Mariachis: cambiar o morir tocando

Mochilazo en el tiempo

Los mariachis hacen cantar y bailar a todos y ya son parte de las fiestas. Sin embargo, afectados por leyes, música de moda y enfermedades, cada vez son menos en la ciudad

Texto y fotos actuales: Magalli Delgadillo
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
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En la sede musical llamada Garibaldi no sólo se escucha a Michoacán o Jalisco, sino a México. Ahí, algunos hombres y mujeres vestidos con trajes, botonaduras plateadas y violín, guitarra, vihuela o trompeta en mano, se agrupan para ofrecer a los visitantes un poco de alegría: “Alguna canción que le agrade: ‘Amor eterno’, ‘Cucurrucucu paloma’”, dicen a los visitantes.

Estos personajes siempre alegres son multifacéticos: se trata de gerentes, estudiantes, comerciantes, quienes los fines de semana o días libres cantan en momentos tristes, enojo o despecho... Hablamos de los mariachis.

Antiguamente, este lugar fue habitado por alfareros y cultivadores de maguey, pero fue en 1850 se le nombró Plazuela de Jardín y después se le conoció como Plaza del Baratillo, donde se podían encontrar artículos a bajo precio, usados, incluso de dudosa procedencia.

La historia de este sitio cambió en la década de los 20, cuando comenzaron a reunirse los primeros grupos. En 1921, este sitio fue rebautizado como Plaza Garibaldi en honor de “José Garibaldi, quien combatiera durante la Revolución Mexicana entre las filas de Francisco I. Madero”, de acuerdo con información del Museo del Tequila y el Mezcal.

Sin embargo, en 1905, se cree que apareció —o, por lo menos, se hizo público— el primer mariachi en México. El grupo tocó en un cumpleaños de Porfirio Díaz, de acuerdo con el historiador e investigador, Eduardo Martínez Muñoz.

Actualmente, sólo se reúnen cerca de 2 mil músicos en fines de semana. Hay quienes se dedican a este oficio de tiempo completo como don Crescencio de la Cruz. Él tiene 36 años trabajando en este sitio y cuenta a EL UNIVERSAL que cuando llegó había mucho trabajo. La plaza estaba “mejor” y el número de clientes fue decreciendo por la prohibición del consumo de vino fuera de los establecimientos en 2012 (con el operativo Cero Tolerancia contra el ambulantaje y venta de alcohol adulterado). 

Además, menciona:“Las remodelaciones nos afectan. Llegan las personas y dicen: ‘Mira qué fea está’. Antes había una fuente, un kiosco, un templete de loza para realizar los eventos…Además, los clientes ya no piden canciones de antes como un danzón, una polka, paso doble, boleros”. Ahora, solicitan temas —que, hasta cierto punto, ya les aburren— como “Urge”, “Mariachi loco”, “Gema”,y así “se va perdiendo la tradición de nosotros”.

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San Camilito era un conjunto de departamentos, donde habitaban algunos mariachis. El 19 de septiembre de 1985, se derrumbó y en 1957, el entonces, regidor del Distritito Federal, Ernesto P. Urruchurtu, inauguró en ese mismo lugar un mercado con el mismo nombre.

— ¿El género Banda les ha quitado clientela?

Crescencio de la Cruz —La banda la piden los chavos. Donde quiera que vamos a una fiesta nos dicen: ‘Tóquense una de banda’. Nosotros no las tocamos porque se va perdiendo la tradición.

Las melodías más solicitadas son ‘Hermosa experiencia’ y ‘Mi mayor anhelo’ de la Banda MS, ‘Un hombre normal’ de Espinoza Paz, 'No' de Alejandro Fernández, entre otras.

En la respuesta interviene Mario Mejía, quien aclara: “La banda no tienen letras muy bonitas. Las generaciones van cambiando, pero la música de mariachi sigue siendo la misma. A pesar de la pérdida de tradiciones en esta melodía, todavía hay personas interesadas en ella”. El repertorio con el cual cuentan es amplio y de artistas variados: “Se me olvidó otra vez”, “La diferencia”, “Paloma negra”, “Perfume de Gardenias”, “Si nos dejan”, “La Bikina”, “Cien años”.

Mario asegura: “Nunca ha pasado de moda. Han transcurrido generaciones y sigue. ¿Qué sucedió con el ‘pasito duranguense’? No duró ni 10 años y se fue. La quebradita también se fue. Son etapas en la historia que pasan de moda (…). Es música desechable. Nosotros tenemos cimientos de la música mexicana y ellos no. No hay comparativo”.

Sin embargo, Cristóbal Rivera Villanueva, secretario general de la Unión Mexicana de Mariachis, menciona: “Ellos no quieren evolucionar: si les piden 'Banda', no la tocan, ni de 'trio' tampoco o de 'Rock'. Los mariachis nos estamos durmiendo. Los que no tocan están perdiendo la oportunidad de trabajar, sino no nos actualizamos con el repertorio, no nos van a comprar”.

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Mariachis en la Plaza de Garibaldi esperando clientes.

“En 1943 nos ‘donaron’ la plaza para que nosotros tuviéramos un lugar para difundir nuestra música. De ahí, se formó ‘la Unión’—formada por tríos, norteños, jarochos y mariachis”, menciona Cristóbal Rivera.

Por lo tanto, se pueden tocar canciones de las bandas, pero no incluir sus instrumentos, pues les quitan la fineza a los violines. Este tipo de canciones tienen sus característicos sonidos, pero si integra al saxofón, barítono o clarinete, rompen la armonía y no lleva ese sentimiento del mariachi. Es decir, se busca conservar este género tradicional mexicano.

Mariachi vs música moderna

¿Cuál es tu género favorito? De acuerdo con una encuesta de Consulta Mitofsky —realizada en 2013—, en México existen siete géneros musicales. Entre ellos destaca la música ranchera (ligada a la de mariachi) con 52.5% menciones; después, continúan la romántica con 45.8%, grupera 45.7%, banda 44.0%, norteña 41.1%, salsa 40.6% y cumbia 38.7%.     

A pesar de la fuerte asociación de estos músicos y México, el conjunto de sonidos no es originario de nuestro país. La magia que sale de una trompeta o guitarrones son sonidos mestizos: “Hay una mezcla de lo europeo y americano, en el violín, guitarra sexta, guitarra quinta de golpe y el arpa”, menciona el historiador Eduardo Martínez.

Sin embargo, los mexicanos nos sentimos cercanos con esta expresión cultural. En 2011, la UNESCO reconoció al mariachi como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en el marco de XIX Encuentro Internacional del Mariachi, Guadalajara.

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El ritmo musical ha cambiado. De acuerdo con una entrevista a Eduardo Mussali, director de Deezer México —en una publicación de Forbes en 2014—, los artistas más escuchados fueron Julión Álvarez, Enrique Iglesias y Calvin Harris.

En Spotify, si hacemos una comparación entre los géneros “Banda”, “Mariachi” y “Reguetón”, uno de los exponentes principales es Nicki Jam. Él es ganador al acumular 336 millones 974 mil 238 reproducciones de su canción "Perdón" y 8 millones 547 mil 227 fans lo escuchan al mes. Le sigue Banda el Recodo, la cual tiene posicionada la canción "La mejor de todas" (14 millones 557 mil 347) y un millón 821 mil 55 de visitas; "Y fue así" como Julión Álvarez es uno de los más exitosos en el género con 46 millones 266 mil 461 repeticiones de su sencillo. Por su parte, en “Mariachi” se encuentra en la tercera posición y destaca la reproducción de “El Son de la Negra” (un millón 266 mil 196 reproducciones) del Mariachi Los Vargas de Tecalitlán y tienen 419 mil 281 oyentes mensuales.

Si de música en vivo se trata, la melodía vernácula también va en detrimento. Cristóbal Rivera comenta que en la Ciudad de México existen cerca de ocho plazas—Xochimilco, Nezahualcóyotl, Iztapalapa, Naucalpan, Aragón, Coyoacán, Ecatepec, entre otras—, en los cuales existen 3 mil 200 mariachis, mientras que en la Plaza de Garibaldi hay mil 170, de acuerdo con un censo realizado el 12 de agosto de 2015. Agrega que en el censo de 1985 había cerca de 5 mil intérpretes en el entonces Distrito Federal. Sin embargo, estos números no representan datos oficiales.  

