La tecnología cambia la vida cotidiana de las personas y, en consecuencia, cuán prósperos son los negocios que les proveen de servicios. Pero en ese mercado, por más grande que sea, no hay espacio para todos. Como en la naturaleza, sólo quien se adapta sobrevive.

Hace unos años le tocó enfrentar ese desafío a medios de comunicación, a la mensajería, a la telefonía, a la industria musical, entre otros ámbitos. Toca el turno ahora al transporte.

Ayer se manifestaron en la ciudad de México cientos de choferes de taxis en demanda del retiro de la competencia que consideran desleal: los taxistas piratas y los nuevos servicios de transporte vía smartphones, tipo Uber. El bloqueo de avenidas no ha sido la única muestra de enojo. Se han registrado incluso agresiones físicas a los choferes de los nuevos esquemas de negocios.

Tienen razón en estar preocupados. En países de Europa y en Estados Unidos, desde hace años entraron compañías como Uber, Blablacar o Cabify y tuvieron el mismo éxito que ahora tienen en México. La explicación es muy simple, ¿quién en el mundo no prefiere la posibilidad de contactar a un chofer desde el teléfono celular, sin manejar dinero en efectivo y con la confianza de que el conductor es una persona que ha pasado pruebas de confianza, por encima del viejo esquema de tomar un taxi en una esquina?

La reacción en todos los países ha sido la misma. Protestas de taxistas enfurecidos por la competencia. Y en el caso de México, al menos, tienen razón porque están en desventaja ante las leyes. Al ser nuevos esquemas de negocio, los servicios vía aplicaciones móviles no están regulados y, por ende, tampoco está tan gravado como lo están los taxistas.

No es culpa de las nuevas compañías. Un principio jurídico esencial es que para los ciudadanos nada está prohibido a menos que explícitamente la ley lo prohiba. Es decir, nada se puede hacer contra Uber y demás empresas hasta que la ley se adapte.

Pero cuidado. Piso parejo para todos no quiere decir prohibir un nuevo negocio si la competencia lo pide, sino homologar el pago de impuestos en todos los casos y no permitir que algunos ofrezcan el mismo servicio sin ceñirse a las reglas. Desafortunadamente lo segundo tampoco se ha cumplido. Taxis pirata como el grupo llamado “Panteras” burlan las reglas porque tienen protección política. Aun si los taxistas en regla mejoran su servicio para competir con las app, siguen en desventaja ante ilegales que no pagan tenencia, veritifación ni otros impuestos.

¿Podrá el gobierno del Distrito Federal demostrar que la ley aplica igual para todos? Lo primero que se debe hacer es poner en regla a los ilegales, no hay otra salida.

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