Goles que desmantelan prejuicios

Hernán Gómez Bruera

Una de las actividades deportivas en las que más se ha limitado (y obstruido) la participación de las mujeres es, sin lugar a dudas, el fútbol. Aunque según datos de Consulta Mitofsky en México más de un tercio de las personas aficionadas a este deporte son mujeres, se continúa asumiendo, de forma por demás equivocada, que se trata de un deporte de hombres y para hombres.

En efecto, el reino de la cancha está ampliamente dominado por los varones: según la FIFA, en todo el mundo tan sólo hay 7% de entrenadoras y 10% de árbitras. En México, además no se ha logrado que exista una liga femenil profesional; su participación se ha limitado al sector amateur.

Los prejuicios que separan a las mujeres del deporte (no sólo del fútbol) no son distintos a los que se observan en distintos ámbitos de la vida en sociedad. Además de la dificultad para conseguir contratos o patrocinios, las futbolistas mexicanas enfrentan un sinnúmero de obstáculos: desde los gritos machistas en los partidos, pasando por las referencias constantes a que “las niñas no saben jugar” a la idea de que los hombres son mejores por naturaleza; barreras todas que desaniman a las mujeres a convertirse en futbolistas.

Incentivar la participación femenil en el fútbol debiera ser una prioridad de política pública orientada a promover la inclusión social, la autoestima de niñas y jóvenes, así como a modificar patrones culturales excluyentes. Cada gol que mete una mujer sirve para romper esquemas y estereotipos; para desmantelar los prejuicios que sirven de base para la discriminación.

El caso de la futbolista brasileña Marta Vieira es emblemático. Después de que su participación olímpica se llevara los reflectores, no tardó en saberse que su salario anual es de 400 mil dólares, mientras que su compatriota Neymar da Silva gana más de 14 millones en el Club de Fútbol Barcelona. Si dividimos su salario entre cada gol logrado, los de Marta valen 3 mil 900 dólares, mientras que cada gol de Neymar vale 290 mil. Un ejemplo emblemático de la brecha salarial que las mujeres enfrentan en casi todos los sectores y que en el fútbol adquiere dimensiones exorbitantes.

En general, existe una percepción de que el fútbol femenino no es un buen negocio y no vale la pena invertir en él. Cuestiones como la igualdad de pago deben atenderse a través de un aumento generalizado de inversión en las deportistas mujeres desde los niveles más básicos de organización, algo que no ha ocurrido en México. Pero también debemos complementar estas soluciones con medidas de cambio cultural. Si no modificamos las percepciones sobre los deportes femeniles, la sociedad los seguirá viendo como poco valiosos.

El menosprecio social alimenta otros problemas, como la suposición de que un partido de fútbol femenil no amerita atención mediática o la persistencia de comentarios sexistas durante la participación de las mujeres. En 2013 se mostró qué tan mínima es la cobertura de los deportes femeniles: En Estados Unidos, por ejemplo, éstos ameritan menos de 2% del tiempo aire. Incluso cuando estos juegos se transmiten, buena parte de los comentarios discute la belleza de las atletas y no su destreza o rigor. Lo que vimos hace un par de semanas en México con Alexa Moreno, o el denuesto que hemos observado en otros juegos olímpicos a atletas como Ana Gabriela Guevara, o a muchas otras, son muestras claras de ello.

Por eso debemos apostar con firmeza al cambio cultural. Tenemos que mostrar a las niñas que ellas también pueden ser deportistas y enseñar a los niños que el fútbol no sólo es para hombres. Pero también convencer a las familias que la pasión de sus hijas por la cancha no tiene nada de malo. Que no hay actividades para niñas ni actividades para niños. Ellas y ellos deben poder crecer en libertad y elegir las actividades, deportes o vocaciones que prefieran porque eso es parte del libre desarrollo de la personalidad.

Más temprano que tarde llegará el día en que el fútbol –el deporte de la fama y la fortuna– pertenezca a las mujeres tanto como a los hombres.

Coordinador de Asesores del Conapred

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