en la legendaria plaza de toros El Toreo de la Condesa.

Desde la primera noche me presentó como ‘El Joven’ Murrieta. Aunque en los dos últimos años de 24 Horas me anunció cada noche como Heriberto Murrieta, el apodo ya se había arraigado. 27 años después el sobrenombre, aunque obsoleto, permanece como un recuerdo entrañable de su afecto.

Mantenerme casi 10 años al frente de la sección deportiva y taurina de 24 Horas significó un aprendizaje periodístico incalculable. Jacobo era en sí mismo una universidad de periodismo. Después de él y de Lolita Ayala, me enorgullece hacer sido el comunicador que más tiempo apareció en el célebre y controversial programa de noticias.

Siempre estaré agradecido con mi querido y admirado maestro por haberme elegido para trabajar con él, aprendiendo de su enorme capacidad y su sabiduría de vida. Un honor haber estado a su lado en su última aparición en televisión, a través de ESPN, durante la nota posterior a la referida entrevista a Pelé.

Espero haber tomado nota de sus enseñanzas. Había mucho que aprenderle. Su cultura, su capacidad de trabajo, su disciplina, su deslumbrante inteligencia, su amenidad como conversador, su agudo sentido del humor, su disposición para trabajar, su fortaleza ante las enfermedades, su talento para desbrozar la información y determinar cuál era la nota, su calidad humana, su gran espíritu y su forma tan positiva de ver la vida. Termino estas líneas con profunda tristeza. Con un recuerdo lleno de respeto, admiración y cariño. Jacobo me ha marcado para siempre.

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