Aunque la selección natural es indudablemente el mecanismo más importante en la evolución, existen otras fuerzas que actúan junto con ella en las poblaciones y pueden llevar al surgimiento de nuevas especies. Una de ellas es la deriva génica o efecto Sewal Wrigh. Esta fuerza evolutiva actúa junto con la selección natural en poblaciones pequeñas y consiste en un cambio aleatorio en la frecuencia de los alelos (pares de genes en determinada posición de los cromosomas) de una generación a otra, como resultado de un muestreo —también aleatorio— en la población. Me refiero, por ejemplo, a lo que ocurre cuando un cambio brusco en las condiciones climáticas genera la pérdida de gran parte de la población. En este caso los sobrevivientes no tienen otra opción más que reproducirse entre ellos, es decir que sus opciones para la elección de pareja son limitadas, por lo que la población resultante tiene menos variabilidad genética que la población original.

A la reducción del tamaño de una población durante una generación o más se le conoce como cuello de botella. Cuando esto ocurre, la población puede o no adaptarse a las nuevas condiciones, ya que los cambios generados por la deriva génica no necesariamente son adaptativos (a diferencia de los cambios generados por la selección natural).

Es importante tener en cuenta la existencia de mecanismos como la deriva génica porque inadvertidamente el ser humano puede generar cuellos de botella cuando explota indeterminadamente un recurso, que es precisamente lo que ocurrió con la caza de leones marinos en el norte de Estados Unidos en la década de 1890. Como resultado de la explotación de estos animales su población disminuyó a sólo 20 individuos, y aunque actualmente se protege a los leones marinos (y su población ya ronda los 30 mil individuos), los genes de la población del norte aún muestran poca variabilidad genética en comparación con la que se observa en las poblaciones de leones marinos del sur de Estados Unidos.

Si pensamos en estas dos poblaciones, podemos ver que la deriva génica tiene el potencial de separar a una población de la misma especie en dos grupos que eventualmente pueden convertirse en dos especies distintas, si se dan los factores adecuados.

Otra forma en la que puede darse la especiación con ayuda de la deriva génica es el denominado “efecto fundador”, que se produce cuando unos cuantos miembros de la población original establecen una colonia. Éste es el caso de los lémures de Madagascar, cuyos antepasados se cree que llegaron de manera accidental a la isla a bordo de maderas y vegetación flotante hace 65 millones de años. Con el paso del tiempo, los movimientos de las placas continentales separaron cada vez más a la isla de Madagascar del resto del continente africano y los lémures se aislaron por completo y ocuparon nichos en la tierra conquistada con tanto éxito que se calcula que hoy existen alrededor de 120 especies de lémur en toda la isla.

Ejemplos como estos dan muestra de la importancia de los estudios evolutivos para el desarrollo sustentable, ya que de no tomar en cuenta factores como la formación de cuellos de botella y el efecto fundador podríamos generar importantes desequilibrios ambientales y reducir drásticamente los recursos disponibles para las generaciones futuras.

Directora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses