Hay tres pasiones que F.G. Haghenbeck deja notar sin pudor en su novela Querubines en el infierno, publicada por Penguin Random House en Suma de Letras, en julio de 2015: La historia de los chicanos, el lenguaje pachuco y la caricatura. Incluso, casi al final, establece que: “La vida es una caricatura”, aunque también ha dejado ver que: “La vida no es una puta. Si fuera puta sería fácil.” Cuenta tantas cosas y lo complicado es que uno tiende a quedarse con todo: las historias que entreteje, los personajes y un pujante nacionalismo que no hace nada por disimular. Claro, no tendría por qué hacerlo.

F.G. Haghenbeck nació en la ciudad de México en 1965 y vive en Tehuacán, Puebla. Le encanta ese sitio. Cada novela que publica resulta un compendio de emociones, a la par que una cantidad de datos importantes, de tal suerte que todos sus lectores terminamos llenando huecos que ni siquiera sabíamos que teníamos. En esta novela, la manera en que los chicanos, los mexas, se engancharon y vivieron la Segunda Guerra es revelador, tanto como el papel de las mujeres que perma-necieron en Norteamérica desempeñando trabajos propios de varones y reeditado la sensual historia de Safo y las muchachas que con ella esperaban a sus maridos que se hallaban en alguna conflagración. Nadie resiste el influjo de una piel cálida. El autor proyecta pasión cuando cuenta los desprecios que los mexas tuvieron que sufrir y que siguen sufriendo, en un país donde han dejado los huesos por dos puñados de dólares. Es tan profundo el planteamiento de Haghenbeck que se puede considerar que no tenían derecho ni siquiera al heroísmo.

Ah, pero la novela está llena de señales pachucas, ese; neta que lo recuerdo y me pongo tirili y ni lo suato se me nota, carnal. Mejor busco a mi haina y la llevo suave, ese. Bueno, es un ejercicio de lenguaje descomunal. Haghenbeck juega a Dios, a nombrar cada punto, cada acción, cada aspecto en un argot que impregnó el español de los años 40 y que se niega a desaparecer. Ha hecho un meticuloso estudio y un ejercicio de escucha que a algunos nos llena de placer y espero, a otros de asombro. Salud por Tin Tan y sus 100 años de rol. En muchas líneas se perciben los zoot suit, esos vistosos trajes de los pachucos que seguramente generaron la ropa holgada de los cholos y la que vino después, que minimizaba cualquier curva femenina. Entre todo eso, está Lou Dumbo Moreno, de El Paso Texas, su carnala Elsie; Moody, que es su primo; el teniente Tony Alonso; Von Hagen, enamorado de Helga; Mae West; el detective Julian Schulz y como 100 personajes más que fortalecen la coherencia de la historia. Dumbo es tranquilo y la pasa dibujando, pero en una trifulca de pachucos con marines en Los Angeles, desaparece Moody y lo acusan de su muerte. Para evitar la prisión se alista y se marcha a la toma de Italia como miembro de la Compañía E del 141 regimiento de infantería; allí conoce los horrores de la guerra, el valor de la amistad y la unión que consigue un origen compartido. Todos son chicanos. El fantasma de Moody, vestido siempre como elegante pachuco, se le aparece a cada rato para incitarlo al combate. Elsie cree en la inocencia de su hermano y se embarca en una investigación que la lleva a definir su vida, y a conocer parte de las entrañas de la aplicación de las leyes en Estados Unidos.

Pasan tantas cosas, porque cada uno de los numerosos personajes recibe atención del autor, que la novela se convierte en una intensa historia de variaciones sobre una misma situación. Las heridas, los disparos, el frío, el hambre, la presencia fugaz de la niña Sofía que podría ser la famosa actriz que llenó tantos ojos, o la de Norma Jean, a quien los cineastas prefirieron llamar Marilyn y convirtieron en un icono rubio, son señales increíbles de lo extraña que es la vida; la novela contiene cantidad de canciones, dibujos animados, dibujantes que enriquecen el contexto donde los tanques Panzer y Sherman disparan a todo lo que se mueva. Mientras tanto, en Los Angeles, el detective Schultz no descansa, se ha visto con Elsie por el caso de Moody y también por otro cadáver que podría tener relación con ella. Les encantará esta Elsie que labora en la fábrica de aviones Douglas y es hermosa como la mujer de sus sueños. ¿Sabe usted como ríen los renos alcohólicos? Mientras llega Santa Claus, podrá obtener una idea en esta obra de Haghenbeck, que lo ha hecho de nuevo, ha logrado una novela imprescindible que enseña y emociona; que posee un influjo que no concluye en el punto final. Ya me contarán.

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