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El norte también es una antología de cuentos

Élmer Mendoza

Los temas, el lenguaje y los ritmos narrativos contemporáneos indican que los norteños practican un aprendizaje creativo sin complejos y sin intentos de fraccionar el gran corpus de la literatura mexicana

La frontera norte de México mide 3 mil 185 kilómetros y en cada uno palpita una historia susceptible de ser contada. Norte. Una antología, compilada y prologada por Eduardo Antonio Parra, publicada por Era, la Universidad Autónoma de Sinaloa y el Fondo editorial de Nuevo León, en 2015, contiene 49 historias que son una muestra fundamental de la narrativa de una zona que soporta y usufructúa la vecindad con el país más poderoso del mundo. Antes que nada, un saludo para Marcelo Uribe, Elizabeth Moreno y Carolina Farías, que con sus buenos oficios unieron esfuerzos para la edición de esta miscelánea que está llamando más la atención de lo esperado.

Es una selección potente y una señal inequívoca de que la voz que ha dado la narrativa del norte a la literatura mexicana se da en todos los registros, desde los viejos que nos dieron orgullo, como Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz, Nelly Campobello, Alfonso Reyes, José Revueltas, Ramón Rubín, Inés Arredondo, Daniel Sada, César López Cuadras y demás, hasta la brisa reciente de Juan José Rodríguez, Cristina Rivera Garza, Liliana Blum, David Toscana, Paty Laurent, Julián Herbert, Luis Jorge Boone, Gaby Riveros, Alfonso Orejel, Luis Felipe Lomelí, César Silva y una banda numerosa que hacen de este libro un paseo jubiloso y a veces jactancioso. Parra, considerado el mejor cuentista de México, es dueño de un criterio convincente que nos induce a concluir, que si bien no están todos los que son, los que están son decididamente representativos, con textos de tanta calidad que poco se extrañará a los faltantes. Las voces jóvenes de Cristina Rascón, Toño Ramos, Vicente Alfonso, Luis Panini y algunos otros, aportan ese aire nocturno que se lleva los sueños y señala un territorio donde la temperatura sobrepasa los 50 grados centígrados y trastorna el lápiz labial. También hacemos monos de alambre.

La mayoría de los norteños trabajan aspectos de la realidad mexicana. La ciudad, el mar, el desierto, los migrantes, los sueños truncos. Las temáticas son variadas y desde luego, las estéticas múltiples; la diversidad de ritmos y la riqueza del lenguaje hablan de una antología de textos poderosos donde el ruido y el silencio se entretejen y son el desierto, las cascadas de la sierra madre y las calles pobladas las que suenan. Mauricio Molina, que le gusta la machaca con tortillas de harina sobaqueras y el bacanora, manifiesta: “Norte evade, por fortuna, el antiguo y ya prescrito conflicto entre el centro y la periferia y también evita el elogio barato del regionalismo.” Es verdad, la mayoría de los autores ama la ciudad de México y no es extraño verlos por Reforma desayunando guajolotas con ese atole rosa tan efectivo para la gastritis o bebiendo vikis en la Guadalupana. No niego que hubo algunos que amarraron navajas, pero se quedaron abanicando la brisa.

Creo que la apuesta de Parra es correcta, más allá de los asuntos identitarios, define una parte de la narrativa mexicana, un fenómeno, como la llama Diana Palaversich, que le da fuerza y personalidad a la literatura mexicana del siglo XXI. Los temas, el lenguaje y los ritmos narrativos contemporáneos indican que los norteños practican un aprendizaje creativo sin complejos y sin intentos de fraccionar el gran corpus de la literatura mexicana. El norte es Gloria Trevi y Los Tigres del norte, El cártel de Santa y Nortec, Santana y el Flaco Jiménez, Julieta Venegas y Susana Zavaleta, Julio Galán y Tere Margolles. El norte es Federico Campbell paseando por la Revo recordando las parit de los 60. 49 voces de arena, sexo, agua, memoria y cordillera.

Confiesa Eduardo Antonio Parra en el prólogo: “Entre las intenciones para reunir y publicar Norte. Una antología está la de insistir en las distinciones regionales, tanto en lo que se refiere a los hombres y mujeres que habitan la realidad como a los personajes surgidos de la imaginación de sus creadores.” Cuentistas como Julio Torri, Edmundo Valadés, Jesús Gardea e Ignacio Solares están presentes, estableciendo círculos abiertos en que lo que más vale es la palabra. “Aquí me siento a cantar con cariño verdadero.” Se impone un brindis con bacanora, mezcal o sotol, no digan que no. También fabricamos cerveza, vino y afrodisiacos para la soledad. Anímense a leerla, está bien perrona, les recordará dos experiencias significativas que pensaban que habían olvidado; pues no, ya me contarán.

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