El árbol pagano que conquistó la Navidad

Mochilazo en el tiempo

El árbol de Navidad que conocemos tuvo su origen en los pueblos germanos. En el siglo XVI llegó al continente americano y hoy su precio va de los 400 a los 15 mil pesos

Texto y fotos actuales: Uriel Gámez Hernández
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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La mayoría de los hogares en México se pintan de verde en diciembre. Adornos plásticos, esferas de cristal y luces de colores complementan a un elemento clave para la celebración de las fiestas religiosas en honor del nacimiento de Jesús: el árbol navideño, natural o artificial, del gusto y tamaño, según el alcance de cada familia.

¿Dónde pondrían los reyes magos (o Santa Claus) los juguetes para los niños si no bajo el árbol navideño? Este símbolo navideño es uno de los más populares de la temporada y uno sin los cuales los festejos no serían iguales.

El pino purifica los hogares y los llena de vida; Juana de Ibarbourou, poeta uruguaya escribió:

Yo digo ¡pinos! y siento
Que se me aclara el alma.
Yo digo ¡pinos! y en mis oídos
Rumorea la selva.
Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa
La frescura de las fuentes salvajes.

Sin duda cuando el aroma de los pinos inunda el ambiente decembrino inmediatamente se relaciona a la Navidad. En la cena la mezcla de este olor junto al del ponche caliente y los guisados, acompañados por la charla de la familia es sinónimo de júbilo.

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En época decembrina en los mercados comienza la venta de arbolitos de Navidad. En esta fotografía se pueden ver varios y una lona que destaca que son importados.

El árbol y cada uno de sus adornos tienen un peculiar significado pero la creatividad y el diseño de este va más allá: depende del gusto de cada persona. Así, cada pino es único y especial.

Concurso de árboles navideños de  EL UNIVERSAL

En 1917 EL UNIVERSAL llevó a cabo un concurso en el que invitaba a niños a montar su árbol de navidad. El diario en su papel de “despertar en la niñez sentimientos de emulación saludable, (decidió) convocar a concurso para premiar a los niños a quienes pertenecieran los árboles más artísticamente adornados”.

Durante su año de existencia el periódico ya había convocado a otros concursos, pero este era el primero de su tipo. El dos de diciembre de 1917 se convocó al público a participar.

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Plana de EL UNIVERSAL en la que se convocó a los niños a participar en el concurso de arbolitos de Navidad. Los jueces calificaron “juzgar el buen gusto y arte” de todos los pinos. La ganadora del primer lugar fue la niña Gloria Vicenti. 

Los jefes de hogar tenían que registrar en las oficinas de EL UNIVERSAL el domicilio y el nombre del niño o niña que fuera a concursar; sólo podía participar un infante por casa. La convocatoria quedó abierta hasta el 22 de diciembre de ese año.

Los jueces calificaron a “cada una de las casas inscritas para juzgar el buen gusto y arte del árbol que se haya hecho” para poder asignar los niños ganadores. 

Los premios para los concursantes eran un diploma de honor y: para el primer lugar una casa de muñecas de “El Junco” y  una estatuilla; para el segundo un fonógrafo y un traje y para el tercero un tiro al blanco.

El resultado del concurso se publicó el Día de reyes de 1918 en EL UNIVERSAL y en EL UNIVERSAL ILUSTRADO. La ganadora del primer lugar fue la niña Gloria Vicenti, ella obtuvo “la recompensa máxima”.

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Gráficas publicadas en EL UNIVERSAL ILUSTRADO en las que se pueden ver los tres árboles ganadores del concurso. La niña Vicenti se retrata junto a su pino y sus regalos de Día de Reyes. En las fotos se puede ver la diferencia de los árboles a cien años: antes eran menos frondosos que ahora.

El origen del árbol

“El árbol de Navidad realmente no es de Navidad; es una tradición anglosajona que se fue incorporando a la celebración cristiana de la Navidad”, dijo el sacerdote Luis Cano, del templo de San Felipe Neri, en entrevista con EL UNIVERSAL.

El cura, ante no tener más información, recomendó a este diario revisar páginas web de fuente confiable. “Originalmente no es un signo cristiano, es de origen pagano” aseguró.

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Plana de EL UNIVERSAL publicada el 23 de diciembre de 1917, en vísperas de Nochebuena. La ilustración retrata a la Catedral Metropolitana con dos árboles al costado y abajo algunos juguetes y retratos de niños nacidos en ese año.

En el solsticio de invierno, los pueblos germanos que procesaban una religión politeísta, basada en la mitología nórdica,  celebraban la renovación de la vida adornando con antorchas un árbol llamado Yggdrasil; la copa representaba la morada de los dioses y las raíces al reino de los muertos. El fuego de las antorchas representaba a la luna, al sol y las estrellas, según el sitio es.catholic.net.

