Renegociación

Andrew Selee

Esta semana se filtró lo que parece ser el borrador de una carta de la administración de Donald Trump al Congreso de Estados Unidos para iniciar la consulta legislativa requerida antes de abrir una negociación sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. No sabemos aún a ciencia cierta si la carta es verídica ni si puede sufrir cambios antes de finalizarse, pero es probable que lo sea, según varias fuentes de información.

Lo que es más notable de la carta es el tono respetuoso hacia los países vecinos de México y Canadá. Contrario a declaraciones anteriores del inquilino de la Casa Blanca en las que el TLCAN era el peor acuerdo en la historia y que tenía que rehacerse completamente, la carta habla de “fortalecer la relación comercial en América del Norte” y que tiene como propósito “hacerlo más redituable, llevar a cabo la manufactura dentro del bloque comercial”, reconociendo que Canadá y México son los socios comerciales más importantes para Estados Unidos.

El resto del documento representa las posturas del gobierno de Estados Unidos frente a Canadá y México para la renegociación del Tratado que son, en su mayoría, modestas y graduales. Tocan temas como las reglas de origen, impuestos y subsidios, además de comercio digital y otros temas que hace un par de décadas no estaban ni siquiera bajo consideración. Algunas serán controversiales en México y Canadá, como sucede en cualquier negociación comercial, pero ninguna parece ser ni ofensiva ni fuera de lugar para ser un punto de debate serio entre los tres países, y los gobiernos de México y Canadá llevarán sus propias demandas a la mesa también.

Es interesante observar un giro lento del gobierno de Trump de las declaraciones grandilocuentes y pomposas a propuestas cada vez más realistas y modestas. Poco a poco, quizás, está aprendiendo a gobernar, o por lo menos que gobernar es difícil y requiere de más que declaraciones y opiniones.

Pero este proceso todavía tiene muchas incógnitas. Algunos de los puntos propuestos por el gobierno de Estados Unidos podrían resultar particularmente dificultosos si su intención es imponer condiciones unilaterales a México y Canadá en temas como impuestos, subsidios agrícolas y compras gubernamentales.

Tampoco es claro si la administración de Trump tendrá la facilidad de que un nuevo tratado, aún si recibe el aval de los tres gobiernos, se apruebe en el Congreso. Trump sufrió su primera derrota en el Congreso la semana pasada, en la votación sobre el sistema de salud, y aún no muestra mucha habilidad para entender y negociar con el Congreso. Y del lado mexicano, las elecciones de 2018 podrían bien cambiar la conformación del Legislativo y hacer difícil que se apruebe un nuevo tratado en México.

Finalmente Trump también podría cometer un sabotaje de las negociaciones, con una declaración o tuit que haga imposible que los otros dos países sigan en la mesa de diálogo. Si los resultados de la negociación no llegan a satisfacer los compromisos que hizo con su base, siempre es posible que prefiera boicotear el acuerdo contra las recomendaciones de sus propios asesores. Hoy hay pocas cosas predecibles en Washington.

Sin embargo, el saldo de las primeras líneas escritas sobre la renegociación del TLCAN por la administración actual en Washington, si son verídicas, parecen ser mucho más alentadoras de lo que esperábamos. A ver qué sigue en este rumbo en los próximos días.

 

Vicepresidente ejecutivo del Centro Woodrow Wilson

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