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¡Ayotzi vive!, ¡la lucha sigue!. Así gritan los partidarios de convertir un macabro crimen en un asunto político. ¿Hasta dónde puede llegar la ingenuidad de unos con tal de creer que el origen de todos los males vive en Los Pinos?, ¿Quién pensaría, en su sano juicio, que a un gobierno le convendría asesinar a 43 muchachos?, ¿con qué fin?, ¿qué se gana con la muerte?
Todo apunta a que los 43 estudiantes de la Normal Isidro Burgos fueron secuestrados por la policía de Iguala y Cocula para luego entregarlos a los Guerreros Unidos que los asesinaron y luego los quemaron, sus restos fueron arrojados en una bolsa al río San Juan. Así lo marcan las evidencias, así de frío, de cruel, llena de bajezas es la espantosa realidad de un lugar en donde casi todos los días matan por el negocio del opio.
Pero, el afán del discurso políticamente correcto, soso, blandengue y débil ha hecho que de Ayotzinapa se elucubren historias sin sentido que tienen un objetivo claro: ganar votos y vivir de la protesta.
Cada quién con su conciencia, aunque suene patético, los radicales tienen derecho de vivir de la sangre inocente cobrada por delincuentes, tienen derecho de inventar y difundir libelos que engañan y terminan por proteger a la mafia. Es un país libre donde todo el mundo puede decir lo que le venga en gana.
El famoso equipo argentino de forenses, luego de un año y una investigación basada en peritajes multidisciplinarios, ha determinado imposible que una pira en el basurero de Cocula terminara con los restos de los jóvenes, pero, dicen, sí hubo otros cuerpos incinerados en el lugar, pero no el de los muchachos.
La PGR tiene otra versión, diametralmente opuesta, elaborada por científicos mexicanos de altísimo nivel en una de las investigaciones más detalladas en la historia del país.
Alguien miente. Un tercer peritaje, elaborado por independientes sin bandera política, ni del gobierno ni de la oposición, es urgente para saber quién.
Pero, sobran las historias de la conspiración.
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