AMLO, el Ejército y el aeropuerto 'patito'

Héctor De Mauleón

La propuesta de Andrés Manuel López Obrador de hacer un aeropuerto en la base militar de Santa Lucía no es nueva. Fue planteada —y declarada inviable— hace 20 años, en el lejano 1995.

En ese tiempo se exploraba la posibilidad de abrir un nuevo aeropuerto en el estado de Hidalgo, concretamente en Tizayuca, y de aprovechar la infraestructura de Santa Lucía para expandir las operaciones de aeronaves nacionales y extranjeras. Se había probado que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México se hallaba al borde del colapso.

Ese año, la Defensa Nacional solicitó al general Juan Arturo Villasana Castillo, comandante de la Base Militar No. 1 de Santa Lucía, que realizara un estudio “sobre la construcción de un aeropuerto internacional en el estado de Hidalgo, y sus implicaciones en la BAM No. 1 y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México”.

El general Villasana Castillo presentó los resultados de su estudio el 5 de agosto de 1995.

Al describir las características de la base de Santa Lucía, el estudio señaló:

“1.— El subsuelo en que se encuentra ubicada la Base Aérea Militar No. 1 es del tipo arcilloso expansivo por haber sido en el pasado un lago, lo cual ha provocado hundimientos en las pistas y carretera de acceso a esta base, y en algunas instalaciones de la misma, lo que representa una limitante para aeronaves de gran tonelaje.

2.— Existe una prominencia orográfica con elevación de 200 pies en la cabecera de la Pista 22, la cual provocó que se recorriera el umbral de la misma pista por el riesgo que representa una elevación para las aeronaves que aterrizan en ese sentido; además de que dicha elevación constituye un peligro para las aeronaves que despegan, específicamente para aviones T-33”.

Después de detallar la cantidad de escuadrones aéreos, helicópteros, implementos bélicos, batallones de combate e instalaciones (la Escuela Militar de Tropas Especialistas de Fuerza Aérea, una unidad habitacional con mil 53 casas, cine, plaza, institución bancaria, enfermería y escuelas) que alberga Santa Lucía, el general apuntó en su informe:

“A.— Por motivos de seguridad nacional, es necesario que la Base Aérea Militar No. 1 permanezca en su actual ubicación y en forma independiente, descartando toda posibilidad de reubicar a la aviación civil dentro de esta base”.

En la última página del estudio, recalcó: “De igual forma y dentro del marco de seguridad nacional y estratégico (se recomienda) descartar toda posibilidad de reubicación de esta base o permitir que la aviación civil se establezca en la misma”.

En 2001 y 2009 hubo nuevos intentos del gobierno para incluir la base en un sistema metropolitano de aeropuertos. Los militares dijeron siempre que las operaciones de la base aérea más grande del país —y la única en que se realiza el adiestramiento de la brigada de fusileros paracaidistas— no eran compatibles con los fines de la aviación comercial.

No parece que en sólo seis años el suelo arcilloso expansivo haya cambiado, ni que las pistas, ni la carretera de acceso, ni las instalaciones de la base hayan dejado de hundirse. No parece, tampoco, que en sólo seis años “el marco de la seguridad nacional” haya cambiado y ahora no tenga la menor importancia lo que el Ejército ha rechazado, por razones estratégicas, durante años: que la aviación civil se establezca en sus terrenos.

Un deslenguado lopezobradorista ha propalado la versión de que militares de Santa Lucía abrieron a la gente de AMLO las puertas de la base, y le dejaron estudiar instalaciones, topografía, condiciones climáticas, etcétera.

En una entrevista concedida antier, José Luis Luege, uno de los principales opositores al proyecto del gobierno federal —que como se sabe pretende construir el nuevo aeropuerto en Texcoco— dijo que le resultaba preocupante que los militares que rechazaron tantas veces que su base fuera tomada por la aviación comercial, guardaran silencio ante la propuesta de AMLO: como si en lugar del destino de la base militar más grande de México, se estuviera discutiendo el destino de un campo de golf.

Lo que quiere decir que dentro de las Fuerzas Armadas hay oposiciones que trabajan en silencio —y en el gobierno de Peña Nieto algo preocupante qué atender.

@hdemauleon

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