El laberinto de la unificación monetaria

Carlos Heredia Zubieta

La normalización de relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington se percibe con mayor fuerza afuera de la isla que en la vida cotidiana de los cubanos. Leemos en todos los medios sobre los encuentros entre Raúl Castro y Barack Obama y la respectiva apertura de embajadas, pero poco se sabe en torno a cambios económicos y políticos en el sistema instaurado desde 1959.

Aun cuando el bloqueo estadounidense sigue en vigor, el sector turismo está en un auge sin precedentes y en los últimos catorce meses han visitado La Habana más dignatarios en visita oficial que en los 10 años precedentes. La muy esperada visita del presidente Barack Obama a la isla en marzo 2016 será la cereza del pastel. Sin embargo, la economía cubana languidece desde hace décadas. Hasta 1989, Cuba dirigió 85% de sus exportaciones de azúcar y minerales a la Unión Soviética. Tras la caída del bloque soviético, la Venezuela de Hugo Chávez vino al rescate con entregas de petróleo altamente subsidiado.

Asimismo, Cuba desplegó una vasta operación de exportación de servicios que le reditúan ingresos en divisas por apoyo militar y de inteligencia, así como misiones educativas y de salud con especialistas cubanos en distintos países de África y América Latina.

Desde 1993, Cuba tiene dos monedas, el peso cubano, que no es convertible, y la unidad monetaria convertible (CUC), cuyo tipo de cambio hoy supuestamente es paritario con el dólar, pero con un descuento de 13%, de modo que por cada CUC la persona recibe 87 centavos en vez de 100.

Otra complicación es que existe un número indeterminado de tipos de cambio según el sector de actividad económica de que se trate. La población cobra sus salarios en pesos cubanos (CUP) pero los productos importados son tasados en pesos convertibles (CUC).

Luis Javier es un doctor en Física, cuyo salario mensual en Cuba no excede el equivalente de los 60 dólares mensuales, es decir, 2 dólares por día. Se ve obligado a complementar su salario obteniendo ingresos derivados de actividades vinculadas al turismo, o consiguiendo que lo contraten para dar algún curso en México o en España.

En el caso de la exportación temporal de servicios, es decir, el trabajo que desarrollan médicos, maestros u otros especialistas cubanos en Venezuela, en Brasil, en México o en cualquier otro país, el Estado cubano toma para sí 94% de la cantidad cobrada; el profesionista sólo recibe 6% del valor de su trabajo.

Dentro de las reformas económicas perfiladas por el régimen cubano a partir de la caída de la Unión Soviética, quizá la que mayor grado de dificultad presenta es la liberación del emprendimiento empresarial, que pasa necesariamente por la muy esperada unificación monetaria.

Hoy existen cubanos de primera y de segunda. Quienes reciben remesas del exterior, laboran como taxistas, en los hoteles, con empresas extranjeras o en las agencias que organizan las visitas guiadas para los visitantes extranjeros, tienen acceso a divisas y se las arreglan para hacer frente al desabasto de productos básicos, comprando en las tiendas donde pagan con CUCs.

Quienes no tienen acceso a divisas viven con salarios miserables, en una situación crítica de pobreza. Hoy Cuba no produce lo que se come y la excelente oferta gastronómica de sus ‘paladares’ está fuera del alcance de los bolsillos de la gran mayoría de la población.

El gobierno de Cuba ha anunciado en repetidas ocasiones desde 1993 la eliminación del sistema de dos monedas. Prácticamente desde la puesta en vigor del sistema dual, el gobierno cubano se ha la pasado anunciando que es inminente la unificación monetaria. Dos décadas después, no hay un calendario que dé certidumbre al proceso.

Esta es otra más de las paradojas de la economía cubana: ¿de qué sirve tener a la población mejor preparada, con indicadores de salud y longevidad muy superiores a la media latinoamericana, si sus capacidades son subutilizadas y minusvaloradas?

La verdadera transformación de la economía de Cuba será terminar con el bloqueo interno a la iniciativa emprendedora de los cubanos, tanto los de adentro de la isla como de la diáspora. Y claro, la libertad empresarial estaría incompleta sin la libertad de expresión, la liberación de los presos políticos y la conectividad cibernética libre y abierta con el resto del mundo.

Profesor Asociado en el CIDE

@Carlos_Tampico

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