El guardián invisible es una novela policiaca de Dolores Redondo, publicada por Destino, en Barcelona en 2013, y por Planeta, México, en marzo de 2015. Es la primera entrega de la trilogía del Baztán, que tiene como complementos Legado en los huesos y Ofrenda en la tormenta. Es una novela intensa, desarrollada en atmósferas perfectas, donde encontramos a la inspectora Amaia Salazar, “una investigadora excepcional… que posee el instinto del rastreador”, capacitada en Quantico y con cojones para controlar a un grupo de detectives que trabajarán con ella el caso de tres asesinatos de adolescentes, dos de los cuales ocurren en Elizondo, cerca de Pamplona, el pueblo donde Salazar nació.

A lo largo de 427 páginas asistimos al desgajamiento y recuperación de la detective, hija de reposteros, que no puede escapar al influjo de sus horrorosos recuerdos, algunos que había sepultado pero que de pronto aparecen para enriquecer la suerte del victimario. Igualmente palparemos la importancia de las tradiciones orales y el peso que tienen en el perfil cultural de los pueblos que no rehúyen el valor de los mitos y los misterios como parte de su identidad. Ese abanico estará presente condicionando la investigación sobre las muertes de las chicas que parece que no se resolverá nunca. Hay una pista: el asesino deja los cadáveres, como en un ritual de purificación, con un pastelillo en el pubis, que antes ha afeitado, en dos casos es un txantxigorri, un postre típico de Elizondo, hermoso pueblo de Navarra, de donde son dos de las víctimas, además de la detective Salazar, que está casada con un artista plástico y ansía quedar embarazada. El txantxigorri también se fabrica en la pastelería de los Salazar.

Dolores Redondo, que nació en Donostia-San Sebastián, España, en 1969, es una narradora que no pierde el toque femenino, sus personajes tienen cuerpo y alma y se bañan diariamente. Su discurso es sólido y emocional, cada atmósfera que crea es parte de una trama totalizadora, como si la hubiera pensado Dios. Hay pasión por la belleza: de las mujeres, del bosque, del pueblo. Hay cartomancia y una tía llamada Engrasi que roba el corazón. Amaia Salazar, una inspectora de poco más de 30 años, llega a su pueblo al frente de un equipo para poner en claro los asesinatos. Los reciben con un nuevo cadáver que consigue que la tensión narrativa se convierta en perturbación que no cesará hasta el final de la novela, cuando las piezas del rompecabezas sean colocadas en el lugar que les corresponde.

El mundo personal de Amaia se verá sacudido por la actitud del inspector Montes, que deseaba su puesto; por su hermana Flora, que es una tirana y la administradora de la pastelería de la familia; por el esposo de Flora, un alcohólico restaurador de motos de quien su hermana está separada; por su esposo, que cree que se debe tratar para quedar preñada; y por las tradiciones con las que topa y no se atreve a interpretar a su favor. Le cuesta reconocer la presencia del Basajaun, el protector mítico del bosque, se pregunta si no habrá ocurrido, “eso que tanto temen los investigadores de homicidios: que el horror al que se enfrentaba a diario rompiera las esclusas de ese lugar oscuro donde debe quedar relegado y hubiese inundado su vida”. Como ven, es una detective llena de problemas, incluso sufre terribles pesadillas que me recuerdan las de aquella mujer que dos veces por semana no conseguía satisfacer los requerimientos de una soprano afónica. La historia es tan rica que identificar las pistas falsas y separarlas de las que tienen valor se vuelve un reto para el lector atento. La investigación está tan bien desarrollada, que los cruzamientos entre policías y victimarios son tan naturales que pasan desapercibidos.

Es un gusto y un reto leer a Dolores Redondo, que estudió Derecho y Restauración gastronómica. Cada parte de El guardián invisible es una puerta a ese placer infantil que los lectores experimentamos tantas veces como estímulo vital de nuestra imaginación y nuestro amor por la perfección a ultranza. Una novela policiaca es un mecanismo de relojería que debe funcionar perfectamente, justo como esta novela, que fortalece un género literario tan compartido y nos presenta a una detective que seguramente cabrá en la parte más dura de su corazón. Mientras sigue las andanzas de Amaia, la autora le recuerda que: “La muerte es el fin del miedo,” y que no es para tanto.

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