Drogas: lo que sigue

Miguel Carbonell

Lo que la sentencia de la Suprema Corte debería propiciar es el inicio de un debate serio e informado sobre el tema de las drogas (de todas, ya que el problema no se limita a la marihuana)

La muy celebrada sentencia de la Primera Sala de la Suprema Corte sobre el tema del uso recreativo de la marihuana no es el fin de un debate. Por el contrario, lo que el progresista proyecto del ministro Arturo Zaldívar reclama en el fondo es que se inicie un diálogo en serio sobre un tema que ha producido en México un gasto enorme de recursos humanos y financieros, como lo es la persecución penal de las drogas.

Para orientar debidamente dicho debate se deben aportar respuestas, entre otras, a las siguientes cuestiones:

1. ¿Todas las drogas pueden ser objeto de consumo personal o solamente las más inocuas? El proyecto de Zaldívar destacaba entre sus argumentos el hecho de que la marihuana puede causar daños en la salud de las personas, pero no las llega a matar, por más dosis que se consuman. ¿Se aplica esa misma lógica a otras sustancias o hay un punto de “daño” a partir del cual se debe procurar una prohibición total?

2. ¿Cómo se puede articular un mercado legal de drogas? Aunque la sentencia de la Corte establece que el amparo otorgado a cuatro ciudadanos no permite en modo alguno pensar en un esquema de comercialización de la marihuana, es obvio que debemos entrarle al tema, ya que habrá muchas personas que quieran consumir marihuana pero no tengan ni el tiempo ni la paciencia para cultivarla, e igualmente habrá otros que estén dispuestos a cultivar una cantidad superior a la que necesitan para el autoconsumo y puedan venderla o regalarla a sus conocidos. ¿Qué respuestas, desde la legalidad, les podemos dar a estas personas, a fin de arrebatarles el monopolio del mercado a los peligrosos cárteles del narcotráfico?

3. Una vez que la ruta de la penalización parece estarse claramente abandonando (tal es el caso de varios estados en Estados Unidos y otros países en Europa), ¿qué respuestas debemos dar en términos de políticas públicas de salud? Por ejemplo, ¿debería el Estado mexicano entrarle en serio a las políticas de atención a las adicciones? ¿Podríamos pensar en lugares de atención a consumidores donde se les provea de lo necesario para el consumo de drogas con altos niveles de higiene y seguridad?

4. ¿Cómo le vamos a explicar a nuestros niños y jóvenes que legalizar el consumo no implica que la marihuana sea una golosina que se pueda consumir como forma de socialización? Necesitamos una campaña en la que quede claro que las drogas causan daño mediante una política clara de comunicación hacia los más jóvenes, al igual que sucede con el caso del alcohol o el tabaco.

En suma, lo que la sentencia de la Suprema Corte debería propiciar es el inicio de un debate serio e informado sobre el tema de las drogas (de todas, ya que el problema no se limita a la marihuana). Pero no un debate que se limite al puro gusto de discutir, sino uno que termine con definiciones claras y con la articulación de políticas públicas sustantivas en materia de prevención, salud, rehabilitación de adicciones, etcétera.

En todo caso, lo que hay que celebrar es que tengamos una Suprema Corte (por lo menos respecto a su Primera Sala), con la suficiente madurez como para encarar un problema al que nuestros mediocres políticos no le han querido entrar desde hace décadas. Ojalá que los dos próximos nombramientos de ministros consoliden esa tendencia, y no nos pongan en el más alto tribunal del país a juristas retrógrados e incondicionales del gobierno en turno, lo cual sería muy dañino para el presente y el futuro de México.

Investigador del IIJ-UNAM.
@MiguelCarbonell

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