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La visión que de México se tiene en el exterior proviene tanto de lo que los medios de comunicación difunden —incluidas redes sociales— como de lo que ocurre en las calles del país. Por ende, un buen manejo de comunicación puede influir para cambiar percepciones, pero si la realidad contradice el mensaje, poco convencimiento se logrará al final.
Ayer el presidente Enrique Peña Nieto dijo en el Foro Económico Mundial Latinoamérica, en la Riviera Maya, que el mundo estigmatiza a México por el tema de la inseguridad. Así es. La imagen cambia más rápido que lo tangible.
Tómese como ejemplo la propia imagen de México hace apenas un año. En ese momento, y al menos desde el inicio del presente gobierno federal, el país era referente a nivel internacional por las reformas estructurales aprobadas en diversos ámbitos, desde el educativo hasta el energético y financiero. ¿Producto mediático? Quizá en parte, atribuible a la atención despertada por México en publicaciones de talla internacional como The Economist o Time. Sin embargo, esos elogios provenían de una indiscutible realidad: el inédito acuerdo político que permitió a fuerzas políticas antagónicas avanzar sobre una agenda común. Los propios presidentes de otros países reconocían la dificultad de lograr eso.
Doce meses después la situación es distinta. El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, en palabras publicadas hoy en este diario, ofrece una explicación: no será de la noche a la mañana cuando se cosechen los resultados de las reformas económicas puestas ya en marcha. Además, para América Latina se acabó el periodo de jauja, dice, obtenido por las bajas tasas de interés de los bonos estadounidenses.
Mientras, en contraste, los casos de violencia criminal volvieron a ser noticia en México y en el mundo. Todavía es cierto que la tasa de homicidios en este país es menor a la de otras naciones como Colombia, Brasil o Venezuela. El problema es que es imposible mesurar la impresión causada por la desaparición de una cuarentena de estudiantes, o por el exitoso ataque criminal a un helicóptero militar en Jalisco. Sobre todo porque desde mediados de la década pasada las únicas noticias provenientes desde México eran sobre narcotráfico y el discurso oficial quería, además, que así fuera.
Cambiar esa inercia depende, como bien ha entendido el actual gobierno federal, en dejar de hablar exclusivamente sobre crimen organizado. Pero sería un error creer que eso es suficiente.
Para que se deje de hablar de México como sinónimo de violencia, y más bien se hable del país como la potencia en ciernes que es, el crimen debe dejar de ser noticia.
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