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La ciudad que se nos fue

Paulina Lavista

El último tranvía que circuló por la capital ( hasta hoy sin nombre propio) de la República Mexicana fue el que corría por Avenida Coyoacán hasta la Glorieta de Chilpancingo. Con nostalgia pienso en ese maravilloso medio de transporte que hubiera sido ideal para esta ciudad en declive inminente, en lugar, por ejemplo, del Metrobús, que ya se desgastó y empiezan sus motores a contaminar aun más el ambiente que nos ahoga. Los gobernantes de la megametrópolis no ven más allá del presente inmediato y nos tienen secuestrados con tanta incoherencia sin haber previsto jamás los problemas a futuro.

La entrada del Diario de Salvador Elizondo no coincide en esta ocasión con la fecha de mi foto, pero me permito publicar lo que escribió por esos días en su cuaderno para tener una idea de lo que acontencía cuando desaparecían para siempre los tranvías de esta ciudad herida.

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Salvador Elizondo escribe Cuaderno de Diario número 45, páginas 42 y 43

Jueves 1 de febrero de 1979.— Casi todos los días he estado pendiente de la visita del Papa a través de la televisión. Ha sido muy emocionante. Por primera vez en mi vida veo a los mexicanos transfigurados para bien. Los políticos quién sabe qué fue de ellos. Cuando menos estos últimos días (…).

Pienso en la geopolítica en virtud de los acontecimientos. China propone la instauración de una gran alianza contra Rusia, que está cercada, menos tal vez por su frontera sur occidental en Irán, que ahora está a punto de decidirse por un lado u otro (…).

Viernes 2-II-79.— (…) Están pasando cosas raras en México. Renunció de jefe del PRI
—ahora el encargado del partido oficial es Gustavo Carvajal, hermano menor de mi compañero, Ángel Carvajal, en la universidad de Ottawa. Creo que la visita del Papa hará que muchas cosas espurias se vengan abajo en este país.

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