Las principales decisiones implantadas recientemente por el presidente Obama representan puntos de inflexión de la decadencia política alarmante de su país. El programa de cobertura médica, el programa de reducción de emisiones de carbono y el acuerdo con Irán son tres políticas representativas de desafíos de fondo al establishment económico y político. El puñado de empresas y alianzas políticas que han dominado la escena estadounidense e impuesto límites draconianos a a la sociedad de ese país reacciona con furia a las estrategias y decisiones del primer presidente africano-americano de Estados Unidos.

Desde que los republicanos adoptaron el credo neoliberal en la presidencia de Ronald Reagan y se atacó frontalmente el Estado de Bienestar, la desigualdad social y la polarización política han ido creciendo de la mano. Las administraciones demócratas (Bill Clinton: 1993-2001 y Barack Obama 2008-2016) han servido, entre otras cosas, para resistir ese ascenso ultraconservador que, sin embargo, se hace cada día más amargo y polarizado. El activismo del Tea Party y otros grupos ultraconservadores, financiados por los intereses más depredadores de la economía americana (como los hermanos Koch), han echado más lumbre a una hoguera que tan sólo hace 10 años parecía tener menores dimensiones, gracias a la sucesión de Clinton por Bush hijo, cuyas políticas económicas fueron encubiertas por sus aventuras bélicas en Irak y Afganistán. La administración de Obama heredó el desastre ocasionado por Bush a la economía (crisis de 2008) y la seguridad mundial, especialmente por la descomposición que indujo en el Oriente Medio. Sin embargo, además de hacerle frente construyendo una política que privilegia la diplomacia sobre la guerra, atacó varios asuntos primordiales en el frente interno que, si se consolidan, pueden corregir el rumbo perdido por los ultraconservadores y aislacionistas. Aparte de una significativa recuperación económica, considerando la gravedad de la crisis de 2008, están los programas aludidos. El Obamacare consiste en una regionalización de los servicios de salud que equilibra la cobertura universal con las instituciones de salud y las compañías de seguros. El arreglo reduce los costos de aseguramiento del usuario, evita las prácticas monopólicas y abre el acceso a 16% de la población que estaba excluida de ella. Con el programa de energía limpia, el presidente reconoce que el cambio climático es causado por la acción humana y establece la meta de reducir 32% las emisiones de CO2 para el año 2030. La de reducción de emisiones también tiene un enfoque regional y da a cada estado y ciudad la opción para adaptarse adecuadamente. El acuerdo con Irán impone medidas de supervisión internacional que certificará que no produce armas atómicas.

Contra los dos programas y el tratado se han levantado las grandes compañías aseguradoras y de energías fósiles, al igual que la derecha republicana y la ultraderecha del Tea Party. Algo semejante pasa con el tratado: los republicanos, el gobierno de Israel y parte del lobby de este país en Estados Unidos quiere revertirlo por una política agresiva que según Obama llevaría a una nueva guerra. Una clave para entender las tres medidas es que desmontan grandes intereses oligárquicos enquistados en el Estado.

Estos temas se han convertido, junto a la política migratoria, en centro de los ataques republicanos. Las bases sentadas con estas medidas son el inicio de un punto de quiebre con las políticas económicas y sociales ultraconservadoras. Por ello, las próximas elecciones serán plebiscitarias sobre el rumbo que quiere tomar la sociedad estadounidense y aún sabemos poco acerca de qué habrá sido del antiguo temple de esta sociedad para enfrentar el despotismo. Las consecuencias se harán sentir en el hemisferio y en el mundo. De ahí su importancia.

Director de Flacso en México.

@pacovaldesu

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