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Antes de que Chapultepec tuviera tortas

El Castillo de Chapultepec fue sede del Colegio Militar antes de ser el Museo Nacional de Historia. La vista que tenían a esa altura les valió a los cadetes el nombre de "aguiluchos".
01/03/2016
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Investigación: Ruth Gómez y Carlos Villasana
Texto: Angélica Navarrete
Foto antigua: Colección Carlos Villasana – Torres
Foto actual: Iván Stephens

 

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Seguramente has subido, aunque sea una vez, al castillo de Chapultepec, donde los sábados y domingos es clásico ver mucha gente y puestos de juguetes, gorras y chicharrones, sin faltar las legendarias tortas de jamón “¡bara, bara a diez pesos, lleve su torta!”. Tampoco pueden faltan las visitas de novios y amigos para remar en las lanchas del lago.

Este castillo que parece sacado de un cuento, visita obligada en los paseos de la primaria, antes de ser Museo Nacional de Historia fue sede del Heroico Colegio Militar de 1882 a 1913, con esta imagen queremos recordamos este año el 103° aniversario del Ejército Mexicano.

Ahí ocurrió aquella estampa noble y heroica del cadete veinteañero Juan Escutia. Se cree que era artillero y tenía sólo cinco días de haber ingresado al Colegio Militar cuando prefirió morir envuelto en su bandera, antes de verla en manos enemigas durante la invasión norteamericana de 1847.

El castillo de Chapultepec sufrió grandes destrozos durante la intervención norteamericana, ese 13 de septiembre de 1847 fue cañoneado desde las seis de la mañana, después fue saqueado y abandonado hasta 1849, año en el que volvió a ser sede del Colegio Militar.

Fue en 1878 cuando se instaló un observatorio astronómico y su telescopio en la torre, mejor conocida como Caballero Alto, de nueve metros de altura, la astronomía era materia de estudio de los cadetes del Colegio Militar.

Por cierto fue ahí, en el castillo, donde recibieron el nombre de “aguiluchos”, pues estando a aquella altura tenían una amplia visibilidad, cual nido de águila. De ahí que la arquitectura actual de los dormitorios del Colegio Militar de Tlalpan semeje nidos de águila.

Dicen los que velan y vigilan ahí, desde empleados hasta militares que de vez en cuando se escuchan los sonidos de los cañones y gritos “atrapados” en el bosque de Chapultepec. Han escuchado pisadas, puertas que se abren y cierran e incluso que tocan el piano de la emperatriz Carlota, ¿será?


ARCHIVO FOTOGRÁFICO EL UNIVERSAL (1950)

Lo cierto es que a nuestro Ejército lo integran más de 200 mil elementos activos y en reserva y cada día se especializan más, como los de fuerzas especiales que vemos en cada desfile del Día de la Independencia cubiertos como con algas y pintados de cara, listos para confundirse en un ambiente de selva o desierto muy al estilo de “Chubaca” de la Guerra de las Galaxias.


IVAN STEPHENS (16 DE SEPTIEMBRE DE 2015)

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