Jo Nesbo: Muñeco de nieve

César Güemes

Lo que nos llegaba hasta hace unas décadas de los países nórdicos eran, o el cine de Bergman —alabado sea— o las imágenes de modelos suecas, espectaculares y también alabadas.

Por lo demás —y desde luego debido a su limpia organización política, al mejor sistema educativo del mundo mundial y a su carácter vikingo— lo cierto es que los nórdicos hacían muy poco ruido en el estruendoso mundo occidental. Y tenían razón.

Sólo que la condición humana evoluciona de forma individual y, entonces, así sea un crimen por cada 200 mil habitantes, el crimen ahí está, con sangre y saña. Y no dude el lector de que sea justo por la bajísima incidencia que resulta escandaloso: deja de ser cotidianidad amarga y se vuelve noticia, primero, y acto seguido pasa a ser estudiado y combatido hasta que no quede copo sobre copo.

Entonces ocurre la magia: aparece la literatura nórdica del crimen. Y levanta polvo, y nieve, y cantidades enormes, muy agradecibles, de lectores. De ahí viene Jo Nesbo, un escritor salido del frío en donde sencillamente la vida era y es tan ordenada, que no hay en los diarios de por allá ni el reporte del robo de una dona con chocolate.

Penguin Random House se ha dado a la tarea de traer al castellano la obra completa de Nesbo, al menos la referida a su detective Harry Hole. Y estamos a tiempo apenas de mencionarlo porque Nesbo —compositor y músico líder de su banda Di Derre, nacido en Oslo en 1960, traducido a 40 idiomas (al nuestro gracias a Carmen Montes y Ada Berntsen)— arribará en breve en forma de película con su gran novela, Muñeco de nieve.

Y vea usted con qué elenco, bajo la dirección de Tomas Alfredson (Déjame entrar, El topo): Michael Fassbender (Malditos bastardos, Jobs), J.K. Simmons (el que encarna siempre al más odiado, hasta cuando, como en Whiplash, es tan verosímil que se lleva el Óscar), Rebecca Ferguson (La reina blanca, Misión imposible) y James D'Arcy (Dunkerque).

George R. R. Martin tiene al planeta pendiente del menor movimiento de su ya indispensable Juego de Tronos porque él creó ese universo maravilloso. Mientras, Nesbo se vuelve adictivo por hablar de una vida más cercana pero igual de humana para entender cómo se rompió el juguete y luego para rearmarlo a fin de que regrese la paz. Y su personaje puede hacerlo, y pagar por ello precios altísimos, entre los que se cuentan la salud física y desde luego la emocional, que ya venía tambaleándose desde novelas previas a Muñeco de nieve y su probable asesino en serie.

La serie del detective Harry Hole vale, sumando libro a libro, no sólo al número de jugadores que marca el reglamento, sino más que los 222 millones de euros que se pagaron por Neymar (quien, por cierto, verá que no es lo mismo tener a su lado a Messi y a Suárez, dupla letal y generosa, que convertirse en un “wonderboy” en solitario: al tiempo).

El protagonista Harry Hole, en el vigésimo aniversario de su llegada al mundo, ofrece una alineación imbatible, y desde luego no a capricho sino por orden cronológico. La oncena es: El murciélago, Cucarachas, Petirrojo, Némesis, La estrella del diablo, El redentor, El muñeco de nieve, El leopardo, Fantasma, Policía y La sed.

En México sólo sería equiparable a la serie de Hole el personaje del extraordinario y sinaloense Élmer Mendoza, el Zurdo Mendieta. Fuera de él, nadie tiene actualmente la continuidad y el respeto de los lectores.

Jo Nesbo, Harry Hole, Muñeco de nieve: refresquemos el verano verso a verso, copo a copo.

@cesarguemes

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