La descuidada Plaza de la Santa Veracruz

Mochilazo en el tiempo

Situada en un lugar privilegiado de la avenida Hidalgo, a un costado de la Alameda Central, entre los templos de la Santa Veracruz y San Juan de Dios, y los Museos Franz Mayer y el Nacional de la Estampa, esta histórica Plaza requiere ser rescatada urgentemente del olvido

Texto y fotos actuales: Uriel Gámez Hernández
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

Compara el antes y después deslizando la barra central (ABRIR MÁS GRANDE)

Al caminar sobre la Avenida Hidalgo, del lado contrario a la Alameda, se puede encontrar una plaza rodeada por construcciones antiguas y árboles: se trata de la Plaza de la Santa Veracruz. Para entrar a ella se deben bajar un par de peldaños, ya que pareciera que está hundida. A la distancia parece un buen lugar donde pasar una mañana o una tarde tranquila, pero al acercarse el olor de la basura, los orines y heces de los indigentes que de pronto pernoctan en ella, la vuelven un sitio inseguro y al que pocos quieren acercarse.

Quienes pasan por ahí tienen una ruta trazada, a la cual se dirigen sin hacer escalas: Alguno de los dos templos que la rodean o alguno de los museos de arte que ahí también se erigen: el Franz Mayer y el Nacional de la Estampa. Pero quienes pasan la mayor parte del tiempo en este espacio, por su trabajo, quieren que se le preste atención y sea rescatado.

 “Tenemos poco de llegar, unos cinco meses; hay mucha inseguridad, está todo muy sucio, nomás vienen y lavan dos lunes. Quitan la basura y echan agua con cloro porque todo está lleno de orines. Seguido asaltan; hay muchos indigentes, nos incendiaron la puerta (de la iglesia). Estas personas llegan a las inmediaciones del templo alrededor de las 18:30. Quitaron la vigilancia, dejaron de barrer; nada más estuvieron una semana y se fueron”, comentó a EL UNIVERSAL la señora Guadalupe, ayudante de párroco de San Juan de Dios, mientras barría el templo.

Una opinión similar tiene el señor Filadelfio Pérez, quien lleva cinco años vendiendo libros sobre la Avenida Hidalgo. Él cree que la plaza ha mejorado su situación de violencia desde que la administración de Ricardo Monreal entró a la delegación. “Ya no hay tanto vendedor de fritangas como antes”; pero dice que con él nadie se mete, pues a los asaltantes no les interesa su mercancía.

Por su parte, Matilde, quien pasa diario por el lugar, ha presenciado robos sobre esa avenida. “Como todos pero nos quedamos callados, no vemos, nos hacemos los locos. Aquí hay cuatro chamaquillos que están asaltando”. El hurto comienza en la tarde de manera “seguida”. La vigilancia, al contrario, no es periódica: “Sí pasan los polis pero no los suficientes”.

La indigencia es otro problema “porque son personas que hacen del baño (en las jardineras) y por eso huele tan feo”. Si alguien reclama los resultados son insultos. Matilde lleva cuatro años como comerciante sobre la Av. Hidalgo y no ve cambio positivo: “Hasta empeoró porque hay más niños de la calle”. Y aunque se aprecian luminarias, no pasa así con la vigilancia.

Los museos de la plaza no están exentos de esta problemática. En el de la Estampa comentan a EL UNIVERSAL que por lo menos cinco días a la semana la delegación manda a una patrulla. “Dentro de lo que tenemos sí ha mejorado porque si no ahorita hubiera indigentes con su música, drogándose, tomando”, comentaron algunos visitantes.

“Hace 27 años todo era diferente. Había más delincuencia ya que en calles aledañas a la plaza la gente se dedicaba ‘a estar drogada y a asaltar’, en la alameda despojaban de sus pertenencias a muchas personas, casi diario asaltaban y ahora raro los ves. Ahora ya es mucho más transitable”, contó Filiberto Rodríguez, encargado de seguridad del Museo Nacional de la Estampa.

Las autoridades desalojan a los indigentes, pasa una hora, dos y regresan a la plaza. Se aferran al estar allí y lo que más le molesta a la gente es su ruido. Hasta entre ellos mismos se agreden, se pelean, dijo Rodríguez.

La entrada de personas al Museo de la Estampa no se ve afectada por estas personas ya que no están todo el día, son intermitentes.

indigencia_en_iglesia.jpeg
Dos indigentes duermen en uno de los accesos al templo de la Santa Veracruz. Los entrevistados concuerdan en que el mal olor que provocan estas personas es un motivo de queja ciudadana.