Durante la evangelización de estos pueblos por San Bonifacio (patrón de los cerveceros y sastres)  tomó otro significado. Él derribó el Yggdrasil, plantó un pino (símbolo de amor, fuerza e inmortalidad) y lo adornó con manzanas y velas: el pecado y Jesucristo, la luz, respectivamente. Esto en las primeras décadas del siglo VI (alrededor del año 720). Los germanos conversos retomaron esta idea para expandir el cristianismo en sus tierras.

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Las esferas que cuelgan del árbol se remontan a las manzanas colgadas por San Bonifacio en el Yggdrasil de los pueblos germanos. Con el tiempo han sido fabricadas en distintos materiales y colores que adquieren diferentes significados. Las tradicionales son las de color rojo y dorado.

Con las guerras y las conquistas se expandió por toda Europa hasta llegar a territorios del continente americano.

Según la página web Brújula de Compra de la Profeco y la Secretaria de Economía, los árboles navideños llegaron a México en época de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867). Después de su fusilamiento las costumbres fomentadas por este  emperador y su corte fueron desprestigiadas; así el pueblo dejó de decorar árboles en la Navidad.

Este sitio virtual también indica que en 1878, Miguel Negrete, político mexicano, juarista, gobernador de Puebla en 1863 y rival de Porfirio Díaz, adornó un enorme árbol de forma tan espectacular, que le valió mención en varios diarios de la época. La población adoptó poco a poco otra vez esta costumbre, sobre todo en las zonas urbanas, en donde alcanzó su auge a partir de los años 50, cuando la mercadotecnia estadounidense fomentó más la tradición por medio del cine y la televisión.

Con el paso del tiempo y las innovaciones tecnológicas las manzanas fueron sustituidas por esferas de cristal y las veladoras por series eléctricas que ornamentan a los pinos en la mayoría de hogares.

También los colores adoptaron otros significados: el rojo es petición; dorado, alabanza; el plateado es agradecimiento y el azul arrepentimiento.

A la forma triangular del pino también se atribuye el significado de la santísima trinidad; la estrella de la punta es la guía para el cristiano, igual que la de Belén.

Venta de Pinos ¿en la Alameda?

Hacia 1917-1920 en el que se podía encontrar todo un mercado de productos para la época navideña en la Alameda Central: piñatas, guajolotes, musgo, heno y árboles, como lo podemos ver en nuestra foto principal, tomada del Facebook del Archivo General de la Nación.

Este momento fue captado por el fotógrafo C.B. Waite en la calle Rinconada de San Diego y Portillo de San Diego, que en la actualidad es la Avenida Hidalgo. La foto lleva por título Navidad en México. Venta de decoraciones.

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La oferta de árboles de Navidad, heno y musgo en las inmediaciones de la Alameda Central, por los rumbos de la desaparecida calle de Rinconada de San Diego y Portillo de San Diego, hoy avenida Hidalgo. Este lugar era el que tradicionalmente ocupaban los vendedores de artículos navideños a principios del Siglo XX // Crédito: Col. Villasana-Torres.

EL UNIVERSAL realizó un sondeo mostrando la foto a la gente para saber si alguien reconocía el lugar pero las repuestas fueron siempre negativas. Una señora dijo que “se parece mucho al centro histórico pero hacia adentro”; otra más comentó: “no estoy tan vieja para acordarme de eso”.

Carlos Villasana escribió en EL UNIVERSAL que “a principios del siglo XX y hasta los años 70, la época decembrina en el centro se vivía con piñatas que emulaban a las nanas, los vendedores ofrecían guajolotes vivos para la cena y en el zócalo se veían nacimientos y sencillos adornos”.

Hoy podemos encontrar pinos, esferas, listones y todo tipo de adornos en la calle de Corregidora. EL UNIVERSAL acudió a estos locales pero en ninguno pudo obtener información de los dueños, “no me interesa” o “no tengo tiempo” fueron sus respuestas.

Otros lugares de tradición para encontrar estos artículos son Correo Mayor, hablando del centro, así como en la mayoría de los mercados capitalinos, como en el de Jamaica o la Merced.

Según información de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), las entidades mexicanas productoras de árboles naturales navideños son: Estado de México, Guanajuato, Distrito Federal, Coahuila y otros 16 estados del país.

El costo de los árboles navideños naturales varía entre los 400 y más de 5 mil pesos en promedio, y en tiendas departamentales hasta 15 mil pesos. Las especies en venta más comunes son: Pino, Abeto y Cedro entre otros, conocidos como Douglas que varían de metro y medio hasta 3 metros; el Noble de metro y medio hasta los 4.5 metros de altura; los Nordmann de hasta 3 metros y los Vikingos de dos metros y medio, todos de altura promedio.

Las ventajas de adquirir en esta época navideña un árbol natural y otro artificial es que los naturales son biodegradables, producen oxígeno y desprenden olor a bosque; sin embargo, sólo pueden utilizarse una vez y son más frágiles que los artificiales.

En cambio los artificiales pueden utilizarse varias veces, pero no desprenden ese olor característico, el aroma navideño, y son elaborados con materiales que contaminan el ambiente.

