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Agenda humanitaria y diplomacia parlamentaria

Nuestro planeta se enfrenta hoy a fenómenos naturales, guerras, violencia y hambre que han obligado a más de 244 millones de personas a migrar, a 40 millones a vivir como desplazados en sus propios países y a 20 millones más como refugiados que buscan ser acogidos en algún país vecino.

La muerte, destrucción y particular crueldad de la Segunda Guerra Mundial obligó al mundo a establecer reglas con la intención de que nunca más volviera a repetirse semejante tragedia. El Derecho Humanitario o el derecho de la guerra surge con ese clamor: nunca más.

Nuestro planeta se enfrenta hoy a fenómenos naturales, guerras, violencia y hambre que han obligado a más de 244 millones de personas a migrar, a 40 millones a vivir como desplazados en sus propios países y a 20 millones más como refugiados que buscan ser acogidos en algún país vecino.

Si bien el derecho humanitario ha sido un punto de encuentro para prácticamente todos los países, la realidad es que la agenda humanitaria difícilmente es llevada a la práctica en su totalidad. Mientras se firman convenciones y protocolos, y se escuchan los más solidarios discursos, muchos de esos mandatarios y sus países le cierran las puertas a migrantes que mueren en el Mediterráneo o son víctimas del hambre o la violencia.

Hace un par de días el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, presidió los trabajos de la primera Cumbre Mundial Humanitaria. Durante esos dos días se escucharon algunas propuestas interesantes sobre diferentes materias, sin embargo, muy poco se habló de la crisis humanitaria que empezamos a vivir en México y Centroamérica, y de la que los datos de los últimos años nos indican que está lejos de mejorar.

En efecto, el triángulo del norte, de acuerdo con cifras proporcionadas por ACNUR, concentra más muertes que países en graves conflictos armados como Sudán del Sur o Yemen. Únicamente Siria, Irak y Afganistán viven peores indicadores en homicidios que Guatemala, Honduras o El Salvador.

Si a las condiciones de violencia agregamos la vulnerabilidad de miles de personas frente a la pobreza o a los fenómenos naturales, los resultados son preocupantes. En Guatemala se contabilizan 300 mil familias desplazadas a causa de las graves condiciones de marginación o por cambio climático. En El Salvador y Honduras, se estiman más de 45 mil desplazados internos.

Las solicitudes para el reconocimiento de la condición de refugiado han crecido 92% en Estados Unidos, 164% en México y hasta casi 800% en Belice. Se calcula que cada año transitan por nuestro país 400 mil migrantes.

La respuesta que han dado algunos países a la crisis humanitaria en África y Medio Oriente ha sido, por decir lo menos, inhumana e incluso cruel. Otros, han buscado acoger refugiados y ayudar económicamente a los países que concentran los mayores números de refugiados en la región. Pero de América Latina poco se menciona, es una silenciosa crisis que cada año crece y afecta a miles de familias, una crisis que no va a terminarse sola porque no se han atendido las causas que originan esas migraciones.

En la Cumbre Mundial Humanitaria se permitió la activa participación no únicamente de los Estados miembro de Naciones Unidas, sino también de actores relevantes interesados en la agenda humanitaria, entre ellos, a la Unión Interparlamentaria, organización que representa a poderes legislativos y parlamentos de 170 países.

Desde la diplomacia parlamentaria hemos realizado importantes aportaciones que generan debates, análisis y herramientas que permiten a los legisladores contar con más conocimientos e ideas prácticas sobre cada uno de los temas del derecho internacional humanitario y de la asistencia humanitaria.

Como mexicana fue fundamental impulsar el estudio y la unánime aprobación de la resolución sobre protección a la niñez migrante y a los niños que se encuentran en conflictos armados.

Desde el Comité para Promover el Respeto al Derecho Internacional Humanitario, elaboramos manuales parlamentarios sobre cómo legislar y realizar las mejores prácticas en desplazamiento interno, refugiados y recientemente, el manual sobre migración.

Y como elemental congruencia, ahora es indispensable adecuar también nuestras normas, no bastan las resoluciones y tratados, se necesitan acciones como la ya avanzada reforma al artículo 11 de nuestra Constitución en materia de asilo.

Nuestro país aún no ha firmado ni ratificado algunos instrumentos relacionados con el derecho internacional humanitario. Pero eso no nos exenta de una importante responsabilidad para construir una legislación interna con o sin la adhesión a esos instrumentos internaciones. Ahí están esperando más de un millón de desplazados internos en varios estados de la República, ahí están miles de migrantes sufriendo la grave dificultad de cruzar nuestro territorio, y ahí están también decenas de posibles víctimas que debieran ser considerados refugiados.

México no puede darle la espalda a Centroamérica ni pretender que esa crisis humanitaria no existe. Si México realmente quiere ser "actor con responsabilidad global" como establece el programa gubernamental de esta administración, debe empezar por ser responsable en su propia casa y en su propia región.

Senadora por el PAN

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