El museo ha estado trabajando para mantener su espacio limpio. Tienen el número de las patrullas del cuadrante así cuando sea necesario la llamen para desalojar a estas personas. “Nosotros no tenemos contacto físico por lo mismo de que se sientan agredidos y nos vayan a agredir, pues la verdad uno tampoco se va a dejar. Entonces para evitar que se metan con el museo nada más mandamos llamar a la patrulla”.

Los indigentes saben que tanto el Museo de la Estampa como el Franz Mayer son quienes llaman a las patrullas, porque hasta los policías a veces les dicen “se quejaron del museo”, platicó el encargado.

Cada tercer día se realiza el servicio de limpia. “Hablamos a un teléfono y dicen que no corresponde a su área, hablamos a otro y que tampoco, que no es de la (delegación) Cuauhtémoc sino del Centro Histórico y así se avientan la pelotita”, dicen los empleados de los museos.

De 20 o 30 indigentes que había en la plaza ahora sólo hay dos o tres. Una mujer vive en la plaza con sus dos hijos: un varón de seis años y una bebé de ocho meses; no se quiere mover de allí porque derechos humanos la respalda, no quiere aceptar ayuda del gobierno para llevarla a un albergue, “vienen y hablan con ella pero no se quiere ir, no hay como hacerle”.

La plaza de hospitales y museos

El origen de esta emblemática plaza se remonta al siglo XVI y es una de las más representativas de la ciudad. Ubicada estratégicamente a unos pasos de la Alameda Central sobre la antigua Avenida de los Hombres Ilustres, ahora llamada Hidalgo.

El lugar cuenta con dos templos: el de la Santa Veracruz y el de San Juan de Dios, este último albergó al antiguo Hospital de San Juan de Dios, hoy Museo Franz Mayer; también se encuentra ahí el Museo Nacional de la Estampa.

Este conjunto arquitectónico junto con tres fuentes forman una de las plazas más bellas de la capital; sin embargo, también es de las más olvidadas.

Muestra de ello es que el templo de la Santa Veracruz (el más antiguo de ese lugar) se está hundiendo de forma similar al Palacio de Bellas Artes, pero en su caso es más evidente pues se ve ladeado y la cúpula principal prácticamente se está desmoronando.

1_baja_0.jpg
La Avenida de los Hombres Ilustres, hoy llamada Hidalgo, hacia finales de los años veinte. Destacan los templos de la Santa Veracruz y San Juan de Dios con las antiguas construcciones que entonces tenían adosadas. Entre ambas se puede ver un espacio arbolado, que corresponde a la Plaza de la Santa Veracruz.

En este espacio también se instaló el Mercado de las Flores, que fue inaugurado ahí el 27 de abril de 1927. Este mercado fue trasladado de la Catedral Metropolitana. La razón por la que fue colocado ahí se debió a la cercanía con las agencias funerarias que se encontraban en Avenida Hidalgo y el cercano Panteón de San Fernando.

mercado_de_flores_1927_baja.jpg
Aspecto del mercado de flores de la Santa Veracruz en 1927. Al fondo se puede observar la fachada del templo de San Juan de Dios.

Una de las transformaciones más completas que esta plaza tuvo ocurrió en el marco de los Juegos Olímpico en nuestro país en 1968. En aquellos días este espacio servía para representaciones teatrales y un foro al aire libre.

Esa época de esplendor quedó plasmada para siempre en una de las escenas de la conocida película “Los Caifanes”, durante la secuencia del robo de una corona floral.

Hace tan sólo unos años, la Alameda Central fue remodelada totalmente a su apariencia actual, sin embargo y pese a su cercanía, la Plaza de la Santa Veracruz pasó desapercibida para las autoridades en turno, por lo que ahora presenta varios focos rojos de basura, además de ser hogar de indigentes.

La tumba del arquitecto del virreinato

Para Manuel Toussaint, destacado historiador de arte, la parroquia de la Santa Veracruz fue uno de los edificios con mayor importancia en la Ciudad de México dentro del estilo barroco.  Albergó a la Archicofradía de la Cruz fundada por Hernán Cortés como agradecimiento de que llegó a Veracruz el Viernes Danto de 1519.

En 1527 concluyeron  la construcción de la primera ermita que daría paso a la parroquia en 1568, la tercera de la ciudad. En 1759 inician obras de remodelación para el nuevo templo y concluyen cinco años después en 1764.

octubre_68_baja.jpg
Así lucía la fachada de la parroquia en octubre de 1968. A un costado, sobre la avenida se aprecia una fila de autos y al final el Palacio postal. 

En este templo tiene sepultura Manuel Tolsá, arquitecto y escultor español que diseñó obras como el Palacio de Minería, los altares principales de la catedral de Puebla, de las iglesias de Santo Domingo y la Profesa, y la conclusión de obras de la Catedral Metropolitana, entre otras.