¿Por qué? Cristóbal Rivera Villanueva responde que al prohibir la ingesta de alcohol y la construcción del museo de El Tequila y el Mezcal, en la plaza de Garibaldi. Además, menciona que la reducción ha sido a una cuarta parte de lo que antes eran: “Quitaron lo bonito: el kiosco, las estatuas y nos pusieron los agaves y la gente ya no viene tanto como antes. Entre menos visitantes, menos mariachis. Por eso se están dispersando a sus lugares de origen como Pátzcuaro y otros de donde vienen a trabajar. Éramos muchos. Nos juntábamos 2 mil los sábados, hoy nos juntamos —cuando hay fiestas grandes— de mil 170 a 800. Los demás días hay entre 300 y 250 músicos”, afirma.

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Nuevo Garibaldi

Raúl Rosas Camarena, intérprete independiente, es un hombre con 38 años de experiencia y el instrumento que toca es el violín. Él también coincide en que el empleo comenzó a escasear cuando prohibieron el alcohol: “Aquí había mucho trabajo antes. Gracias a la bebida trabajamos más nosotros. No es que nosotros seamos borrachos, sino los clientes con eso se alegran y comienzan a pedir más canciones”.

Raúl Rosas platica que cobra 120 pesos la melodía. Si solicitan más de 10 canciones, las cobran más baratas. Las serenatas dependen del lugar, pero en promedio tienen un costo de 2 mil pesos por siete canciones y una de pilón. "Le conviene la hora: en 60 minutos pueden salir hasta 13 canciones y una de pilón por dos mil 800”, comenta.

— ¿Cuáles son los requisitos para ser parte de este sindicato?

Cristóbal Rivera — Ser músico. Actualmente se ha perdido todo eso (de hacer la prueba de conocimiento en algún instrumento), pero como yo soy músico, inmediatamente, me doy cuenta quien lo es.

Al inscribirse en la Unión Mexicana de Mariachis —formada en 1943—, ellos comienzan a pagar la cuota de un peso 66 centavos diarios, es decir, 50 pesos al mes. ¿Para qué es ese dinero? Para cubrir las representaciones que tenemos con las autoridades, las gestiones de enfermedades de los trabajadores. Hay muchos señores enfermos de diabetes, cáncer y várices. No servicio médico. El seguro que tienen es el popular.

Al pertenecer a la Secretaría de Turismo, Secretaría de Previsión Social y Fomento al Empleo, Secretaría de Cultura, a la delegación correspondiente, tienen un problema, pues todos quieren regular a este gremio.

Por lo tanto, están en proceso de la creación de una Asociación Civil para hacer valer sus derechos, tener mayor representación, apoyo para la formación de los músicos. Además, les gustaría acordar con las autoridades la promoción de su empleo, tener oportunidad para que los artistas puedan realizar grabaciones, entre otras actividades.

Su vestuario también ha cambiado

En la década de los 20, en el lugar de la “eterna fiesta” surgió el actual Salón Tenampa —propiedad de Juan Hernández Ibarra—, el cual se distinguió por la música del Mariachi Coculense y los antojitos jaliscienses. Poco a poco, el pequeño zócalo fue llenándose de grupos similares al contratado por la famosa cantina. Los personajes vestían, al inicio, ropa cotidiana de las personas: manta o pantalón de caporal, camisa de algodón. No todos se vestían igual, pues las personas tenían distintos oficios y dependiendo de este era su indumentaria, pero al final todos se unían para cantar.

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El Tenampa ahora es una cantina más sofisticada

Los detalles plateados comenzaron a integrarse en el vestuario de los mariachis de la Ciudad de México. “Cuando se empezaron a concentrar en Garibaldi, también cambió su vestimenta por pantalón de caporal, camisa de algodón, moño, pero no era un uniforme. Hasta la década de los cincuenta emplearon ropa de charro con botonadura. Los que no usaban estos detalles, apodaban a los que la portaban ‘corcholateros’ porque parecía que tenían unas corcholatas pegadas al pantalón”, explica el investigador Eduardo Martínez.

El oficio con tradición

 “Escoge entre la música y yo”, le dijo la esposa de don Antonio, un hombre de aproximadamente 70 años. “Llegaba tarde a la casa, a veces no llegaba, pero no era por andar de fiesta o con otra mujer, sino por el trabajo”, platica el hombre con traje negro de mariachi.

Él no quería dejar a ninguno de sus dos amores y le contestó: “Yo no voy a dejar de tocar. No quiero dejar a la música y tampoco te quiero perder a ti. Esas fueron las palabras mágicas”, menciona mientras ríe.

Después de 25 años de cantar y tocar melodías tradicionales mexicanas, él sigue en este oficio y sólo acude a Garibaldi los fines de semana para reunirse con sus compañeros. Uno de ellos es Miguel Ángel, un joven de 17 años interesado en estos ritmos, quien estudia el 5° semestre del bachillerato, pero sábados y domingos los dedica a hacer sonar las cuerdas de su guitarra para entonar algunas de las canciones más solicitadas: “Sabes una cosa”, “Hermoso cariño”, “Gema”.

José Luis Espinoza y Fernando Juárez, de 50 y 30 años aproximadamente, son integrantes de Los Caporales y portan con orgullo un traje azul claro un gran moño y unas botas de charol blanco bien boleadas.

Ellos no contaron sobre sus conflictos amorosos a causa de su oficio, pero don José Luis —desde hace 30 años— sí platicó que comenzó a tocar la guitarra desde joven, cuando su padre le enseñó. Los fines de semana, él se viste de gala con su traje mexicano y se transporta desde un poblado cercano a Texcoco, pues de lunes a viernes es agente de negocios en una empresa. Por su parte, Fernando Juárez, quien estudió en la Escuela Autónoma de Música solfeo, rítmica, métrica y trompeta, vive a unas cuadras de la plaza y trabaja todos los días.

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Don José Luis y Fernando Juárez en pleno día de trabajo

José Luis, desde hace 30 años, comenzó a tocar por tradición familiar y gusto propio. Su padre cantaba como solista, pero él decidió trabajar en conjunto, pues es más seguro tener éxito de esta manera: “Si tocas en un buen grupo, organizado… Sí recibes una buena remuneración”, comenta.

No recuerda cuántas canciones conoce, pero sí está seguro de que su lista es grande y está en continuo crecimiento debido a las peticiones de los clientes: “Lo bonito es que todavía hay gente que le gusta esto. El mariachi es el que más géneros toca porque tocan danzones, cumbias, rock, sones, polkas, clásicas, banda, norteñas. Las adaptamos. Ya en la tocada complacemos a los clientes”. Fernando Juárez agrega: “Lo más difícil es aprendérselo porque es mucho repertorio… Hay que estar con una sola nota todo el día (…). Mientras, vas agarrando más oído, colmillo”.

 “El cobro por hora varía mucho. Depende de la calidad y los elementos. Puedes encontrar algunos de mil 500 (repartido en cinco o 10 personas) y nos vamos al extremo del Mariachi Vargas, quienes cobran como 80 mil pesos la hora. Es mucha la diferencia”.

— ¿Qué es lo que más les gusta de su trabajo?

—Todo. Más que nada, lo que tú le transmites a la gente. Lo más satisfactorio para son los aplausos porque se siente bien que reconozcan que cantas bien y transmites ese sentimiento —dice Fernando Juárez.

Muchos de los hijos de estos músicos no se dedican a este oficio, otros sí. Quizá surgirán más personas con el deseo de cantar o tocar algún instrumento para seguir con la tradicional alegría entre los mexicanos y continuar con la algarabía en las fiestas.

Foto antigua: Archivo fotográfico de EL UNIVERSAL.

Fuentes: Entrevistas con los mariachis don Antonio, Miguel Ángel, Andrés Córdoba, José Luis Espinoza, Fernando Juárez y Raúl Rosas Camarena. Entrevista con el historiador e investigador sobre la música de mariachi, Eduardo Martínez Muñoz. Entrevista con Cristóbal Rivera Villanueva, secretario general de la Unión Mexicana de Mariachis. Información del Museo del Mezcal y el Tequila. Encuesta Mitofsky. Forbes.

 

 

 

 

 

 

 

 

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