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El 24 de mayo pasado, el papa Francisco sorprendió gratamente a la comunidad internacional con una Encíclica relacionada con la urgencia y necesidad de cuidar y proteger más y mejor los recursos naturales. Su mensaje es amplio, integral, realista y podríamos decir que tiene una visión sistémica.
A través de una introducción y seis capítulos, reconoce que la crisis del medio ambiente, expuesta con sencillez y en diálogo con la ciencia en el capítulo primero —en breves apartados como el calentamiento global, pérdida de biodiversidad, el acceso y cuidado del agua, la pérdida de la calidad de vida, entre otros—, es un asunto fundamentalmente cultural y por ello debe tratarse desde otros ámbitos como la ética, la moral, la filosofía, la verdadera política del desarrollo.
El medio ambiente por sí, funciona muy bien, el asunto es cuando el ser humano lo utiliza para promover el desarrollo no sustentable. Es necesario utilizar la creación, sin embargo el asunto está en debatir y valorar cómo se utiliza, bajo qué criterios, con qué límites. Aquí está la novedad: el Papa insiste, como lo ha hecho antes, que el esquema de nuestra actual civilización no puede decidirse sólo desde criterios económicos, de consumo, de tipo inmediatista y voraz.
El manejo adecuado del medio ambiente requiere que los seres humanos se pongan de acuerdo en asuntos esenciales: ¿cómo se vislumbran a sí mismos en esta casa común? ¿Cómo quieren vivir, cuál es el sentido del desarrollo, cómo debe ser el verdadero progreso humano? ¿Es posible pensar sólo en algunos sectores de la población, o necesariamente debemos vislumbrar el bien de todos?
El papa Francisco nos dice que la madre tierra nos da sustento y produce día a día los frutos de los cuales nos alimentamos, pero reconoce al mismo tiempo que hemos hecho un uso irresponsable y que hemos abusado de los bienes que nos proporciona. Reitera lo dicho por el papa Paulo VI en 1971 sobre la problemática ambiental como producto de la actividad descontrolada del ser humano. También recuperó lo que San Juan Pablo II expresó en 1991: “Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad” (No. 5).
El papa Francisco hace un llamado urgente a proteger nuestra casa común procurando despertar el interés de todos por participar en la generación de un desarrollo sostenible e integral, en beneficio de las actuales y futuras generaciones que reclaman un cambio, un giro en la forma de relacionarnos y entendernos. Nos invita a construir un urgente diálogo sobre cómo estamos construyendo el futuro de la humanidad.
Ante esta sacudida y este enérgico llamado de atención que hace la Iglesia católica a través del Papa, es momento de dejar atrás las vacilaciones, reconocer la crisis ambiental que estamos viviendo y en consecuencia tener todos la suficiente voluntad y el compromiso que se requieren para poder seguir con el crecimiento y el desarrollo de los pueblos, y al mismo tiempo, hacer un uso adecuado y racional de la naturaleza. La tan anhelada sustentabilidad, propuesta por la ONU a finales de los años 80, nada más no llega, y sin embargo, los problemas como el cambio climático van en aumento.
Ya no estamos en tiempos de seguir favoreciendo a los intereses económicos sobre los intereses ambientales; tenemos que encontrar la fórmula para que ambos vayan de la mano. Tampoco estamos para negar que no está pasando nada, más bien hay que actuar en función de la problemática global que en materia ambiental enfrentamos y para ello, debemos evitar la indiferencia que aún persiste en algunos individuos y corporaciones. El llamado es de urgencia a la sociedad en su conjunto. La inacción en el tiempo nos puede costar más de lo que nos costaría hoy en día actuar al respecto.
Así las cosas, habrá de analizarse en el contexto nacional e internacional qué cambios se pueden generar para ser todos más ambientalmente responsables y amigables. Habrán de hacerse ajustes a leyes y políticas públicas, planes, programas y estrategias, mejorar y fortalecer a las instituciones públicas y privadas ambientales, fortalecer la participación social en materia ambiental e invertir más recursos en el cuidado y la protección ambiental. ¿Quién dice yo? ¿Quiénes serán esos líderes a nivel local, nacional y global que necesitamos urgentemente para enfrentar el enorme reto que nos plantea el papa Francisco?
Director General del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. (CEMDA)
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