Por las Europas

Miguel Alemán Velasco

Quizá es momento de evaluar que la apertura debe tener también un proyecto de beneficio social para las clases menos favorecidas

Durante siglos se pensó que la paz de Europa era la paz del mundo. Esta noción era medianamente cierta debido a que por más de 10 décadas esta zona había venido registrando conflictos de distinta índole.

No fue hasta finales de la Segunda Guerra Mundial que los principales países de Europa consideraron que la paz y la unidad era una condición fundamental de desarrollo económico y estabilidad política. Por ello, desde entonces y hasta la fecha Europa ha buscado integrarse y presentar un frente unido ante el resto del mundo.

Con esta estrategia se logró establecer el Tratado de Maastricht en 1993.

Recientemente uno de los aspectos más frágiles de la Unión Europea ha sido la situación económica, predominantemente la que se refiere al euro como moneda de uso común. Esta moneda viene a sustituir la gran Torre de Babel financiera que representaban las monedas individuales de más de 20 países de esa región.

Al simplificarse la estructura económica bajo una sola divisa y abrirse las fronteras para el libre tránsito de productos, servicios y mano de obra, Europa floreció y creció derribando las barreras del proteccionismo que habían imperado hasta mediados del siglo pasado.

Parece ser que todo cuento de hadas tiene su final, y actualmente la Europa unida se debate entre diversos aspectos que pretenden fragmentar o limitar el proyecto de largo plazo que originalmente fue planteado por François Mitterrand y Helmut Kohl.

Mañana la Gran Bretaña definirá si permanece o se retira de la Unión Europea, mediante un referéndum que no tiene precedente.

Por su parte, España se debate en un problema de política interna al no encontrar los acuerdos para integrar un gobierno.

Es así que vemos que en Europa existen economías plenamente consolidadas, que avanzan con fortaleza en sus instituciones, en su economía y en su organización política, y algunas de las jóvenes democracias de Europa del Este que si bien ya forman parte de la Unión Europea aún no están integradas al euro.

Hoy vemos varias Europas bajo un mismo concepto regional; la Europa de fuerza con Alemania y Francia que son los líderes de las actividades económicas comerciales, del diseño de estrategias de integración, pero también que marcan la ruta en los temas de defensa y de apertura a la migración proveniente de países en crisis de Medio Oriente.

Es precisamente en este aspecto que la Gran Bretaña considera que su soberanía está en juego, por el nivel de segundo orden que Francia y Alemania le otorga a lo que fue en alguna época el gran imperio de ultramar que derrotó a Napoleón y que sometió a Hitler.

Estas reflexiones, amigo lector, nos llevan a pensar que quizá los tiempos de la gran visión integracionista de esa región está sufriendo una severa revisión, que de salir victoriosa se reflejará en una Europa que será una de las grandes regiones que consoliden y avancen en una estrategia de crecimiento económico, sin menoscabo del poderío de su cultura.

De no ser así veremos varias Europas, la Europa de la prosperidad, la Europa de las crisis políticas o la Europa de los conflictos sociales, raciales y religiosos. Serán las Europas del sueño de unidad que puedan despertar en una amarga pesadilla.

Es en estos tiempos donde los grandes retos reclaman grandes liderazgos.

Quizá es momento de evaluar que la apertura indiscriminada debe tener también un proyecto de beneficio social para las clases menos favorecidas, y que más que una relación de entrada y salida de capitales y de libre comercio sea una fórmula de construcción de prosperidad que beneficie a las clases medias y reduzca la marginación.

Rúbrica. Después del jaripeo. No por bajarse del caballo deja uno de ser jinete.

Político, escritor y periodista.
@AlemanVelascoM
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