El gran amor por Oaxaca

Paulina Lavista

Libres por las carreteras, nos encantábamos con los paisajes que veíamos en nuestro recorrido por un México que se nos fue

Salvador Elizondo en Mitla, Oaxaca, el 29 diciembre de 1972.

Hace muchos años, Salvador y yo hacíamos frecuentes viajes en coche. Libres por las carreteras, nos encantábamos con los paisajes que veíamos en nuestro recorrido por un México que se nos fue. Oaxaca era uno de nuestros lugares favoritos. Hoy que veo las noticias de lo que le está pasando a este maravilloso lugar, me estremezco. “Los maestros delincuentes”, enemigos del pueblo, alumnos directos de las tácticas de López Obrador, que muy bien aprendieron de él cómo trastornar la vida de los demás con sus absurdos plantones, están destruyendo Oaxaca. Recordemos el terrible año de 2006, cuando López Obrador se plantó en el Zócalo, gastando miles de pesos en grúas y carpas, donde había banderas con la imagen de Stalin como estandarte. Muchos lo padecimos entonces y hoy todo está peor. No hay para cuándo regrese la cordura y la armonía a este México que tanto tiene que ofrecer. Ahora es un país secuestrado por una banda de codiciosos maestros y políticos que nos impiden la vida. Sólo quieren la guerra por el poder y lo demás vale madre.

 

Salvador Elizondo escribe Cuaderno de Diario número 33, páginas 183, 184 y 185

28 de diciembre de 1972 (sic). OAXACA.— Estamos instalados en el “Marqués de Valle”. Salimos de México ayer en la tarde. Pasamos la noche en Puebla y hoy hemos hecho un trayecto maravilloso hacia Oaxaca. (…) Mañana por la tarde iremos a Monte Albán. ¡Cuántas veces en mi vida habré venido a Oaxaca! Por lo menos veinte. He visto transformarse esta ciudad en una especie de pequeña metrópolis del sureste de México. (…)

Sábado 30 de diciembre. OAXACA.— Hoy hemos ido a Mitla. Allí comimos. Vemos los templos desde lejos. (…) Dicen por allí que Nietzsche se interesaba por los relatos mágicos acerca de esta región. Pero estoy seguro que Monte Albán le hubiera gustado mucho. Por la tarde fuimos al Panteón de Oaxaca, que yo no conocía. Tiene en la puerta pintada con letras negras un parergon que dice:

“ Aquí la Eternidad empieza

aquí termina la mortal grandeza”

**En la imagen: Salvador Elizondo en Mitla, 1972

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