Economía mundial paralizada

Rogelio Ramírez de la O

La mayoría de economías avanzadas llegó a la parálisis económica y política (la zona euro) o se acercó, con crecimiento muy lento (Estados Unidos) y poca capacidad para impulsarlo (en ambos y en Japón). En México la situación no es la misma, pero hay paralelismos.

La zona euro esperaba recuperar su tasa de crecimiento hacia 1% o 1.5% este año, pero en el segundo trimestre se desinfló a sólo 0.3%. El Banco Central Europeo sigue recurriendo a la medida desesperada de fijar tasas de interés negativas, con lo que por lo menos se ve que hace algo. Las tasas negativas, en la práctica, sin embargo, pueden tener efectos perversos.

Estados Unidos, hasta hace poco, parecía crecer 2% este año, pero en el segundo trimestre sólo creció 1.2%, a pesar de que mantiene alto crecimiento del consumo (4.2%). Esto es por el desplome de la inversión privada y su déficit comercial en ascenso, lo que hace del proteccionismo comercial contra el resto del mundo políticamente atractivo.

El Banco de la Reserva Federal (Fed) no se atreve a subir la tasa de interés, como lo había anunciado, de su techo actual de 0.5%, por temor de que este crecimiento se debilite aún más y que el dólar se siga apreciando y causando déficits externos aún mayores.

Como el resto del mundo no crece, con excepción de China y otros países de Asia, la mayoría sigue dependiendo de que el mercado estadounidense impulse sus exportaciones. Eso tiene también paralizados a muchos países emergentes.

En los tres casos de economías avanzadas (Estados Unidos, Japón y la zona euro), la política monetaria, como medida de alivio económico, está prácticamente agotada. Y las bajas tasas de interés, aún en Estados Unidos en donde ni siquiera son negativas, golpean los márgenes de los bancos, los balances de aseguradoras y los pensionados. Ese país tampoco se atreve a aumentar el gasto público para impulsar programas de empleo. Por una parte, su deuda pública ya es 100% del PIB y eso hace al Congreso renuente a programas ambiciosos de gasto. Justa o equivocada, esta postura es una realidad de la política.

La misma realidad política se impone en Alemania, cuyos ciudadanos están en contra de avalar más gasto gubernamental en la zona euro, menos aún para rescatar bancos de otros países de la zona euro, como Italia.

El paralelismo en México es que aquí también el Banco de México no creyó que podía mantener su tasa de interés en 3.25% como estaba en enero, por el debilitamiento del peso, a pesar de que la economía está en desaceleración. En el segundo trimestre el PIB cayó 0.3% contra el primero y puede empeorar si el único motor es el consumo y el crédito al consumo se encarece.

El Banco ya tuvo que elevar su tasa a 4.25% y su señal es que seguirá aumentándola, si el debilitamiento del peso presiona la inflación.

Y el gobierno está reduciendo su gasto y con ello afecta la inversión pública y su potencial de mantener empleos. Y luego reinició los aumentos mensuales a la gasolina y al diésel, con lo que golpea más la capacidad de consumo.

Así, aparte de China, donde la política fiscal sigue siendo utilizada para apoyar el crecimiento, la mayor parte del mundo ve su margen de acción agotado para los que se conocen como instrumentos idóneos para sortear la debilidad de la economía. Éstos son la política fiscal y monetaria y el límite de ambas augura más parálisis, más cuestionamientos a los gobiernos, y más rencor a la desigualdad.

Esto último, porque lo único seguro con más relajamiento monetario por los bancos centrales es el aumento de precios de activos financieros.

Analista económico.

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