Llevan 50 años de fotografiar a los mismos caballos

Mochilazo en el tiempo

Ya son tres generaciones de fotógrafos ambulantes en la familia Rodríguez. La gente se toma fotos en Chapultepec con los caballos de fibra de vidrio que conservan desde hace 50 años

Texto y fotografía actual: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Diseño web:
Miguel Ángel Garnica

COMPARA EL ANTES Y DESPUÉS DESLIZANDO LA BARRA CENTRAL (ABRIR MÁS GRANDE)

Daniel Rodríguez Santos recorre los costados del Altar a la Patria -también conocido como monumento a los Niños Héroes- con su estudio fotográfico móvil compuesto por un par de caballos de utilería, sarapes, sombreros de charro, su cámara e impresora, para instalarlo alrededor de las nueve de la mañana. Desde hace 18 años se ha dedicado a retratar a turistas nacionales, internacionales o familias mexicanas que visitan el Bosque de Chapultepec.

"Esta práctica es heredada, mi abuelito hacía lo mismo que yo pero usaba la cámara patona, esa en la que te metías y parecía un acordeón, traía los químicos y el fijador aparte para revelar al momento. Después, mi papá usó la polaroid, la cámara instantánea y así: 40 años el abuelo, 40 el papá y yo18 con la digital; todos trabajamos aquí, en Chapultepec.", narró.

Daniel ha sido testigo de los cambios que ha tenido el bosque, desde la regularización de los puestos hasta las remodelaciones. Ha estado en diferentes puntos al interior de Chapultepec, cerca del castillo o del Museo de Arte Moderno pero dice que en su lugar actual tiene "todos los paisajes", mientras señala al Castillo de Chapultepec, las sobresalientes torres que a la distancia parecen flanquear a la Puerta de los Leones y al fondo, el Ángel de la Independencia. 

"Los caballos, los rebozos y sombreros son la temática tradicional de este tipo de fotografía, viene desde que todo era en blanco y negro o sepia. Yo tengo a la familia de caballos completa (4), pero hoy vengo solito y no los aguanto", explicó.

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Hermanos Gómez en una fotografía de los años setenta.

Daniel tarda cinco minutos entre toma y toma: auxilia a la gente a montar los caballos, les pasa los sombreros y los captura. Después, corre a su computadora, saca la tarjeta de memoria de su cámara, la conecta, retoca el color, imprime, recorta y las pone en el llavero, mientras nos dice que él tiene que hacer que el siguiente cliente "no espere tanto y todos se vayan satisfechos".

Para él, uno de los beneficios del avance tecnológico en las cámaras fue que ya no se contamina -tanto- el ambiente en el proceso de revelado. "Aquí en el bosque ya no te dejan revelar como lo hacían antes porque contamina mucho, los químicos que ya no servían se tiraban a la coladera. Además de que eran muy peligrosos porque si te llegaba a caer una gota en el ojo te podías quedar ciego o te ardían mucho las manos. Mi padre y mi abuelo se metían al cuartito obscuro que traía la cámara y le ponían el fijador y un plástico y con calor veías cómo poco a poco aparecía la foto", alegre comentó. 

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Fotógrafos de caballitos en la Basílica de Guadalupe en la década de los 60. Archivo EL UNIVERSAL.

A las tres de la tarde, Daniel ya había retratado a más de 100 clientes entre los que se encontraban parejas de enamorados, padres y madres con sus hijos o familias enteras. Explica a EL UNIVERSAL que "al principio le ponía un filtro blanco y negro o sepia, pero que al paso del tiempo dejó de hacerlo porque a él le gusta que los colores de los rebozos, sombreros y paisaje brillen, que la gente recuerde que se la pasó bien".

Nuestra entrevista fue constantemente interrumpida debido al impresionante número de personas que se acercaban a tomarse una foto en los corceles con todo y sombrero de charros, mientras que Daniel sólo daba instrucciones "¡una sonrisa!" o un "¡por acá!" haciendo señales a los bebés para que voltearan al salir el flash. De acuerdo a su experiencia, las fotos de llavero son las más solicitadas porque "así uno puede presumirle a alguien a la familia o a la pareja, además de que es lo más tradicional, creo que muchas generaciones tenemos una foto nuestra en un llavero."

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Estudio fotográfico móvil de Daniel Rodríguez.

Nos acercamos a la mamá que aparece en nuestra fotografía comparativa y le preguntamos el motivo por el que se tomaba una de éstas fotos y nos contestó: "Pues mira, recién encontré un llaverito donde salgo con mi mamá y mi hermano, se me hizo lindo tener uno ahora con mi hija".

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En la primera foto se ve a un niño personificando a un caudillo revolucionario en los años sesenta, y en la segunda imagen se ve a Daniel Rodríguez montado en uno de sus caballos de fibra de vidrio con piezas son fabricadas en Sinaloa (el grande) y Michoacán (el pequeño). La crin y la cola son de pelo natural y ambos han pertenecido a la familia por más de 50 años.  "Les doy su retoque cada año", comenta a EL UNIVERSAL.  

De tatuador a fotógrafo de caballito

Cuando era niño, Daniel trabajaba con su papá como asistente de fotógrafo. Una de las tareas que se le encomendaba era el llamar la atención de los clientes, para lo que "agarraba un papel aluminio y si veía pasar a alguien, los deslumbraba con el sol y les hacía señas para que se acercaran a tomarse la foto, si lo lograba me pagaba $1 peso. Ya después fui aprendiendo con la Polaroid y ya te imaginarás... mis retratados salían sin cabeza, sin piernas..." recordó entre risas.

A pesar de tener la fotografía en la sangre, Daniel decidió ser tatuador aunque no tardó en regresar al oficio familiar y aprender a utilizar la cámara de manera profesional. "Lo más complicado en la época de la cámara análoga era que muchas personas cerraban los ojos cuando salía el flash y eso no me gustaba porque o gastaba material o alguien se veía mal en la foto. Ahorita con la digital ya no me pasa mucho eso, aunque ya llevo como cuatro cámaras porque uno siempre tiene que estar actualizado, ¿tú crees?", relató.

En sus tiempos libres Daniel gusta de retratar escenas cotidianas o populares de la ciudad y nos comparte que ha participado en concursos que realiza el Bosque de Chapultepec con los fotógrafos internos y ha aplicado para convocatorias de revistas especializadas.

Nos cuenta que en la actualidad existen entre 100 y 150 fotógrafos distribuidos en el Bosque de Chapultepec, aunque "no todos son tradicionales, ahora hay puestos que ofrecen fotos en compañía de botargas de superhéroes o de personajes de caricatura que, según todos, es lo que más les gusta a los niños de ahora", finalizó.

La persistencia

Uno podría pensar que este oficio, como muchos otros, desaparecerá eventualmente, pero aún en esta generación del internet y del inalcanzable desarrollo tecnológico, los fotógrafos de caballito siguen trotando por sitios icónicos de la Ciudad de México retratando personas de todas las edades. Sabemos que estos caballos son objetos de utilería que no saldrán corriendo en cuanto los montemos y que tampoco van a relinchar, pero una fotografía sobre ellos se ha vuelto una tradición familiar y un testimonio de la visita a un lugar.

A nuestro modo de ver, el patrimonio cultural de la capital no únicamente consiste en grandes construcciones, fuentes, estatuas y monumentos, también lo conforman diversos objetos que forman parte de la escena urbana y de los recuerdos familiares de varias generaciones. No cabe duda que estos caballitos son un legado histórico que ha logrado romper las barreras del tiempo.... ¡CLIC!

Nuestra imagen principal es de un fotógrafo de los años 50, frente al Lago de Chapultepec, esperando clientela. Archivo fotográfico EL UNIVERSAL.

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Fotografías antiguas: Colección Villasana-Torres y Cortesía Familia Gómez Cuéllar.

Fuentes: Daniel Rodríguez Santos, fotógrafo del Bosque de Chapultepec.

 

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