Ser líder, más que una posición en un organigrama, significa inspirar a un grupo a moverse en una dirección, implica poner el ejemplo. Para infortunio de ellos mismos y de sus instituciones, la mayoría de los presidentes nacionales de los partidos políticos mexicanos aplican la lógica contraria, la de eludir responsabilidades.

A petición de EL UNIVERSAL, el Instituto Nacional Electoral (INE) exhortó a PRI, PT, Nueva Alianza, Movimiento Ciudadano, Encuentro Social y Partido Humanista a manifestar si sus dirigentes nacionales estaban dispuestos a hacer públicas sus declaraciones patrimoniales. Ninguno accedió. El dirigente del PAN, Gustavo Madero, sí lo hizo, en tanto PRD y Morena prometieron difundir la declaración patrimonial, aunque sin dar fecha.

La ley no los obliga, es cierto, porque en estricto sentido no son funcionarios. Sin embargo, todos han ocupado cargos públicos en el pasado, lo cual significa que han debido presentar sus declaraciones patrimoniales. ¿Por qué no las han hecho públicas? Algo han de temer.

Y deberían. Los principales escándalos que han afectado el prestigio de los políticos en este año están relacionados con el descubrimiento de bienes millonarios de ellos o de sus cónyuges; igual que con el uso de servicios de lujo que la lógica supondría son innecesarios en un político comprometido con la austeridad en el uso del erario.

En spots los representantes de los partidos repiten una y otra vez que ellos son diferentes al resto. La prueba de lo contrario es la negativa de la gran mayoría a hacer públicos sus bienes. La legalidad de su secrecía no aminora el agravio.

¿Cómo se refleja el hermetismo de los dirigentes en sus candidatos? Una pista la da el un reportaje publicado hace dos semanas por este diario, en el cual se mostró que tres cuartas partes de los candidatos a gobernador de todos los partidos políticos se negaron a abrir sus datos patrimoniales.

Dos casos sobresalieron de ese ejercicio, los de dos agrupaciones que recién acaban de obtener su registro: Partido Humanista y Encuentro Social. Ninguno de los aspirantes registrados bajo esas siglas dio declaraciones. Es claro el por qué: no están dispuestos a hacer el “sacrificio” de exponerse ante la certeza de la derrota anticipada por todas las encuestas. Aquellos con posibilidades, en cambio, candidatos de PRI, PAN, PRD y Morena, fueron, dentro de su mayoritaria opacidad, los más transparentes.

La lección para la ciudadanía es obvia: hasta que exista una ley que obligue a los políticos a la transparencia, la única forma de lograrla es favoreciéndolos o castigándolos con el voto.

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