Recorrido por algunos puntos de venta

En la explanada del mercado Ingeniero Gonzalo Peña Manterola, mejor conocido como Mercado Cartagena, en Tacubaya, hay un pasillo dedicado a la venta de productos para la Navidad. Allí la señora Elodia Juárez tiene un puesto en el cual vende arbolitos artificiales.

Ella vende árboles desde hace 35 años. Los que ella vende son de plástico y la calidad de la marca que ella trabaja es de las mejores, no ha tenido cambios. En contraparte su hija vende naturales “pero este año no hubo muchos; estuvo carísimo, no sé por qué subió tanto. Aparte les falta calidad”. Como son de maceta se secan rápido.

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Publicidad del 1 de diciembre de 1960 publicada en EL UNIVERSAL. Los pinos que se vendieron en El Palacio de Hierro costaban entre los $16.90 de hasta 90 centímetros y los $185 en arboles de más de tres metros. Todo en pesos de la época.

Estos árboles los consiguen en la Central de Abastos. La señora Juárez comentó a EL UNIVERSAL que antes los árboles se vendían bien “pero ahorita se venden alrededor de 50 o 60 durante toda la temporada”; los costos van desde los 100 a los 800 pesos, dependiendo del tamaño y el follaje.

Un poco hacia el sur, en el mercado de flores de San Ángel sobre la Avenida Revolución, en la delegación Álvaro Obregón, varios locatarios ofrecen en esta época árboles de Navidad, naturales.

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Fotografía de 1993 en la que se aprecia la cantidad de árboles de Navidad que se ofertaban a los compradores. De diversos tamaños, formas y follajes.

El señor Serafín Salinas es uno de estos comerciantes en San Ángel. Él vende pinos desde hace quince años. Comentó a EL UNIVERSAL que vende entre 70 a 80 árboles por temporada. Acepta la entrevista, “pero que sea breve” dijo.

-¿Qué lo llevó a vender arbolitos?
- La tradición; fue una iniciativa propia
-¿Qué siente al vender uno?
-Satisfacción

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El señor Salinas lee mientras espera a su clientela en el Mercado de Flores de San Ángel. Él comenta que vende aproximadamente 80 árboles durante la temporada navideña.

Contestó sólo con las palabras necesarias. Los pinos que vende los trae de Oregon, Estados Unidos. Su costo oscila entre los 800 y los mil 500 pesos. Estos árboles no necesitan de cuidados especiales, “ya tienen su ciclo de vida” que es de aproximadamente tres meses.

Las series no dañan la vida del árbol. El señor Salinas, ocasionalmente, pone el árbol con su familia. Se le preguntó qué es mejor si un artificial o uno natural, contestó que el natural, pues tiene “el espíritu navideño por el aroma que despide”.

Entonces los costos para poner un árbol mediano, con luces y esferas, son los siguientes: en los mercados la docena de esferas tiene un costo de 50 pesos; las series de luces cuestan entre 160 y 200 pesos de led (ahorradoras de energía), pero las más sencillas se pueden comprar hasta en 80 pesos.

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Los pinos artificiales entraron al mercado ofertado a bajo costo.

Así, un árbol mediano con dos series de luces (320 pesos) y cuatro docenas de esferas para que quede tupido (250 pesos) da un total de 1,170 pesos si es artificial y 1,770 pesos si es natural. Sin sumar el costo de los nacimientos que oscila entre los 200 y los dos mil pesos.

Un trabajador que gana el salario mínimo de 73 pesos tarda en promedio 24 días para adquirir los elementos para un árbol de Navidad mediano y sencillo, pues necesita trabajar de lunes a sábado durante cuatro semanas.

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En la foto de arriba, de 1989, se observa a un niño cargando su árbol natural aún con las ramas amarradas. En la inferior otro niño lleva en sus manos un pino artificial incompleto hacia 1994. Poder acceder a un buen árbol navideño se necesita de varios días de salario para comprarlo.

En la época actual estos atractivos navideños en el zócalo se han modificado y han pasado de unos cuantos adornos sencillos y el clásico alumbrado a la implementación anual de una gran pista de hielo desde la administración de Marcelo Ebrard y la presencia de un árbol navideño de 70 metros de altura; además del show de luces y de nieve en la calle peatonal de Madero, motivos de época que invitan al paseante a visitar el centro de la Ciudad por las noches de diciembre.

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Adorno sencillo con nochebuenas y la Catedral Metropolitana al fondo // Crédito: Col. Villasana-Torres.

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En esta toma también se observa la Catedral y parte de la pista de hielo que el gobierno de la Ciudad pone en la plancha del Zócalo desde 2007.

Fotos antiguas: Archivo fotográfico EL UNIVERSAL, Colección Villasana-Torres y Facebook del Archivo General de la Nación. 
Fuentes: Entrevistas para EL UNIVERSAL del sacerdote Luis Cano, del templo de San Felipe Neri; Elodia Juárez y Serafín Salinas comerciantes; sondeos; consulta del sitio web es.catholic.net; Brújula de compra de Profeco: Arboles de Navidad. Una compra al natural de la Profeco; Planas de EL UNIVERSAL y EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

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