El templo conserva un Cristo crucificado, llamado el de los Siete Velos; este fue donado por Carlos V a la cofradía fundada por el conquistador, que al inicio sólo aceptaba gente de alto rango social  y, después, gente rica e influyente sin que fuera noble.

cristo_de_los_siete_velos.jpeg

cronologia.jpeg
Documento exhibido dentro del templo en el que detalla las fechas históricas más importantes del recinto como su fundación y remodelación.

El museo que fue hospital

Franz Mayer Traumann fue un alemán financiero, fotógrafo y coleccionista que en 1933 se nacionalizó mexicano y quien juntó un gran acervo que tras su muerte, en 1975, formaría parte del museo que lleva su nombre.

El Museo Franz Mayer se ubica en el edificio que albergó a los hospitales de Nuestra Señora de los Desamparados; de San Juan de Dios; Morelos o  de la Mujer. Ese edificio se construyó en el siglo XVII y modificado uno después. Cuando el hospital estuvo a cargo de la orden de San Juan de Dios atendió problemas de salud pública como las epidemias de 1739 y 1738, conocidas como matazáhuatl (matlatl-grupo y zahuatl-grano: grupo de granos) vocablo náhuatl para referirse a la peste.

Durante ese tiempo el hospital llegó a atender más de 800 personas por día. Fue una de las enfermedades más mortíferas del siglo XVIII. En 1820 los juaninos dejaron el hospital y tras la independencia de México en 1821, las Hermanas de la Caridad se hicieron cargo del hospital y ya en la mitad del siglo XX el gobierno fundó el Hospital Morelos o de la Mujer. 

3_baja_0.jpg
Una toma de los años veinte en la que figuran el templo de San Juan de Dios y un par de locales comerciales que ahí se encontraban, incluyendo la desaparecida Librería Religiosa de San Antonio, en la esquina de la avenida Hidalgo y la Plaza de la Santa Veracruz. En el piso superior se alcanza a ver el anuncio de un jabón. Ambos establecimientos se encontraban en el mismo inmueble, que aunque bastante modificado, se mantiene hasta el día de hoy adosado al templo de San Juan de Dios, a unos pasos del Museo Franz Mayer.

El templo ha tenido varias modificaciones en su interior. El 10 de marzo de 1766 sufrió un incendio; el 8 de marzo de 1800 un sismo azotó durante cinco minutos a la ciudad, lo que deterioró un poco el interior.

Después de la Revolución Mexicana, los carrancistas acondicionaron el templo para poder instalar una imprenta para fines propagandísticos.

¿Las soluciones?

Los vecinos y empleados de los museos de la plaza piensan que una solución podría ser que hubiera policías fijos, así la gente se sentiría más segura.

“Sí ha bajado esto de la gente indigente, bueno de los que se consideran indigentes. Todo el día se están drogando. ¿De dónde sacan para el vicio? No sabemos si anden atracando”, dijo Filiberto Rodríguez. Hasta las fuentes fueron parte de sus campamentos pues ponían carpas encima de estas para poder dormir ahí.  

Existe un comité conformado por los museos, las iglesias, vecinos, escuelas y otros edificios para enfrentar toda situación. Las principales acciones se han llevado a cabo contra “la gente que delinque (…) hemos tratado de sobrellevarla con esta gente (indigentes) porque no podemos ir en contra de sus derechos. Debemos tener mucho cuidado en el aspecto de derechos humanos”, afirmó Fernando Ontiveros, encargado de seguridad del Museo Franz Mayer.

fachada_santa_veracruz_0.jpeg
Así se ven actualmente las fachadas de los dos templos. El de la Santa Veracruz es el que presenta mayor daño por el tiempo. Dos sacerdotes haitianos lo tienen a su cargo.

La plaza de la Santa Veracruz está a la espera de ser recuperada para que vuelvan a lucir las bellas edificaciones arquitectónicas que la rodean y así vuelva a ser el remanso cultural y de encuentro que era.

Fotos antiguas: Colección Villasana-Torres y Archivo EL UNIVERSAL

Fuentes: Enciclopedia temática de la Delegación Cuauhtémoc, Tomo 2, DDF, 1994; Seis siglos de historia gráfica de México de Gustavo Casasola; entrevistas para EL UNIVERSAL de Filiberto Rodríguez, encargado de seguridad del Museo Nacional de la Estampa,  Fernando Ontiveros, encargado de seguridad del Museo Franz Mayer; Señora Guadalupe, ayudante de párroco de San Juan de Dios y al Señor Filadelfio Pérez.

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios